La 4ª T. de ‘Agentes de S.H.I.E.L.D.’ divide… ¿pero vence?


Es relativamente habitual que en los cómics de superhéroes una trama dure varios números. Un arco argumental que permite a la historia llevar al héroe de turno por un camino, presentando de paso un nuevo villano (o nuevos aspectos de uno conocido) y generando todo un terremoto en lo narrado anteriormente. Y aunque es algo positivo en las viñetas, encadenar estos arcos en una única temporada de televisión puede ser contraproducente. Ese trasfondo subyace en la cuarta temporada de Agentes de S.H.I.E.L.D., cuyo argumento (o argumentos) lleva a los protagonistas a vivir muchas, tal vez demasiadas aventuras. En manos del espectador queda que eso sea algo bueno o malo, pero lo que está claro es lo que aporta y lo que resta.

Entre lo primero cabe destacar el modo en que esta serie creada por Maurissa Tancharoen, Jed Whedon y José Whedon, guionista y creadores de la serie Dollhouse, amplía el universo de Marvel tanto en la pequeña pantalla como en la grande. Si bien es cierto que la conexión entre largometrajes y capítulos es prácticamente nula en esta temporada, a lo largo de los 22 episodios se introducen nuevos personajes conocidos por los seguidores de la Casa de las Ideas, el más destacado El Motorista Fantasma, interpretado por Gabriel Luna (Transpecos) y cuya presencia en la trama termina por resultar clave. El hecho de que los héroes ya sean conocidos permite dedicar tiempo a explorar el trasfondo dramático tanto de este rol como de los villanos de turno, profundizando en cierto modo en una base narrativa que traspasa el mero espectáculo visual que, en efecto, ofrece.

Esta cuarta etapa de Agentes de S.H.I.E.L.D. ahonda además en las relaciones entre los protagonistas, planteando nuevos conflictos tanto internos como externos, tanto románticos como morales, que permiten al espectador conocer un poco mejor a sus héroes. La evolución de la trama, con ese arco argumental en un mundo alternativo, plantea la posibilidad de percibir a los héroes desde un prisma diferente, más oscuro si se prefiere, y cuyas consecuencias, vistas levemente al final de esta temporada, deberían tener más peso en los próximos episodios. El modo en que cada personaje afronta la realidad que cree vivir en ese mundo artificial ayuda a crear una brecha en un grupo que parecía demasiado unido, demasiado homogéneo, devolviendo algo de conflicto que, aunque termina resolviéndose de forma un tanto apresurada, debería dejar un rastro en la personalidad de cada rol.

La serie ha permitido también depurar la presencia de algunos secundarios que, aunque interesantes, aportaban poco o nada al conjunto. En este sentido, la serie termina con el núcleo duro de estos espías unido de nuevo, a diferencia del inicio de los capítulos y con un nuevo reto por delante que, esperemos, tenga un desarrollo algo más amplio que el de esta temporada. Porque sí, la presencia de dos grandes arcos argumentales (algo que, en mayor o menor medida, ya ocurrió en la tercera temporada) ha ayudado a la trama a profundizar en algunos personajes, en incorporar a otros nuevos y en dotar al conjunto, en general, de una mayor espectacularidad. Pero en el lado opuesto de la balanza hay aspectos que lastran al conjunto, y muchos tienen que ver precisamente con lo bueno que ofrece la temporada. Dicho de otro modo, son las dos caras de una misma moneda.

Menos tiempo, más prisas

Posiblemente lo más complejo de esta etapa de Agentes de S.H.I.E.L.D. radica precisamente en los dos arcos argumentales que presenta. Si bien es cierto que tienen un nexo de unión, éste parece recordarse y olvidarse según convengan, utilizándolo para plantear los conflictos y recuperándolo únicamente para un giro narrativo final que, literalmente, puede interpretarse como un ‘Deus ex machina’. Y esto no es casual. De hecho, es una consecuencia directa del poco tiempo narrativo que tienen sus creadores para utilizar los recursos a su alcance. El hecho de tener que plantear dos comienzos, dos nudos y dos desenlaces en poco más de 20 episodios obliga a economizar el espacio dramático, aportando por lo más evidente y dejando los elementos secundarios en un cajón hasta que sean necesarios. Es un poco lo que ocurre con algunas de las líneas dramáticas de los protagonistas que antes mencionaba: sí, es cierto que aportan mayor profundidad al conjunto, pero solo de forma temporal. Su resolución es tan rápida que apenas parece provocar mella en la personalidad de los héroes.

El gran problema, al menos narrativamente hablando, es que la temporada no da pie a poder ahondar demasiado en algunos personajes secundarios y en su modo de influir en la trama principal, ya sea en la primera o en la segunda. Esta cuarta etapa plantea así varios conflictos emocionales y varias relaciones amorosas que parecen quedarse simplemente en eso, en planteamientos que, si es necesario, se retomarán en el futuro. Y la palabra clave es “necesario”, porque la realidad es que, de mantenerse esta idea de dos arcos argumentales por temporada, lo cierto es que no quedará demasiado tiempo (entre nuevos villanos, nuevos peligros y nuevas aventuras) para retomar determinados asuntos donde se quedaron.

Tal vez haya sido una estrategia necesaria para recuperar de un modo más o menos coherente al grupo inicial de estos agentes, sobre todo tal y como terminó la anterior temporada. Y de hecho, a tenor del final, lo consiguen. Pero el problema sigue siendo el tiempo. El tiempo y las prisas por resolver ciertos conflictos, ciertos dramas secundarios que, siendo sinceros, consolidan la imagen general del desarrollo dramático del conjunto. El hecho de que algunas relaciones personales entre los protagonistas, con todo lo que arrastran detrás temporada tras temporada, planteen conflictos y los resuelvan en un puñado de episodios puede ser positivo para la dinámica de la narrativa, pero no encaja todo lo bien que debería con lo contado hasta ahora. Y ese es un problema (o una seña de identidad, según se mire) de la serie, que parece estar cada vez más introducida en una carrera hacia adelante que le beneficia cada vez menos, al menos en lo que a calidad dramática se refiere.

Porque sí, en espectacularidad hay pocas series que compitan ahora mismo con Agentes de S.H.I.E.L.D. Más allá de las secuencias de acción y de los efectos especiales, la serie ha logrado un nivel de complejidad conceptual y narrativa casi únicas. El problema es que lo ha hecho dejando por el camino demasiados cadáveres, y no me refiero a los villanos derrotados. Su apuesta por una narrativa directa, basada en la idea de que todo, absolutamente todo, está al servicio de la trama principal del momento y del villano de turno, está obligando a eliminar el peso de algunas historias secundarias. Ya sea el enemigo o algún aliado temporal, los nuevos personajes cada vez son definidos de un modo más esquemático, lo necesario para que tengan cierta consistencia. Retomar una única trama por temporada ayudaría a profundizar en estas ideas y dotarían de mayor peso a la serie, aunque habrá que esperar a ver cuál es la apuesta de la quinta temporada.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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