‘Déjame salir’: el negro está de moda


No sé si la frase que da nombre a esta crítica, escuchada en uno de los diálogos de la película en cuestión, es acertada o no, pero de lo que no cabe duda es de lo que representa, tanto dentro como fuera del film. Y en este sentido, el debut en la dirección de Jordan Peele puede considerarse un éxito, ahondando en los conflictos raciales y en la sensibilidad de los espectadores. Otra cosa, sin embargo, es el producto cinematográfico en sí.

Porque, en efecto, en lo que a contenido social, moral, sociológico e incluso cinematográfico Déjame salir es una cinta cuanto menos interesante, que aprovecha con acierto la tensión dramática que generan los incongruentes detalles que percibe el protagonista y, por ende, el espectador. El trasfondo racial que se percibe casi en cada plano queda acentuado por una dirección un tanto simple de Peele, que se aleja de efectismos (más allá de los estrictamente necesarios) para optar por una sobriedad que contrasta, y mucho, con una banda sonora demasiado amiga de las estridencias. Si a esto sumamos un reparto notable, sobre todo los secundarios, nos encontramos con una historia que camina por la delgada frontera entre el thriller más oscuro y el terror más adolescente, dejando para el recuerdo algunos hallazgos visuales.

El problema es que la carga y el análisis social que el film hace del racismo termina perdiéndose por un tratamiento previsible, plagado de tópicos y secuencias reutilizadas. Antes o después, el espectador es capaz de anticiparse a los acontecimientos, a los giros de guión e, incluso, a la naturaleza de los personajes. Y una vez ocurre, el desarrollo de la trama se vuelve monótono, aderezado por algunas ideas racistas que dan cuenta de la crueldad de la sociedad, pero monótono al fin y al cabo. Dado que una película debe ser entendida como un todo en el que cada parte funciona de forma coordinada con el resto, la irregularidad de su desarrollo termina lastrando las buenas ideas que traspasan la pantalla para quedarse grabadas en el subconsciente.

Una vez se encienden las luces, Déjame salir muestra todas sus caras, las mejores y las peores, y se define como un film irregular, con un interesante contenido que invita a la reflexión pero un tratamiento poco arriesgado, más interesado en recorrer los caminos que cientos de films ya han marcado antes en lugar de llevar la trama por territorios más ignotos. Puede que esa sea la clave para que el espectador se centre en el mensaje y la visión sobre el racismo que emana de la historia, pero también es la clave para entender que la cinta, como producto, podría haber sido mejor.

Nota: 6,5/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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