‘Arma letal’ desata la acción y la adrenalina en su primera temporada


La relación entre cine y televisión ha sido, desde que la segunda llegó a los hogares de todo el mundo, muy fructífera. Las adaptaciones están a la orden del día, aunque el resultado no siempre es el idóneo, sobre todo si hablamos de una serie reconvertida en película de dos horas. Uno de los últimos casos (agradablemente sorprendente) es el de Arma Letal, incursión en la pequeña pantalla de aquellos personajes interpretados en cuatro ocasiones por Mel Gibson (Los mercenarios 3) y Danny Glover (Diablo) durante 11 años. Ahora, y bajo la batuta narrativa de Matthew Miller (serie Forever), la primera temporada de 18 episodios trata de recuperar la esencia de aquella historia. Y la pregunta evidente es: ¿lo consigue?

Definitivamente sí. Aunque la huella dejada por Gibson y Glover es indeleble, estos primeros capítulos ofrecen al espectador todo lo que cabría esperar de la trama, es decir, humor ácido, contrapuntos dramáticos y, sobre todo, mucha, muchísima acción. En efecto, uno de los puntos fuertes de esta producción es su apuesta decidida por la adrenalina y la violencia “blanca”, sin mostrar demasiada sangre, con las muertes justas y la espectacularidad desmedida. Ya sea lanzarse desde un tejado a una piscina, atravesar paredes y cristaleras, o perseguir un camión con una moto por las calles de Los Ángeles, todo vale para que, capítulo tras capítulo, el nivel de agresividad se mantenga más o menos igual. Todo ello aderezado con las dosis justas de humor, fundamentalmente entre los protagonistas, que ayudan a restar dramatismo a algunas secuencias y acentúan aún más, si cabe, los momentos realmente importantes de la trama.

Porque existe una trama. Poca, y muy centrada en el personaje de Martin Riggs, interpretado excepcionalmente bien por Clayne Crawford (Convergence), pero existe. Este es posiblemente el talón de Aquiles de Arma letal, no tanto porque no exista un hilo conductor excesivamente sólido, sino porque puede terminar afectando en un futuro al tratamiento dramático de la serie, como de hecho ha ocurrido en innumerables ocasiones. El delicado equilibrio de esta ‘buddy movie’ reconvertida en ‘buddy serie’ se basa en la mezcla exacta de humor, argumentos episódicos cargados de acción y una historia de fondo ligada a los personajes. Y esto, por suerte o por desgracia, siempre tiene un techo en lo que a número de temporadas se refiere, por lo que estirar el chicle de esta fórmula que, para ser sinceros, es casi idéntica en este tipo de producciones, solo perjudicará a la imagen que desprende la producción.

Pero volviendo al argumento, esta primera temporada es capaz de profundizar en algo más que simples casos policiales a resolver gracias al personaje de Riggs. Sobre él pivota la práctica totalidad de la evolución dramática de la serie, tanto por el dramático pasado como por el futuro y las relaciones con otros personajes. Es, sin duda, el rol más profundo dramáticamente hablando, y desde luego el motor de la acción en un amplio sentido de la palabra. A través de sus ojos el espectador aborda el dolor, el miedo a nuevas relaciones, la amistad inesperada o la traición, y son estas píldoras las que ofrecen algo más que el simple entretenimiento. Si además de todo ello el tratamiento es notable e introduce de forma milimétrica la información en la trama para alargar durante los 18 capítulos el interés, lo que nos encontramos es una inesperada y grata sorpresa en este tipo de producciones.

Ante todo, personaje(s)

Y a pesar de las numerosas virtudes de Arma letal, si la serie es capaz de sostenerse y, en cierto modo, diferenciarse de otros productos similares es gracias a la labor de sus actores y de unos personajes construidos frente al espejo de la historia original. De hecho, los seguidores de las películas no tendrán dificultades en identificar a algunos de los roles que pasan por la trama y que, o bien pertenecen a alguno de los films, o bien se pueden identificar con ciertos rostros más o menos conocidos que tuvieron participación en las diferentes entregas.

En realidad, lo más destacado es la labor de Crawford como el ‘alocado’ Martin Riggs. Su rol, algo menos histriónica que el interpretado por Gibson pero igualmente extremo, es tan complejo psicológicamente hablando, es tan rico en matices, que sin su participación esta primera temporada posiblemente no funcionaría. Más allá de la relación con su compañero de aventuras (un Damon Wayans –Major Payne– bastante más lineal en su definición), es sumamente interesante el modo en que afronta el duelo y el modo en que la vida continúa a pesar del dolor. Algo que más o menos se abordó en alguna de las películas, pero que ahora, y gracias a las posibilidades del formato, adquiere una trascendencia notable, hasta el punto de ser protagonista en muchos de los episodios.

El peso tanto del personaje como de la labor del actor son imprescindibles, es cierto, pero la serie logra también ampliar algo su repertorio gracias a unos secundarios que, en mayor o menor medida, aportan al conjunto diversos tratamientos de una misma historia. Desde la pareja interracial de compañeros que ayudan a los héroes, hasta el capitán de la policía, la psicóloga y, sobre todo, un personaje fundamental para entender el devenir de la trama y que aquí no desvelaremos. Todos ellos ayudan a crear un contexto dramático y cómico lo suficientemente interesante como para que la trama pueda centrarse en los dos protagonistas, si bien es cierto que muchas veces peca en exceso de prototípico.

Desde luego, Arma letal, la serie, no será recordada como una producción única, compleja o superior desde un punto de vista dramático. Su estructura narrativa no solo es idéntica a la de otras ficciones del mismo género, sino que sus roles son arquetípicos y sus casos pueden llegar a ser familiares. Pero ofrece algo diferente, algo entretenido que pasa, en primer lugar, por la acción a raudales y la diversión que desprenden todas sus escenas. Y en segundo lugar, el papel de Martin Riggs, auténtica alma de esta historia que, en contraste con el de Roger Murtaugh, vuelven a formar esa pareja inolvidable. Puede que ahí esté la clave: se ha sabido trasladar de la pantalla grande a la pequeña la dinámica de estos personajes tan dispares. La cuestión es si existe recorrido para explorar en el pasado y la historia que sustenta tanto entretenimiento. El tiempo lo dirá.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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