‘Crudo’: esas oscuras ansias de carne


Es difícil definir qué caracteriza a una buena película, pero si quiere tener algo de relevancia debe ofrecer al espectador, al menos, algo sobre lo que reflexionar, algo que permita que perdure más allá del encendido de luces en una sala de cine. Es algo complicado de encontrar hoy en día. Por eso cuando ocurre es digno de mención, y si lo consigue una debutante directora con un film tan perturbador como inteligente sin duda merece ser ensalzados tanto creador como creación.

Es lo que ocurre con Crudo, cinta catalogada como terror que va mucho más allá para analizar, lejos de efectismos baratos y de sustos gratuitos, el descubrimiento de uno mismo en un entorno tan propicio para ello como la Universidad. Se podría decir que Julia Ducournau utiliza esa idea para abordar un cambio mucho más profundo, una reflexión sobre quiénes somos, cómo nos condiciona la familia y qué llegamos a ser cuando nos alejamos de ese entorno protegido en el que hemos vivido durante toda nuestra vida. Y lo hace con un guión elaborado cuyos giros argumentales, aunque no demasiado destacables, generan una creciente intensidad dramática que estalla de forma inesperada con un clímax y una resolución que cambian irremediablemente la visión que hasta ese momento se tenía de la historia.

De este modo, el arco dramático adquiere un mayor peso específico, confirmando la idea de que siempre es mejor una sólida trama que la violencia o los sustos gratuitos. Claro que eso no impide que la cinta tenga ciertos momentos perturbadores… muy perturbadores. Acentuados por una banda sonora tan estridente como perfecta, los momentos en los que la protagonista (espléndida Garance Marillier, que también debuta en el largometraje) comienza a descubrir su verdadera naturaleza pueden contarse con los dedos de una mano, pero qué dedos. Y nunca mejor dicho, por cierto. Puede que no haga las delicias de aquellos que se aproximen a ella buscando vísceras, sangre y gore, pero desde luego ofrece una perspectiva diferente del canibalismo, entendido este como algo más profundo, más arraigado en la naturaleza humana.

La primera película de Ducournau se revela, por tanto, como un testimonio inquietante a la par que bello, violento a la par que inteligente. Crudo es, ante todo, una historia sumamente dramática, planteada como recorrido por la evolución de un personaje que descubre su verdadera naturaleza. Visto en perspectiva, y una vez el giro final da un nuevo y revelador sentido a la trama, la película posee numerosas lecturas, casi tantas como espectadores. Desde la concepción sociológica de que el paso a la Universidad abre la mente a nuevas realidades, hasta la perspectiva más familiar y la protección de los hijos ante el mundo, pasando por la pura violencia de un instinto animal. En definitiva, una obra compleja, completa y recomendable incluso para aquellos que no estén habituados a este tipo de cine.

Nota: 7,5/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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