‘Kong: La Isla Calavera’: el olor del napalm por la mañana


Realizar la enésima película sobre un personaje o una misma historia siempre es una apuesta arriesgada. Contar algo diferente, no caer en tópicos, etc., suelen ser problemas añadidos a la ya de por sí difícil tarea de componer una historia. De ahí que resulte tan satisfactorio encontrarse con un producto como la nueva versión de King Kong, una grata sorpresa que esconde varias interpretaciones a medida que se avanza en su trama y se rasca un poco sobre esa superficie de serie B maquillada con gran presupuesto y un puñado de estrellas que disfrutan como niños.

Porque, en efecto, Kong: La Isla Calavera es un entretenimiento en todos los sentidos. Visualmente espectacular, la labor de Jordan Vogt-Roberts (The kings of summer) no se limita únicamente a narrar la historia, sino que aprovecha con inteligencia las posibilidades que ofrece la perspectiva de tamaños entre el gigantesco simio y los diminutos humanos. La llegada a la isla, sin ir más lejos, es uno de los momentos más espectaculares del cine de acción de los últimos meses, combinando ritmo y belleza visual a partes iguales. Y cómo no, las inevitables luchas entre monstruos de proporciones ciclópeas que harán las delicias de cualquier aficionado al género.

Aunque desde luego, lo más interesante es el guión, lo cual puede parecer obvio pero es todo un logro para este tipo de films. Sin apenas carencias de ritmo, el desarrollo dramático combina adrenalina y narrativa casi a partes iguales y, lo que es más atractivo, ofrece una interpretación diferente no solo de este argumento, sino de la visión general de este personaje a lo largo de los años. Con la guerra de Vietnam como telón de fondo, la cinta se afana en dibujar un ejército americano obsesionado con un enemigo al que no puede derrotar, y al que quiere aniquilar incluso cuando está de su parte, con algunas referencias a clásicos del cine que no deberían ser pasadas por alto (entre ellas, cómo no, Apocalypse Now). Algo muy diferente a la imagen de atracción de feria que tiene este enorme mono en las versiones ambientadas en los años 20.

Quizá el mayor problema sean los arquetípicos personajes de su historia y la imperiosa necesidad de transitar algunos lugares comunes en su arco narrativo. Esto, sin duda, resta complejidad a la trama, pero lo cierto es que tampoco la busca. Kong: La Isla Calavera es lo que quiere ser, un divertimento sin mayor preocupación que la de evadir al espectador durante un par de horas. Pero si además lo hace aportando algo más de trasfondo y crítica política y social, mejor que mejor.

Nota: 7/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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