‘Almas de metal’, un referente del presente y el futuro de la tecnología


Un fallo lleva a los androides a matar a los huéspedes de 'Westworld'El estreno de la serie Westworld ha vuelto a poner de actualidad un clásico de la ciencia ficción que, para una buena parte del público, había quedado olvidado. El estreno en 1973 de Westworld, titulada en España Almas de metal, supuso toda una revolución en muchos aspectos, y aunque su narrativa puede resultar algo confusa en algunos momentos, amén de una resolución algo tosca en determinadas ocasiones, la cinta escrita y dirigida por Michael Crichton, autor de las novelas ‘Parque Jurásico’, ‘Acoso’ o ‘Esfera’, es uno de los mejores ejemplos de la ciencia ficción que aborda los riesgos de una tecnología que apenas se controla y que se utiliza para el entretenimiento social.

Para aquellos que no conozcan la cinta original y no han visto la serie, la trama se centra en dos amigos que acuden a un parque de atracciones para ricos. El parque está dividido en tres ambientes muy diferentes: el Oeste, el Medievo y la Época Romana. En cada uno de ellos los huéspedes pueden hacer lo que quieran y vivir las aventuras que deseen interactuando con androides tan sofisticados que parecen humanos. Pero algo falla, y el centro de control pierde el poder sobre los robots, que incumplen el mandato de no herir a los visitantes, iniciándose una masacre en la que los dos amigos se verán perseguidos por un implacable vaquero.

Visualmente interesante, sobre todo para su época, posiblemente el mayor atractivo del film sea precisamente el concepto sobre el que se construye el resto de la historia. La idea de un parque exclusivo en el que la tecnología ha alcanzado tal grado de sofisticación que los técnicos apenas llegan a comprenderla sienta las bases de buena parte de la cultura fantástica posterior, incluyendo la propia Parque Jurásico (1993). La incapacidad del ser humano para poder hacer frente a lo que crea se convierte en esta cinta en un aviso de los riesgos de nuestra propia naturaleza, de nuestra seguridad mal entendida que nos impide muchas veces comprender los riesgos reales de tratar con máquinas más fuertes e inteligentes que nosotros.

A esto se suma, además, el uso por primera vez de efectos digitales en un film. Cierto es que era en 2D, con píxeles y de un modo algo tosco, pero supuso el primer paso para una tecnología que, aunque controlamos, ha terminado por invadir el mundo cinematográfico hasta límites que pocos habrían previsto en aquellos años 70. Visto así, Almas de metal habría traspasado su propia dimensión para convertirse en un reflejo de la sociedad, que por cierto cada vez introduce más las máquinas en el día a día del ser humano. Y a pesar de la narrativa, que abordamos a continuación, el final resulta tan inquietante como reflexivo. El hombre es incapaz de acabar con las máquinas por sí mismo, o al menos casi le cuesta la vida, lo que arroja un sombrío futuro para una Humanidad que debe encomendarse a que las baterías de las máquinas se acaben para tener una oportunidad.

Fondo y forma

Todo lo que convierte a Westworld en el clásico que es hoy en día queda enturbiado, sin embargo, por una narrativa algo irregular. La estructura de su guión queda algo descompensada, con un planteamiento más o menos largo, un desarrollo que no termina de enlazar de forma correcta las diferentes ideas que se plantean, y una resolución un tanto apresurada. Así, mientras la exposición de argumentos en los primeros minutos es sólida, el posterior tratamiento de los mismos, con dosis de comedia que no encajan del todo bien, no logra unificar la parte conceptual y la parte narrativa, dejando algunas secuencias inconexas que, aunque permiten clarificar ciertos pilares argumentales, parecen mal encajadas en el puzzle.

Y dado que la forma en que se desarrolla la narrativa es similar a la de Parque Jurásico, es inevitable comparar, o al menos recordar por encima, el modo en que ambas obras tratan su arco dramático y el de los personajes. No se trata de analizar paso a paso el modo en que ambos films abordan el caos de la tecnología y cómo esta termina volviéndose en contra del hombre, sino más bien en la estructura secuencial de cada una de las obras. Y es aquí donde este mundo del oeste habitado por robots cojea en tanto en cuanto la película no presenta una amenaza hasta bien avanzada la trama, sin que las pinceladas que Crichton ofrece sobre los peligros o los problemas que poco a poco se van produciendo puedan implantar de forma contundente el suspense o la intriga.

Dicho de otro modo, hasta prácticamente el segundo punto de giro, que da lugar al tercer acto y a la rebelión de las máquinas, la película es presentada como una aventura casi inocente en la que los protagonistas ríen y disfrutan sin preocupación. La apuesta por unas historias secundarias con marcado tono cómico no ayuda, desde luego, a la gravedad que más adelante adquiere el film, produciéndose un giro conceptual y narrativo tan brusco y tan tardío que apenas deja espacio para que el espectador pueda adaptarse a la nueva realidad, salvo que la conozca de antemano, claro está. En este sentido, y volviendo al film sobre el parque de dinosaurios, Crichton aprendió de sus errores a la hora de plantear la narrativa de su novela, ofreciendo un viaje que pivota sobre una sucesión constante de conflictos.

Con todo, es innegable que Westworld es un referente de la ciencia ficción y el uso de la tecnología en el cine. Más allá de los avances en efectos especiales y digitales, lo realmente atractivo del film de Michael Crichton es su propuesta argumental y el modo en que se abordan los problemas que pueden crear los aparatos tecnológicos y el desconocimiento por parte de la sociedad de su funcionamiento. La labor del escritor como director y guionista sea más o menos convincente puede restar cierto atractivo a determinados momentos del film, que posiblemente habría ganado en las manos más expertas de algunos directores de la época. Sin embargo, eso no debería ser óbice para disfrutar del mensaje que lanza el film y de algunos hallazgos visuales realmente interesantes y, por supuesto, de algunos logrados momentos del film, sobre todo de su tercio final.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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