‘Black Mirror’ se centra en la ciencia ficción de la tecnología en su 3ª T


Bryce Dallas Howard protagoniza uno de los episodios de la tercera temporada de 'Black Mirar'.Tras dos temporadas y un especial navideño, Black Mirror se ha consolidado como la crítica más ácida a la tecnología y la dependencia social de ella. Sin embargo, la serie de Charlie Brooker (serie Dead set) ha evolucionado en su tercera temporada hacia un carácter más fantástico, centrándose en la ciencia ficción más que en la crítica o en la denuncia social. Tal vez sea por el hecho de que son seis episodios en lugar de tres, o simplemente porque era el camino a seguir natural para una ficción de estas características. El caso es que estos capítulos, algunos de ellos de una factura impecable en todos sus aspectos, comparten más puntos en común que el trasfondo social y humano que ha caracterizado a la serie. Que esto sea algo positivo o negativo es decisión personal de cada uno.

Quizá la mayor evidencia de esto es que, salvo el episodio titulado ‘Cállate y baila’ (‘Shut up and dance’ en versión original), el componente tecnológico tiene un peso más que notable en la historia, en muchas ocasiones jugando con los aspectos futuristas o con una hipótesis sobre la evolución que tendrán campos como los videojuegos o los drones. ‘Caída en picado’ y ‘Playtesting’ son claros ejemplos. El primero, protagonizado por Bryce Dallas Howard (Jurassic World), representa una reflexión del mundo que puede crear la dependencia cada vez mayor de las redes sociales y del reconocimiento que, en teoría, dan al individuo dentro de un entorno globalizado. El segundo, con los videojuegos como contexto, alerta de los riesgos de un mundo del entretenimiento cada vez más personalizado e inclusivo.

En este sentido, es evidente que los episodios mantienen el componente social, pero lo hacen con una apuesta por el futurismo, por la ciencia ficción más que por los peligros de una sociedad dependiente de una tecnología que ya existe. Si bien es cierto que en temporadas anteriores ya existía ese equilibrio entre realidad y ficción, en estos seis episodios la balanza parece inclinarse más por la ficción, narrando historias en algunos casos sumamente fantásticas que, aunque con un trasfondo de crítica o denuncia, no dejan de ser modelos de entretenimiento sin demasiado contenido. Tal vez sea por eso que ‘La ciencia de matar’ es uno de los episodios más flojos no solo de la tercera temporada de Black Mirror, sino de toda la serie.

Ahora bien, esta apuesta deja también uno de los episodios más románticos y bellos de esta producción. ‘San Junipero’ se convierte en un canto al amor eterno e inmortal, a la libertad de poder encontrar a la persona idónea esté donde esté gracias a un terreno neutral en forma de mundo digital. De nuevo, la serie va un paso más allá y aborda un futuro de ciencia ficción que desarrolla, en cierto modo, una realidad ya existente pero mucho menos sofisticada. En este caso, sin embargo, la trama está planteada de forma tan sutil y entrelazada que termina por alternar drama romántico con un cierto suspense, amén de obligar al espectador a prestar atención al más mínimo detalle para tratar de comprender cómo y dónde se desarrolla la acción.

Realidad de las tramas

'San Junipero' es uno de los episodios más recordados de la tercera temporada de 'Black Mirar'.Nada de esto impide, sin embargo, que Black Mirror siga inquietando conciencias con su tercera temporada. A pesar de contener episodios sin excesiva trascendencia más allá de la trama en sí, en su conjunto se puede entender como un estudio del comportamiento humano en el más amplio espectro. Desde ese primer episodio con las redes sociales como indicador de las clases sociales (tener pocos ‘Me gusta’ te convierte en un paria), hasta el último en el que, simple y llanamente, se ha acabado con las abejas reales y se ha tenido que buscar una alternativa cibernética, todos los episodios, y en esto sí que no hay excepción, están planteados para obligar al espectador a reflexionar sobre su propia realidad.

Y eso se consigue gracias a unas tramas notablemente estructuradas, capaces de seguir una senda marcada mientras libran una batalla intelectual con el que está al otro lado de esa “espejo negro” al que hace referencia el título de la serie. Al existir argumentos independientes, cada episodio está narrado de forma propia, aunque todos mantienen en común la idea de que nada es lo que parece, de que la realidad es mucho más terrible de lo que en un principio pueda parecer. De este modo, verdad y mentira, realidad y ficción, se funden en un único mensaje dominado por esas nuevas tecnologías que parecen adueñarse poco a poco de la serie y que, por suerte o por desgracia, ya se han adueñado de nuestras vidas.

Incluso aunque algunos capítulos posean un argumento sin demasiado interés, es de justicia reconocer los puntos de giro tan interesantes que ofrecen todos ellos gracias, precisamente, a esa idea de que nada es lo que parece. Otra cosa muy diferente es que el contexto en el que se desarrollan esas historias y el modo en que se narran sea el adecuado. Personalmente creo que la narrativa es, como suele ser habitual en esta serie, ejemplar, pero ese contexto peca, en algunos casos, de una ingenuidad manifiesta, lastrando tanto las ideas que maneja como la dinámica visual. No ocurre en todos, es cierto, pero sí en los suficientes como para identificar un patrón, y es el hecho de que parece no haber ideas suficientes (o suficientemente trabajadas) como para completar una temporada de seis episodios.

Dicho de otro modo, la tercera temporada de Black Mirror posiblemente satisfaga a los seguidores, y desde luego mantiene la senda ideológica y narrativa de las anteriores etapas, pero en su conjunto puede que tenga algunos de los episodios más flojos de la serie. Ya sea por su extensión, por la complejidad de crear estas tramas o por su apuesta decidida por la ciencia ficción por encima de otros factores, lo cierto es que estas seis historias no logran despertar la admiración que sí despertaron las anteriores, posiblemente también porque el impacto poco a poco se va superando. En cualquier caso, con estos problemas que parecen empezar a surgir la serie sigue siendo una de las más frescas, dinámicas, transgresoras y provocativas de la televisión moderna, lo cual ya debería dar una idea de la calidad que atesora.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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