‘La ciudad de las estrellas (La La Land)’: ese alguien entre la multitud


No pasa muy a menudo, pero cada ciertos años surge una película que podría considerarse mágica, en la que todos sus elementos, artísticos y técnicos, parecen lograr una armonía perfecta para que fondo y forma sean realmente uno. Y este 2016 ha sido uno de esos años, algo que podría terminar de confirmarse, al menos en lo que a premios se refiere, con un rotundo éxito en los próximos Oscar. Lo cierto es que la nueva película de ese joven genio llamado Damien Chazelle (Whiplash) va camino de conseguirlo, y méritos, lo que se dice méritos, le sobran.

Si hubiese que calificar La ciudad de las estrellas (La La Land) con una única palabra esa podría ser magistral. O espléndida. O bella. Muchos de esos términos, estoy convencido, se han usado en infinidad de críticas, pero la pregunta que cabe hacerse es ¿por qué? Sencillamente porque esta comedia musical aúna todo lo que un film debe tener. Su desarrollo dramático plantea conflictos, aunque sea de forma sutil, a cada paso del camino de los protagonistas. La forma en que se integra la parte musical, cuyos números mejoran a medida que avanza la trama (aunque ese primer plano secuencia será una de las escenas más recordadas), es perfecta. Y el uso del color y la fotografía, en claro homenaje a la era dorada del género, acerca a las nuevas generaciones un tipo de cine que, por suerte o por desgracia, ya no se hace.

Desde luego, es lo más parecido a una película perfecta que se puede ver en la gran pantalla actualmente. Incluso con un comienzo titubeante (la historia del personaje de Emma Stone –Irrational man– es algo débil), el film se sobrepone gracias al número de claqué y a un Ryan Gosling (Sólo Dios perdona) inconmensurable, capaz de ponerse la narrativa sobre sus hombros y cubrir las deficiencias de su compañera de reparto, que crece al compás de la propia película. Aunque la guinda del pastel es su final, todo un recorrido alternativo por una historia que podría haber sido y no fue y que, además de arrancar alguna que otra lágrima, pone de manifiesto una máxima básica de cualquier narración: que el final debe ser coherente con la historia contada, aunque eso genere dolor.

La ciudad de las estrellas (La La Land) recupera el amor por el cine, o al menos por un tipo de cine que no se prodiga tanto en la gran pantalla como debería. Y lo hace con un sentido homenaje a las películas que encumbraron el musical hasta sus cotas más altas. Chazelle, que se confirma como un talento con un futuro prometedor (habrá que verle con otras historias y otros género), utiliza todos los recursos a su alcance para crear una obra atemporal, una historia de amor que debe convivir con la búsqueda de nuestros sueños. Una película única capaz de enamorar, emocionar, divertir y hacer reír, con una banda sonora imprescindible. Es, como se menciona en un momento del film, ese “alguien” entre la multitud de películas que hay en la cartelera.

Nota: 9,5/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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