‘Comanchería’: enemigos de todos


Ben Foster y Chris Pine son hermanos en 'Comanchería'.Es reconfortante comprobar cómo hay géneros cinematográficos que pueden actualizarse y reinterpretarse si se hace con sentido común, respeto e inteligencia. La nueva película de David Mackenzie (Convicto) es un alarde de cómo un western puede trasladarse hasta nuestros días siempre y cuando se ofrezca al espectador algo más de lo visto hasta ahora. Porque en realidad, más que un western esta cinta podría considerarse casi como una obra de personajes, un drama familiar y social con una cierta satisfacción final que refleja, además, la difícil situación de muchas personas durante la crisis.

Y es en este nivel interpretativo donde Comanchería logra todo su potencial. El desarrollo dramático aprovecha una historia más bien sencilla para centrarse en sus protagonistas, en sus motivaciones, sus dudas y sus personalidades tan dispares. A través de su evolución el espectador accede a un relato diferente al que inicialmente podría esperarse, otorgando todo el protagonismo a los diálogos y las reflexiones de sus personajes antes que a la acción. Y gracias a esto, el relato se convierte en todo un espectáculo dramático en el que las relaciones familiares y de amistad adquieren un significado profundo a pesar de la apariencia tan extraña que adquieren en algunos momentos. Para colmo, conclusiones como la de salvar una casa pagando a un banco con el dinero previamente robado no dejan de generar cierta satisfacción ante las injusticias que sufren los protagonistas.

Posiblemente la mayor evidencia de que este film es una historia de personajes radica en el rol de Jeff Bridges (Valor de ley), y eso sin restar valor al resto de protagonistas, todos ellos más que notables. La definición sobre el papel es espléndida, pero lo que logra el actor es simplemente excepcional, dotando a un personaje en principio antipático y algo irritante de un sentido del humor y una humanidad entrañables. Sin duda, el momento que mejor le define, y por extensión a toda la película, es un plano de su rostro al asistir a una muerte inesperada. Es en ese instante cuando el espectador comprende el verdadero alcance de su carácter, el verdadero sentido del film y el futuro de todos los personajes.

De este modo, Comanchería se revela como un western moderno poco ortodoxo, centrado más en la introspección de los personajes que en la propia persecución que el ranger hace de los delincuentes. Con más atención a las motivaciones de cada rol, la cinta termina por atrapar al espectador con una historia cuyo final, aunque puede intuirse, depara no pocas sorpresas, incluido un diálogo final tan bien planteado como ejecutado. Pocas veces puede verse en pantalla una historia semejante, sencilla pero rica en matices, directa pero profundamente reflexiva. Y en ese equilibrio es donde esta obra se eleva como una de las gratas sorpresas del 2016.

Nota: 7,5/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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