‘Hasta el último hombre’: uno más, solo uno más


Andrew Garfield no dispara un solo tiro en 'Hasta el último hombre'.Aunque solo fuera por conocer la historia de Desmond Doss, objetor de conciencia que logró la máxima distinción del ejército norteamericano por sacar con vida a 75 hombres del campo de batalla sin disparar una sola bala, la nueva película de Mel Gibson (Braveheart) como director ya merece la pena. Pero es que el film en sí mismo es una obra imprescindible del moderno cine bélico, un relato sobre el valor, sobre la fidelidad a las creencias y sobre la amistad que se forja en el frente. Y todo ello con sus imperfecciones, que las tiene.

Lo bueno, como suele ocurrir en estos casos, es que dichos puntos débiles son casi irrelevantes en Hasta el último hombre. El principal talón de Aquiles de la cinta es su comienzo, excesivamente lento y, aunque necesario, reiterativo en la lucha de un joven soldado que no quiere coger un fusil pero sí luchar en el frente junto al resto de hombres. Lo que sufre durante su entrenamiento, incluyendo un juicio militar, se desarrolla de modo algo pausado, repitiendo fórmulas y argumentos que solo logran dejar más claro lo que ya se sabe a los pocos minutos de comenzar el film, alargando por consiguiente la presentación del protagonista (bien interpretado por Andrew Garfield tras  colgar el traje de Spider-man).

Ahora bien, una vez superado esta primera parte y los buenos y malos momentos que deja, Gibson entra en harina con una de las secuencias bélicas más impactantes, sobrecogedoras, brutales, sanguinarias y contundentes que se recuerdan. De hecho, no es extraño que vuelva a la memoria el comienzo de Salvar al soldado Ryan (1998), modelo que sin duda utiliza el director para abordar la violencia y crudeza de un combate sin cuartel. Y lo que hasta ese momento podía parecer parsimonia se convierte en una celeridad extenuante, en un sinfín de disparos, gritos, dolor y angustia. Y con ellos, la labor de un joven que es capaz de demostrar su valía y su enorme corazón al meterse de lleno en un conflicto sin más armas que sus ganas de salvar a sus compañeros. Lo que ocurre después es sencillamente uno de los mejores relatos bélicos de los últimos años.

Desde luego, Hasta el último hombre tal vez no sea una película perfecta. Su guión, aunque interesante, está algo desequilibrado. Y habrá quienes piensen que parte del reparto no está bien elegido. Pero nada de eso importa. Personalmente creo que los actores, en mayor o menor medida, hacen una labor más que notable. Y desde luego la dirección de Gibson es magistral, sobre todo por el impacto que provoca en el espectador ese primer combate que nos sitúa al mismo nivel que un joven sin experiencia sin un arma en sus manos con la que poder defenderse. Pero aparte de todo eso, está el mensaje que se desprende en cada fotograma, en cada frase de diálogo. Esa combinación de fondo y forma es la que convierte a este film es una gran obra, y la que deja al espectador susurrando: “Uno más, solo uno más”.

Nota: 8/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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