‘House of Lies’, apuesta doble de humor y drama en la temporada final


Don Cheadle y Kristen Bell terminan 'House of Lies' bailando.Si algo hay que reconocer a Matthew Carnahan (serie Dirt) y a su comedia House of Lies es que han muerto fieles a su estilo. O al menos han cerrado un ciclo sin traicionar la esencia de la dinámica dramática y cómica que ha sustentado esta historia de asesores despiadados, de romances casi imposibles y de amistades cuanto menos curiosas. La quinta y última temporada de la serie protagonizada por un extraordinario Don Cheadle (Capitán América: Civil War) deja un buen sabor de boca, la satisfacción de haber visto algo coherente y acorde a lo esperado, incluso aunque esto conlleve ciertas irregularidades en la narrativa.

Los 10 episodios que conforman esta conclusión, menos que los de temporadas anteriores, tienen el habitual gusto cinematográfico de la conclusión de una historia. Todas las tramas, principales, secundarias e incluso anecdóticas, están enfocadas a cerrar posibles flecos que queden en la narrativa, y que se han ido fraguando a lo largo de las etapas precedentes. Por supuesto, la principal es la de la compañía, su futuro y su lucha contra los enemigos. Es aquí donde la serie consigue, como ha sido hasta ahora, sus mayores éxitos tanto dramáticos como humorísticos. Las dinámicas que se establecen entre los cuatro protagonistas son simplemente excepcionales (pocas veces se puede ver en la pequeña pantalla un grupo tan integrado), ya sea por la comodidad por los actores o por la definición tan precisa de los personajes.

Posiblemente esta última temporada de House of Lies contenga algunos de los momentos más surrealistas de la serie, desde la fiesta protagonizada por leones y cobras (metafóricos) hasta el intento de vender al mejor postor, ojo al dato, un país como Cuba. En cierto modo, se puede decir que ese intento de cerrar las historias que siempre se aprecia en estas conclusiones está combinado con una apuesta por todo lo alto a echar el resto en lo que a negocios se refiere. Y desde luego, logra su objetivo, sobre todo porque introduce de forma completa algunos aspectos que habían sido relegados a un segundo plano en la trama principal de la serie, como son la relación entre el personaje de Cheadle y el de Kristen Bell (Malas madres) o las dudas que parecen rondar siempre a los roles de Ben Schwartz (The intervention) y Josh Lawson (Los amos de la noticia) en relación a su puesto dentro de Kaan y Asociados.

Pero la fidelidad a la esencia dramática no es lo único que permanece en esta conclusión. La apuesta narrativa de la historia, más patente en unas temporadas que en otras, sigue siendo una constante que recuerda al espectador el carácter transgresor de la historia, si es que el desarrollo de la misma no es ya de por sí lo suficientemente transgresor. Imagen congelada, el protagonista convirtiendo al espectador en cómplice de sus más íntimos pensamientos, e incluso visiones propias de un viaje alucinógeno sin igual dejan su huella en el fondo dramático de la trama para confirmar que el producto ha sido, es y será uno de los más frescos, dinámicos y diferentes que se puedan encontrar en televisión. Y por si fuera poco, un detalle puramente técnico: las comedias de este tipo y con esta duración por episodio (unos 25 minutos) suelen tener temporadas de 24 episodios. Esta se ha quedado en la mitad o menos.

Secundarios en segundo plano

Los protagonistas de 'House of Lies' viven sus últimas aventuras en la quinta temporada.El problema de esta quinta temporada de House of Lies es que se olvida en buena medida de sus secundarios más prescindibles pero que conforman el sustento del mundo en el que se desarrolla la serie. En realidad no es algo exclusivo de este final, pues durante toda la vida de esta producción ha ocurrido en mayor o menor medida, pero sí resulta llamativo cómo se ha tratado el problema en este tramo final. Sin duda el caso más notorio es el de Donis Leonard Jr. (Now here), que da vida al hijo del protagonista y cuya trayectoria ha sido un tanto errante. Esta última temporada confirma que a pesar del potencial que podía haber tenido en el desarrollo de la trama (y que de hecho ha tenido en algún momento), sus creadores no han sabido qué hacer con él, o no han podido afrontar el terreno al que les podía llevar un rol tan complejo como este.

Pero como él existen varios. Algunos, como el de Dawn Olivieri (Supremacy), han sido utilizados simple y llanamente para hacer avanzar la acción hasta donde era necesario, lo cual no deja de restar peso específico a su presencia dentro de la historia y por lo tanto debilita mucho su estructura. Otros, como el del padre interpretado por Glynn Turman (El héroe de Berlín), sencillamente concluyen su rol como espectadores del espectáculo que dan Cheadle y compañía, dejando en el recuerdo algunos de los momentos en los que sí han tenido especial relevancia. Todo esto indica, en realidad, que la quinta y última temporada se ha centrado, casi en exclusiva, en concluir todo lo concerniente a la historia de los cuatro protagonistas, dejando a un lado como algo residual lo que pueda ocurrir con el resto de personajes.

Esto, en principio, no es algo malo viendo el resultado final, pero sí que resulta digno de mención que Carnahan opte por desprenderse del peso muerto (narrativamente hablando) de una forma tan tosca, dejando prácticamente que las historias mueran por puro tedio para centrar todo el foco narrativo en lo que sabe que interesa más a la serie y al espectador. Dicho de otro modo, en lugar de integrar las tramas secundarias en la principal o darles un broche final completo, se opta por introducirlas cada vez menos en la estructura narrativa hasta que se convierten en algo residual e intrascendente, llevándolas casi al olvido por falta de presencia.

Pero ese es un mal menor en la quinta temporada de House of Lies. En realidad, esta última etapa es el reflejo de lo que ha sido toda esta producción: un festival de humor negro, inteligencia y dinamismo que posiblemente no enganche al gran público, pero que sin duda ofrece una visión muy diferente de cómo puede ser el género hoy en día. Y no hay que olvidar el final del último episodio, toda una oda al buen rollo que ha primado a lo largo de la serie. Tal vez haya sido un producto menor, una historia en muchos casos difícil de seguir, pero desde luego el recorrido, una vez visto el camino realizado, ha merecido la pena y obliga a una encarecida recomendación.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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