‘Un monstruo viene a verme’: sentimientos encontrados


El joven Lewis MacDougall es el protagonista de 'Un monstruo viene a verme'.Si algo deja claro la nueva película de J.A. Bayona (Lo imposible) es que el director catalán tiene una habilidad única para la dirección de actores y para exprimir al máximo la intensidad dramática de las historias que narra, normalmente con una espectacularidad más que notable. Y si algo se puede aprender también de esta emotiva historia es que menos es más, como siempre se ha defendido en diversos sectores del séptimo arte.

Desde luego, lo mejor de Un monstruo viene a verme es su historia, cargada de emoción en cada plano, en cada movimiento de cámara. No hay nada en este film, al menos durante su primer y segundo acto, que no esté milimétricamente calculado para asentar en el espectador cierta congoja y una innegable belleza formal al servicio del drama. Las dos pequeñas historias narradas por el consabido monstruo son de una elegancia tan apabullante que se convierten casi en lo mejor de un film espléndido. A esto se suman, por supuesto, los actores, todos ellos brillantes, aunque destaca sobremanera el joven Lewis MacDougall (Pan: Viaje a Nunca Jamás), cuya interpretación, complicada por el contexto en el que se desarrolla, es simplemente impecable.

Ahora bien, la cinta tiende al melodrama a medida que se acerca el aciago final. Y es aquí donde se nota la mano del guionista, que también es autor de la novela en la que se basa la película. Patrick Ness decide olvidarse de que se está narrando una película para golpear al actor con la fuerza de una situación que, al menos visualmente, es innecesaria. El final del film se asemeja más a un melodrama televisivo que a la historia que se narra, sobre todo si se tiene en cuenta que la resolución del film, con ese cuaderno de dibujo que encuentra el joven protagonista, tiene un significado abierto a la interpretación pero, en cualquier caso, poco relacionado con lo visto anteriormente.

Es por esto que Un monstruo viene a verme no llega a ser una película excepcional. Su factura técnica es impecable, sus actores son maravillosos, e incluso el tono general del film, un drama salpicado por ciertas dosis de humor, frustración, ira, miedo y odio, narra a la perfección las emociones que debe de vivir un niño de 12 años que no entiende la vida que le ha tocado vivir y que no comprende los sentimientos encontrados a los que tiene que hacer frente. Pero el guión, que tiene un desarrollo magnífico a lo largo de la mayor parte del metraje, se pierde en el dramatismo más innecesario en un intento de arrancar las lágrimas del espectador. Y eso no solo es algo innecesario, sino que no cuadra demasiado con el relato previo. En cualquier caso, es una obra indispensable.

Nota: 7,5/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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