‘Los siete magníficos’: satisfacción por un trabajo bien hecho


'Los siete magníficos' regresan de la mano de Antoine Fuqua.Realizar un remake puede parecer sencillo. Incluso puede considerarse que no se requieren grandes dotes para hacer este tipo de películas. Pero como para todo, es necesario tener cierta habilidad, y lo nuevo de Antoine Fuqua (Training day) es el mejor ejemplo, sobre todo si se compara con otras versiones recientes de clásicos imperecederos. Lo que logra el director con este film es algo tan difícil como fundamental en estos tiempos: entretener sin echar de menos la película que toma como referencia.

No seré yo quien defienda que Los siete magníficos, versión 2016, es una obra maestra, y mucho menos que está a la altura de la cinta de 1960. Pero desde luego es un film más que meritorio en todos sus aspectos. Fuqua logra, con pequeños cambios en la trama, mantener la esencia de esta historia de honor, hermanamiento y valentía gracias a un desarrollo de personajes que, si bien cojea en algunos casos (ya sea por falta de profundidad o por un exceso de previsibilidad), al final funciona a las mil maravillas. Desde luego, tanto Denzel Washington (Imparable) como Chris Pratt (Eternamente comprometidos) literalmente roban la atención en cada plano en el que aparecen, pero el resto del reparto, sobre todo los nombres más conocidos, logran crear un mosaico rico, variopinto y armonizado de roles.

Y esto es, en realidad, lo más importante del film. Su desarrollo, es cierto, cae en algunos tópicos, pero son problemas secundarios ante la puesta en escena elegida por Fuqua, quien lejos de experimentos visuales de última generación recurre a lo más tradicional, es decir, a las bases del western. Primeros planos, movimientos de cámara sencillos que ubiquen la acción, composiciones lineales y circulares para enriquecer la planificación, etc. Todo ello en un claro homenaje no solo al clásico dirigido por John Sturges (La gran evasión), sino a todo un género. Esto, en definitiva, es lo que le convierte en un gran director, pues en lugar de adaptar la trama a su estilo, adapta su estilo a la trama. Todo ello acompañado por una banda sonora obra de James Horner (Braveheart) que bebe del clásico para encontrar el tono perfecto.

El resumen más simple podría ser que Los siete magníficos es una buena película. En algunos tramos incluso excelente. Pero más allá de valoraciones de este tipo, lo cierto es que Antoine Fuqua ha creado un entretenimiento puro, una obra capaz de hacer reír, de emocionar, de generar tensión (el primer duelo en el pueblo es de lo mejor que se puede ver últimamente). Y todo ello teniendo que luchar contra la pesada losa que supone beber de un clásico. El mérito, por tanto, es doble. Tiene sus errores, e incluso habrá quienes encuentren demasiadas referencias a otras películas. Pero eso no tiene que ser necesariamente malo cuando las luces se encienden y la sensación que queda es de satisfacción.

Nota: 7/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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