‘Banshee’ finaliza su última temporada fiel a su estilo


El protagonista de 'Banshee' será sospechoso en la última temporada.Puede parecer una obviedad, incluso algo insustancial, pero el final de Banshee ha sido uno de los más coherentes, serios y fieles al tono general de la producción que he visto en los últimos años. Puede que sea porque muchas series son obligadas a terminar antes de tiempo; o puede que sea porque no se ha plegado nunca a estándares televisivos al uso. El caso es que la ficción creada por David Schickler y Jonathan Tropper (Ahí os quedáis) termina como tiene que terminar en su última temporada, sin concesiones de ningún tipo y con un futuro para sus personajes que, aunque parece previsible, colma las expectativas. ¿La pega? Que deja con ganas de más.

Esta cuarta etapa, de ocho episodios, es una de las mejores muestras de que cualquier producción debe no solo plantearse en un periodo concreto de tiempo (cuatro años en nuestro caso), sino que debe respetarse. Si se consigue esto y se tiene buen material entre manos, como es el caso, buena parte del éxito ya está conseguido. Centrándonos en lo que a esta última temporada se refiere, la trama aprovecha los acontecimientos con los que terminaba la anterior para situar a los personajes rotos, muchos al borde del abismo y con más secretos de los que inicialmente aparentan. Esto, unido a la muerte de uno de los roles importantes en la trama, ha obligado a sus responsables a adquirir un tono más dramático, menos violento, y abordar a modo de thriller policíaco buena parte del desarrollo dramático.

El principal beneficio de esta opción es que la trama ahonda de forma notable en las emociones de los personajes, muchas veces dejadas a un lado en pos de la acción desenfrenada que tanto caracteriza a Banshee. Y no me refiero solo a los protagonistas, sino a los principales secundarios. Todos ellos muestran de forma mucho más evidente los conflictos internos que viven, sus anhelos y sus recelos, sus odios y sus esperanzas. Y como en muchos casos estos deseos se enfrentan, el resultado es una dramatización más compleja de las relaciones que se establecen entre roles ya conocidos para el espectador. Dicho de otro modo, la serie es capaz de ofrecer algo nuevo (o al menos algo que nos permite conocer mejor a los protagonistas). Puede que para muchos llegue tarde, pero personalmente creo que es una forma más que digna de poner el broche de oro a una historia que, si algo bueno tiene, es que nunca ha engañado a nadie en sus intenciones.

Asimismo, el cambio de status y roles de muchos de los personajes ofrece un panorama novedoso e interesante para la serie. Evidentemente, esto representa, como en muchas otras producciones, una forma de explicar que estamos ante una suerte de epílogo, pero en el caso de esta trama el mensaje es algo más complejo: el mal se ha impuesto al bien. Prueba de ello es el criminal al que se deben enfrentar los héroes en esta última etapa, que en principio representa al mismísimo diablo y que en su final se desinfla de forma notable, posiblemente por la falta de espacio para un mejor desarrollo y porque, con villanos como los mostrados a lo largo de estos años, es difícil estar a la altura.

Los villanos parecen haberse hecho con el poder en la cuarta temporada de 'Banshee'.

No sin violencia

Ahora bien, quien pueda pensar de lo dicho hasta ahora que Banshee ha traicionado su espíritu (al menos parte de él), se equivoca. Es cierto que la trama es, en cierto modo, más oscura, más centrada en el suspense que en la acción. E incluso se puede considerar algo menos esperanzadora, si es que alguna vez ha llegado a serla. Pero eso no implica que no sea violenta. Para aquellos que hayan seguido la historia desde el principio, simplemente decir que también en este ámbito se cumplen las expectativas. Tal vez no todas, y desde luego no del modo esperado, pero se cumplen, lo que reitera la idea de estar ante una serie completa.

Desde luego, uno de los personajes más atractivos que ha dejado la serie es el interpretado por Matthew Rauch (Sin frenos), cuya capacidad de intimidar únicamente con una pajarita y unas gafas es inmensa. El futuro de su rol, por si a alguien le cabían dudas, debía ser tan violento, salvaje y sangriento como la vida de su personaje, y desde luego que así es. Otro cantar son los motivos de su muerte. Son coherentes, sólidos y hasta cierto punto comprensibles, pero en el desarrollo de su arco dramático no deja de existir un cierto componente casi forzado, a medio camino entre el subordinado que quiere proteger a su jefe y que sabe que está haciendo algo mal. Y eso, visto lo visto a lo largo de estas temporadas, chirría un poco en el personaje; sobre todo si atendemos al modo de morir, en el que parece casi pedir clemencia o perdón.

Y aunque su final es sin duda el más espectacular, no es el único marcado por la violencia o la muerte. Es más, ese comienzo de la cuarta temporada en el que el mal parece haberse adueñado del pueblo termina justamente en el lado opuesto, extirpando dicho mal en todas sus formas (léase personajes) de forma brutal. Ya sea un amish reconvertido en mafioso o un neonazi con ansias de poder, el final evidencia que la serie quiere y necesita apuntar a un “final feliz” en el que el bien y el orden terminen por imponerse. Ahora bien, entrecomillo final feliz porque, en realidad, el final es el que tiene que ser, ni feliz ni triste, ni alegre ni catastrófico. Simplemente, la serie termina como es debido.

Y eso significa que los protagonistas, criminales al fin y al cabo, no pueden tener lo que el espectador podría esperar. Así, Banshee termina su cuarta y última temporada con unos personajes rotos en lo más profundo de su ser, destrozados por una lucha constante contra los demonios que les rodean y atormentados por las decisiones que les han llevado hasta donde están. Y terminan solos, lo cual resulta muy significativo acerca del tono general de esta ficción que se ha consolidado, en tan solo cuatro etapas, como un producto fresco, dinámico, apasionante y complejo dramática y visualmente. Una serie, en definitiva, recomendable e incluso obligada. Y termino como he comenzado: lo peor de todo es que deja con ganas de más.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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