La 5ª T. de ‘Grimm’ tantea la religión en un nuevo escenario dramático


'Grimm' tiene cada vez más ayuda en su lucha contra el mal en la quinta temporada.Habrá que esperar, al menos, a la sexta temporada de Grimm para saber en qué medida beneficia o perjudica la decisión de introducir la religión en la ecuación, pero por ahora lo que no cabe duda es que la quinta temporada de esta serie creada por David Greenwald (serie Ángel) ha puesto a la producción en un nivel inusitadamente dramático, alejándose cada vez más de las tramas episódicas sin demasiada conexión entre ellas y apostando por una historia compleja, plagada de tramas secundarias y con giros narrativos al menos interesantes.

Estos últimos 22 episodios han sido, además, un soplo de aire fresco en muchos aspectos. Sin ir más lejos, la trama principal ha avanzado a pasos agigantados para definir de forma más precisa el papel de cada personaje en la trama, sobre todo esa especie de Guerra Fría entre los roles de David Giuntoli (Caroline and Jackie) y Sasha Roiz (Pompeya). Su relación, que desde la primera temporada ha estado marcada por una especie de acuerdo bilateral de no agresión, queda ahora quebrado ante la necesidad de que la historia evolucione. Dicho de otro modo, cambia de forma lógica, aunque tal vez haya tardado algo más de lo que debería.

Aunque sin duda lo más relevante es la introducción de un componente religioso (al menos teóricamente) en la estructura dramática de Grimm. Lo que hasta ahora había sido una especie de adaptación fantástica de los, por otro lado también fantásticos, cuentos de los hermanos Grimm, ha pasado ahora a ser una especie de lucha entre el bien y el mal, entre los monstruos y los elegidos por un poder superior. Sería difícil entender de otro modo el hecho de que lo que busca el protagonista haya estado protegido por templarios, escondido bajo una iglesia y que parezca extraído de la Biblia. Por el momento su presencia en la historia no ha sido excesivamente prolífica, aunque sí sumamente determinante, por lo que es más que evidente que tendrá relevancia de aquí a varios capítulos.

Y es ahí donde reside una de las mayores complicaciones de la serie de cara al futuro. La evolución del protagonista interpretado por Giuntoli ha sido notable, incluso ejemplar en muchos aspectos. Esta quinta temporada ha sido un contundente golpe dramático al introducir no solo el dolor de una pérdida, sino la confusión, la ira, el odio y la irracionalidad de muchas decisiones. Le han convertido en un rol más humano en un mundo más bien monstruoso, en un rol con el que identificarse en una historia fantástica que perfectamente podría haberse acomodado en una estructura policía tradicional con un componente de ficción. En lugar de eso, la historia ha sabido avanzar, con sus limitaciones, con sus defectos y sus virtudes. La presencia de la religión y de un objeto capaz de cambiar ese equilibrio, de no utilizarse correctamente, podría acabar con este trabajo.

De entre los muertos

La quinta temporada de Grimm es además un buen ejemplo de cómo esquivar los problemas de una hipotética mala decisión. El final de la anterior temporada dejaba en el aire la presunta muerte del personaje de Bitsie Tulloch (The artist), sin duda un giro argumental más que notable que habría dirigido la serie hacia terrenos más oscuros, más dramáticos. Esas posibilidades quedan en el olvido cuando el rol vuelve a aparecer al inicio de la presente etapa. Y de nuevo se recuperan gracias a la estructura dramática de esos primeros episodios.

En efecto, el orden de los factores en esta ocasión es determinante. Novia aparentemente muerta, compromiso paterno, nueva chispa romántica. Este desarrollo, y no otro, es el que ofrece al espectador una evolución coherente (al menos todo lo coherente que puede ser) de las emociones y la situación que vive el protagonista. La complejidad y lo difícil de sus decisiones convierten a este héroe en un personaje más humano, sobre todo si lo relacionamos con lo mencionado hasta ahora y con las diferentes tramas secundarias, que enriquecen notablemente el conjunto.

Se puede decir que la evolución dramática de la serie ha quedado intacta, en todo caso adquiriendo una mayor complejidad que, aunque empieza a rozar el melodrama, se aborda de tal forma que tiene un sentido narrativo sólido y atractivo. En medio de todo esto, el personaje de Reggie Lee (Safe), punto irónico en muchos momentos, se convierte ahora en un aliado con habilidades “especiales” cuya evolución es una incógnita, siendo como es foco de todo tipo de eventualidades.

En definitiva, esta quinta temporada de Grimm puede entenderse de dos modos: o como continuación de lo visto hasta ahora, con una mayor profundización en el drama y en los aspectos más oscuros de la trama, o como la puerta a un camino sensiblemente diferente, con elementos que hasta ahora parecían haberse dejado a un lado. En realidad, es un poco de ambas. La mezcla, realizada con inteligencia y prudencia, funciona a la perfección y mantiene el nivel alcanzado en temporadas anteriores, a veces incluso superándolo.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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