‘The Blacklist’ usa giros argumentales irregulares para superar la 3ª T.


Ryan Eggold y Megan Boone contraen matrimonio en la tercera temporada de 'The Blacklist'.Vistas tres temporadas, es momento de analizar a fondo porqué una serie como The Blacklist es capaz de aguantar episodio tras episodio, etapa tras etapa, sin perder aparentemente la frescura que tiene y lograr mantener el suficiente número de seguidores como para mantenerse en parrilla con aceptable éxito. No es por su calidad (las hay infinitamente mejores); no es por sus actores (sobre esto hablaremos más adelante); y desde luego no es por el desarrollo dramático de la trama (intermitente y muchas veces carente de cierta coherencia). La respuesta no es sencilla, y desde luego no pretendo sentar cátedra, pero al menos sí ofrecer algunas pinceladas de lo que podría ser.

Los 23 episodios de esta tercera temporada de la serie creada por Jon Bokenkamp (Vidas ajenas) confirman que su creador ha sido capaz de lograr un equilibrio extremadamente difícil entre el arco argumental general de la serie y las tramas episódicas que dan vida a la ficción. En lo que muchos otros han fracasado, siendo obligados a elegir entre uno u otro formato, Bokenkamp triunfa gracias a la combinación de acción y una serie de villanos a cada cual más atípico, cuyas funciones son tan extrañas como aterradoras en muchos casos. Esta originalidad logra suplir otras carencias, al menos en parte. La falta de un desarrollo constante en la historia de la protagonista queda, de este modo, a un lado, utilizándola cuando conviene como apoyo a la caza de estos villanos de una lista negra que, cada vez más, parece más una vendetta personal que otra cosa.

Esto impide, además, que el espectador tenga facilidad para seguir el argumento global de The Blacklist. Es cierto que existe una idea general de lo que ocurre (La Camarilla, el pasado soviético de la protagonista, espías, etc.), pero lo cierto es que, si no se asiste a la historia de forma constante, es decir, ver los episodios uno de tras de otro sin apenas descanso, el hilo conductor tiende a perderse. Y perdiéndose esto, es más sencillo introducir elementos que presumiblemente se habían pasado por alto, ya sea con conversaciones específicas o con secuencias complejas que combinen acción y drama. El resultado, por tanto, es el de una producción que sabe sacar cierto provecho de sus propias limitaciones.

Pero esas limitaciones están ahí, y hay ocasiones en las que son extremadamente manifiestas. Esta tercera temporada, y más concretamente su conclusión, es prueba de ello. La falta de imaginación para desarrollar el trasfondo dramático de los personajes es alarmante, convirtiéndoles prácticamente en arquetipos con pocas o ninguna dimensión. Que el pasado de los personajes de Megan Boone (Bienvenido a la jungla) y Ryan Eggold (De padres a hijas), pareja en la ficción, sea prácticamente idéntico puede parecer una broma. Y que el resto de secundarios con un peso específico en la trama no parezcan evolucionar a pesar de todo lo que viven a lo largo de los capítulos no es sino un síntoma claro de que la serie es un quiero y no puedo. Quiere desprenderse del carácter meramente entretenido para narrar una historia de traición, espionaje, conspiración y muerte, pero se queda en eso, en un intento.

Mejor sin la protagonista

Todos estos problemas, y muchos otros que no he mencionado, están complementados a su vez por la protagonista de The Blacklist. La falta de carisma de Boone es tan alarmante que resulta sorprendente que siga al frente de la trama. Podría argumentarse en su defensa que tener al lado a un actor de la categoría de James Spader (Deuda de honor) es una carga muy pesada, sobre todo para una actriz relativamente nueva. Pero dicha defensa cae por su propio peso cuando se compara con el resto del reparto, que ha sabido crecer (todo lo que lo permiten estos personajes) a lo largo de las tres temporadas, justamente lo contrario que ocurre con esta agente/hija de espías/fugitiva/lo que sea necesario.

Puede parecer ensañamiento, inquina o directamente odio, pero lo cierto es que la tercera temporada ha confirmado que este thriller está mejor sin ella. El final de temporada ha deparado uno de esos momentos valientes, arriesgados y aparentemente rompedores: la muerte de la protagonista. El giro dramático ha sido tal que ha transformado a todos los personajes, poniéndoles en una situación única. Por primera vez el personaje de Spader se deja llevar por las emociones; por primera vez el equipo del FBI parece romper con sus propios principios. Y por primera vez la trama de la serie se ha vuelto realmente interesante en lo que parecía una huída hacia adelante que apuntaba maneras.

E incido en el carácter condicional de estas frases. Porque esa decisión valiente, ese giro argumental arriesgado, es en realidad un engaño para volver a lo mismo, una suerte de golpe de efecto que enganche al espectador un par de episodios para luego devolverle a la realidad. Claro que ha servido también para introducir dos personajes nuevos que habrá que ver si son capaces de crear atractivo en una trama que se empeña en seguir por un camino de lo más tópico. Desde luego, de haberse confirmado la muerte de la heroína la trama habría dado un giro completo, quién sabe si a mejor (todo hacía pensar que sí). En cualquier caso habría sido más dinámico, pues toda la atención recaería sobre Raymond Reddington, que ha demostrado ser el verdadero atractivo de la serie.

Pero no. La tercera temporada de The Blacklist ha terminado siendo más de lo mismo, sin ofrecer al espectador algún giro que permita intuir un tratamiento o un futuro diferente al que parece que va a tener la serie. Golpes de efecto a modo de ganchos, algo de acción, malos muy, muy malos, y una trama que deambula entre lo interesante y lo anodino, entre la intriga y el drama más meloso y tedioso que se pueda imaginar. O lo que es lo mismo, entre un personaje atractivo como el de Spader y uno cada vez menos soportable como el de Boone. Es la carga que deben soportar los seguidores de la serie. Solo cabe esperar que los nuevos personajes, presumiblemente villanos que arrojarán algo de luz a la historia, mejoren el conjunto.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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