‘Dioses de Egipto’: demasiada fantasía para tan poca mitología


Nikolaj Coster-Waldau da vida a Horus en 'Dioses de Egipto'.La nueva película de Alex Proyas (Yo, Robot) es el mejor ejemplo de lo que Hollywood tiende a hacer con historias que tienen un base sólida. Los amantes de Egipto posiblemente encuentren la esencia de la mitología que rodea la historia de Osiris, Isis, Seth y Horus, incluyendo las luchas diarias de Ra por volver a salir cada mañana o el Juicio de Osiris, aunque un poco pervertido en su esencia. Sin embargo, la parafernalia que rodea a estos elementos, incluyendo un Egipto mágico y un tanto extraño, desvirtúan por completo lo que podría ser una cinta de aventuras mucho más humilde y sincera.

Sin entrar en el fondo de la elección de actores (algunos un tanto cuestionables), lo cierto es que Dioses de Egipto arranca con fuerza, asesinato fratricida y usurpación de poder incluidos. Y aunque los primeros compases de la trama, aproximadamente hasta el comienzo del segundo acto, sientan unas sólidas bases, la historia trata de abarcar tantos elementos de la mitología egipcia que termina por crear una amalgama de subtramas que perjudica el ritmo narrativo. Es entonces cuando el interés decae, los diálogos se tornan esposos y las secuencias de acción, espectaculares, introducen un lenguaje formal un tanto extraño.

A todo ello se suma, además, la necesidad de productores, director y guionista de introducir monstruos y amenazas de dimensiones apocalípticas para justificar un clímax que los egipcios narraron de forma mucho más sencilla y, a todas luces, menos caótica. Y aun siendo conscientes de la necesidad y el tono fantástico de la propuesta, dicho final no deja de poseer una grandilocuencia excesiva para el carácter aventurero y mágico que tiene el desarrollo en muchos compases del metraje. Dicho de otro modo, es demasiado final para tan poco aperitivo.

Así, Dioses de Egipto no es ni tan mediocre como muchos auguraban ni es una aventura humilde que permita explorar la magia del Egipto mitológico. Es, simple y llanamente, una cinta de fantasía que toma como justificación la lucha entre Horus y Seth para dar rienda suelta a una imaginación que muchas veces excede los límites que se marca la propia película. El problema de esto no es que no resulte creíble (hablamos de dioses con forma animal), sino que traiciona las reglas que parece plantear al comienzo, lo que llevará a mucha gente a desconectar de la trama. Aunque, con un poco de suerte, despertará la curiosidad por las relaciones entre los Dioses de Egipto. Y eso, al menos, ya es algo.

Nota: 6/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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