‘Mad Dogs’, la construcción de personajes como pilar de la serie


Ben Chaplin, Michael Imperioli, Romany Malco y Steve Zahn dan vida a los cuatro 'Mad Dogs'.Uno de los mayores beneficios que tiene el ‘boom’ seriéfilo que vive occidente en estos momentos es la capacidad de las grandes cadenas de nutrirse no solo de productos originales. También es capaz de mirar más allá de su ombligo (léase sus fronteras) y encontrar ideas, productos y narrativas capaces de adaptarse con excelentes resultados. Fue el caso de dos series como The KillingThe Bridge, y es el caso también de Mad Dogs, obra creada por Cris Cole que adapta su serie homónima producida en Reino Unido.

Su trama, para aquellos que no hayáis podido ver la versión norteamericana, que es en la que me centraré hoy, narra el viaje de cuatro amigos a Belice para visitar a un quinto miembro del grupo que ha logrado hacer fortuna. Una mansión en un entorno paradisíaco es el punto de partida, sin embargo, para un viaje a los rincones más oscuros del alma. El asesinato inicial de ese quinto amigo es el desencadenante de una carrera por salvar sus vidas que, y esto es lo más interesante de todo, hará aflorar las evidentes diferencias que existen en todo grupo de personas, incluso en aquellas que aparentemente se tienen en gran estima.

Y digo que es lo más interesante porque, más allá de la dinámica narración de estos 10 episodios, más allá del idílico entorno o de la acción desenfrenada que tiene en algunos momentos, Mad Dogs siempre se vuelve más atractiva cuando ahonda en las relaciones personales de los personajes interpretados por Ben Chaplin (Cenicienta), Michael Imperioli (serie Los Soprano), Romany Malco (Plan en Las Vegas) y Steve Zahn (Dallas Buyers Club). Cuatro protagonistas tan diferentes entre ellos, tan únicos, que la compañía mutua que se profesan pone al descubierto, a medida que se van presentando situaciones de riesgo, sus notables carencias humanas y morales.

El equilibrio que consigue Cole y la inteligencia del desarrollo dramático ofrecen al espectador una estructura sólida que permite conocer a los personajes como si fuéramos uno más de ese heterogéneo grupo. Y aunque eso puede llegar a convertirles en predecibles, a lo largo de los episodios los puntos de giro generan tal impacto que obliga a los protagonistas a tomar decisiones más allá de sus propias personalidades, lo que se traduce en un constante tour de force que engancha a la par que divierte.

Diversión malsana

Porque sí, Mad Dogs es divertida. Algo malsana, pero diversión al fin y al cabo. Y digo malsana porque, si nos paramos a pensar un segundo qué haríamos cada uno de nosotros en esa situación, la risa es lo último que se pasa por la cabeza. Pero volviendo al análisis puramente cinematográfico, la originalidad de la propuesta se sustenta no tanto en el punto de partida y el posterior desarrollo de los acontecimientos, que también, sino en el delicado equilibrio que crea Cris Cole entre drama, humor negro, acción y aventura.

En efecto, a pesar de que la serie es una ficción basada en sus sólidos personajes, a los que los actores aportan, por cierto, una entidad única, el desarrollo dramático es lo suficientemente dinámico como para no convertirse en un melodrama o, por el contrario, en una parodia de sí mismo. Las diferentes situaciones a las que hacen frente cambia por completo la forma de ser de los cuatro amigos. En este caso, lo interesante estriba en que no es un cambio necesariamente a mejor. A diferencia del tradicional tratamiento, los personajes no comienzan siendo mediocres para alcanzar una superioridad moral. O viceversa. No, simplemente son personajes humanos que, al enfrentarse a situaciones extraordinarias, crecen en todos los sentidos y en todas direcciones.

Precisamente este tratamiento humano de una situación casi irreal es lo que podría considerarse como la base de toda la serie. Evidentemente, muchos pensarán que el modo de actuar no se corresponde con la realidad. Es posible, pero lo cierto es que todo en esta serie está calculado al milímetro para exponer al máximo las fortalezas, debilidades y carencias de cada uno de los antihéroes que protagonizan este thriller. Y eso, más allá de su apariencia realista y de sus desequilibrios formales o dramáticos (que los tiene, aunque afortunadamente son pocos), es lo que finalmente termina por acaparar toda la atención.

Así que sí, Mad Dogs es una serie de personajes. Una comedia dramática con el thriller como trasfondo que mezcla drogas, corrupción, venganza y supervivencia a partes iguales. Una obra de cuatro amigos tan humanos y reales que resulta increíble que vivan situaciones semejantes. Pero ese punto intermedio entre realidad y ficción, entre humor y angustia, es lo que engrandece a unos personajes que terminan por ser el verdadero centro de atención. Dicho de otro modo, el entorno paradisíaco de Belice no es más que eso, un entorno. Perfectamente podría haberse ambientado en una gran urbe. Y el resultado, muerte arriba, muerte abajo, habría sido el mismo. La conclusión parece evidente: la construcción de personajes es, al menos en este caso, la piedra angular del relato.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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