‘Objetivo: Londres’: No podrán con nosotros


Gerard Butler acaba con toda una conspiración terrorista en 'Objetivo: Londres'.El éxito que tuvo hace tres años Objetivo: La Casa Blanca no tuvo nada que ver con la acción a raudales que desprendía cada fotograma. Ni siquiera la ironía de su protagonista, un Gerard Butler (El soldado de Dios) que podría acabar con un país entero mientras juega al parchís. No, el verdadero secreto de aquel film residía en la original propuesta de atacar un símbolo de Estados Unidos y en la relación que se establecía entre los personajes principales, amén de una narrativa más que solvente. Esa frescura, en cierto modo, se pierde en esta secuela y se sustituye con un mensaje mucho más patriótico y de rabiosa actualidad. Que eso sea algo bueno, malo o regular depende de cada uno.

Lo que está claro es que Objetivo: Londres es frenética, con un ritmo incesante a base de explosiones, tiroteos y combates cuerpo a cuerpo. Un ritmo que apenas deja tiempo para un mínimo desarrollo y que, por extensión, obliga al espectador a aceptar una serie de carencias que se disimulan, algunas mejor que otras, con la ironía del protagonista, la valentía del presidente interpretado por Aaron Eckhart (Love happens) y la lucha de los servicios de inteligencia británicos. Todos estos elementos conforman un conjunto distraído, divertido a ratos y a todas luces entretenido, que deja algunos detalles sobre los que reflexionar, aunque solo sea desde un punto de vista cómico.

La parodia de los principales dirigentes políticos europeos (en contraposición al heroico líder norteamericano, claro está) es el punto de partida de la denuncia social y política del film, cuyo final son dos discursos más patriotas que los padres de la Constitución cuyo contenido, en resumen, es que por mucho terrorismo que exista, nunca doblegarán a Occidente. Hasta cierto punto, este contenido político resulta interesante analizado en el contexto que vive el mundo actualmente, pero se vuelve pura panfletada en el contexto dramático de la historia, en la que un solo hombre, además de recorrerse Londres a pie, es capaz de acabar él solito con toda una organización terrorista.

Pero tal vez una crítica en este sentido sea exigirle demasiado a Objetivo: Londres. Lo cierto es que la película de Babak Najafi (Sebbe) es un entretenimiento puro, con todos los ingredientes para sacar una sonrisa, para generar espectáculo y para despertar ese sentimiento que solo Estados Unidos sabe sacar. Visualmente potente (el plano secuencia del ataque final es espléndido), su trama tal vez sea excesivamente lineal, sin grandes sobresaltos y con villanos secretos más previsibles que el movimiento de un péndulo. Pero repito, tal vez sea exigir demasiado. Al final, esta secuela es, pues eso, una secuela. Restada la originalidad de la primera, lo que resta es un buen film de acción. Y eso no es necesariamente malo.

Nota: 6/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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