‘Altamira’: bonito homenaje sin alma


Antonio Banderas es el principal protagonista de 'Altamira'.Dice Álvaro Longoria, productor de lo nuevo de Antonio Banderas (Autómata), que la cinta ha nacido de un documental sobre la conocida como Capilla Sixtina del arte rupestre. Y eso es algo que pesa demasiado sobre el resultado final. Para bien y para mal. Decir que es un mal film sería tan injusto como asegurar que es una preciosa obra de arte. Al final, la realidad se encuentra en los grises, aunque habría que matizar qué tipo de gris.

Porque Altamira, el documental, es una preciosa obra pictórica tanto de lo encontrado en aquella cueva hace ya tantos años como del paisaje que la rodea, con unos escenarios que envidian muchas producciones internacionales. Desde un punto de vista puramente plástico, la película de Hugh Hudson (Carros de fuego) es una recreación visual sin parangón, tanto en lo que a diseño de producción se refiere como a vestuario y uso de la planificación, secuencias oníricas incluidas. El director demuestra que como narrador, a pesar de elecciones cuestionables (algunos cara a cara entre personajes están abordados de forma artificiosa), es una sólida apuesta.

El problema es que la cinta no puede sustentarse únicamente en el envoltorio. Es necesario un contenido. Y es aquí, donde el documental debería dar paso a la ficción, donde el proyecto se oscurece tanto como la cueva a la que hace referencia el título. La narrativa dramática de la historia es intermitente, por no decir incompleta. Si bien es cierto que el arco dramático principal, el que afecta al protagonista interpretado con solidez por Banderas, está bastante bien desarrollado, la ausencia de tramas secundarias coherentes convierten a los secundarios y antagonistas en meras comparsas, en simples instrumentos al servicio de una idea: ensalzar la figura de Marcelino Sanz de Sautuola. Quizá el mejor ejemplo esté en la reacción de la comunidad científica al descubrimiento, narrado sobre el papel de forma burda y tosca.

Asimismo, el guión no termina de ahondar en las consecuencias sociales que tiene el aislamiento al que es sometido el protagonista. Se intuye a través de secuencias, comentarios y miradas, pero la ausencia de conflicto real y palpable resta dramatismo al devenir de su cruzada, que para colmo es interrumpida por un paréntesis de 20 años. A este respecto es importante señalar que muchas de las secuencias parecen inconclusas, como si el escrito inicial (o tal vez el montaje final) haya decidido dejar en el aire reacciones y conclusiones. El problema, o al menos esa es una sensación puramente personal, es que sin esas conclusiones la historia parece cojear, pidiendo a gritos un alma que parece negársele.

Y dado que la banda sonora compuesta por Mark Knopfler ha sido otro de los atractivos de la producción, cabe señalar que la música se asemeja más a lo escuchado en La princesa prometida que a un drama de época. Y que cada lector saque sus conclusiones de esto. Sea como fuere, Altamira es un producto hecho y pensado para revitalizar el nombre de Sautuola y poner a Cantabria en el mapa mundial. La cuestión es si eso debe hacerse con un sentido dramático o simplemente como un escaparate de los hechos. Desde luego, el film logra su objetivo de enaltecer la figura del descubridor de la cueva y su tesoro escondido, pero carece del alma suficiente para estremecer con su lucha contra la sociedad.

Nota: 5/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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