‘¡Ave, César!’: el absurdo del humor negro


Scarlett Johansson y Josh Brolin son dos de los protagonistas de '¡Ave, César!'.Un caos absoluto. Un mundo en el que los egos se mezclan con los intereses económicos, en el que la Guerra Fría y la amenaza del comunismo conformaban un paisaje de fondo constante, y en el que casi nada es lo que parece. Así describen los hermanos Coen (Un tipo serio) el Hollywood de los años 50. Y en esta suerte de caos en el que todo termina saliendo bien es donde la película logra sus mayores logros, pero también donde se encuentra con sus mayores problemas.

Y es que ¡Ave, César! contiene demasiados personajes secundarios que ayudan a crear ese microcosmos que es el estudio de cine en el que se ruedan muchas y variopintas películas (desde western hasta musicales, pasando por dramas y, cómo no, peplum), pero que al mismo tiempo desvían la atención de la trama principal, lo que no hace sino ralentizar el ritmo del desarrollo dramático. En muchas ocasiones da la sensación de estar ante un episodio largo de alguna de las sitcom más populares de la parrilla televisiva actual, aunque sin el humor tan evidente que estas contienen.

Este es el gran problema. Los hermanos Coen apuestan por una estructura narrativa inconexa, que vive de los surrealistas personajes que aparecen y desaparecen sin dejar la huella necesaria en el espectador, ni digamos ya en la historia principal. Es cierto que muchos de ellos, por no decir todos, aportan su granito de arena a un humor ácido y negro que divierte y entretiene, pero no es menos cierto que su poca presencia en el conjunto general hace inviable poder apreciarlos en todo su esplendor. Y algunos de ellos, como es el caso del director interpretado por Ralph Fiennes (Cegados por el sol) o el actor al que da vida Channing Tatum (El destino de Júpiter), piden a gritos más minutos en pantalla.

Al final, el título no solo hace honor al contenido de la trama, sino a la impresión general del film. ¡Ave, César! es el título de una película sobre la vida de Cristo. Una incongruencia que se traslada al propio cariz de esta comedia de los hermanos Coen, plagadas de personajes que rozan el absurdo y de un humor que divierte por momentos, que mantiene siempre un nivel óptimo de sonrisa en el rostro del espectador, pero que se diluye entre tanto personaje, tanta secuencia de película diferente y tan poca unión entre ellas. Es la vida de un estudio de cine.

Nota: 6/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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