6ª T. de ‘The Walking Dead’ (I), la necesidad de un primer acto


Andrew Lincoln vuelve a convertirse en Rick Grimes en la sexta temporada de 'The Walking Dead'.Ahora que comienza la segunda parte de la sexta temporada de The walking dead es un buen momento para repasar lo que ha sido esa primera mitad de temporada con los ya tradicionales 8 episodios. Y como dice el título de este texto, la trama de estos capítulos podría entenderse como el primer acto de algo, presumiblemente algo gordo, que está por llegar. Los que hayan leído el cómic de Robert Kirkman, Charlie Adlard y Tony Moore sabrán que ese “algo” tiene por nombre Negan, por lo que esto podría entenderse como la calma antes de la tormenta. Sin embargo, y como suele pasar en la serie, esa calma es mucho más.

Una de las principales características de la serie, y también uno de los aspectos que más críticas levanta, es la necesidad que tiene la trama de estar constantemente presentando conflictos internos de los individuos ante un contexto que les ha convertido en seres absolutamente desconfiados. El final de la quinta temporada evidenció el extremo al que había llegado su protagonista, un Andrew Lincoln (Los seductores) que ha hecho suyo un personaje complejo y lleno de claroscuros. Y el comienzo de esta sexta lo que viene a demostrar es la necesidad del ser humano de confiar los unos en los otros para poder sobrevivir, incluso cuando eso ponga en peligro nuestras vidas.

Y es precisamente esto lo que se aborda en esta primera parte de The walking dead. No se trata de volver a ver a un grupo acomodado dentro de un perímetro; no se busca un enfrentamiento interno por celos o luchas de poder (aunque algo hay). Es, simple y llanamente, volver a empezar, crear una familia más grande de lo que estábamos acostumbrados. Esa línea argumental, explicada claramente en el octavo episodio, sustenta tanto los conflictos que se desarrollan como las decisiones que toman los personajes, algunos más débiles y otros más fuertes, como es lógico.

Ahora bien, habría que preguntarse cuál es el objetivo de establecer esta línea argumental en una mitad de temporada, cuando es algo que podría abordarse a lo largo de toda una temporada, e incluso de varias. La respuesta está, de nuevo, en Negan, ese personaje que, aunque no se menciona por su nombre, ya parece tener presencia en varios episodios. La presencia futura de este enemigo obliga a la trama a resolver los problemas internos del grupo, al menos los más llamativos. Una especie de primer acto dramático en el que los personajes son presentados, en el que se sientan las bases del posterior desarrollo y en el que ya se establece un primer punto de giro, como demuestra ese octavo episodio.

De lobos y hombres, otra vez

Y si el final de la quinta temporada de The walking dead ponía de manifiesto que el protagonista y su grupo habían cambiado, convirtiéndose en una suerte de lobos para el resto de individuos, en estos ocho episodios se incide cada vez más en otro tipo de lobos humanos, aquellos que precisamente llevan la W (wolf, lobo en inglés) en su frente. Un grupo despiadado, acostumbrado a matar y a coger todo lo que quieren o necesitan. Su presencia, aunque excesivamente arbitraria e intermitente, sí es una forma de introducir poco a poco a los enemigos más importantes de esta serie de zombis, que no son otros que los propios humanos.

Su presencia, unido al gran arco dramático de esta primera parte (el rebaño de zombis dirigiéndose a la ciudad), es el auténtico desencadenante de todos los aspectos de la historia. Algo que también es habitual en la serie, por cierto. El ataque a la ciudad, sin ir más lejos, es lo que provoca tanto nuevas alturas de miras en varios personajes como la aparición de miedos, iras o desconfianzas. Es decir, de una mayor carga dramática. Unido a la incógnita de conocer a quién obedecen, la ignorancia sobre la identidad de los atacantes incrementa el carácter desconcertante y aterrador de su aparición en escena.

Pero no hay que olvidar que es una serie de zombis, y como tal debe tener zombis. Y sé que suena redundante y hasta absurdo, pero muchas veces puede dar la sensación de que es más importante lo que ocurre entre los personajes que lo que ocurre a su alrededor. Y en cierta medida, ese es el gran atractivo de esta serie. Pero los momentos más violentos, viscerales y sangrientos de la ficción también tienen su relevancia, y en esta primera parte alcanzan cotas notables. Baste mencionar la aparente muerte de Glenn (un cada vez más sólido Steven Yeunn, visto en Orígenes) como uno de los momentos más salvajes, o el final del último episodio, todo un ejemplo de tensión dramática y de gancho narrativo.

A primera vista, a muchos les parecerá que la primera etapa de la sexta temporada de The walking dead es, como argumentarán, tan lenta como muchos pasajes de la serie. Pero un vistazo más en profundidad permite apreciar algo más. Mucho más, mejor dicho. El desarrollo dramático de las relaciones entre los nuevos y los conocidos personajes posee algunos de los mejores momentos vistos en esta ficción, y ofrece una vía de trabajo narrativo muy interesante al conjugar la transformación de Rick (más salvaje y dispuesto a todo) con los todavía neófitos habitantes de Alejandría. El pasado y el presente de Rick Grimes parecen fundirse en uno entre los muros de esta ciudad. Todo para esperar el infierno que está por llegar.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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