‘Macbeth’: la bella fuerza del minimalismo


Michael Fassbender y Marion Cotillard protagonizan la nueva versión de 'Macbeth'.Una nueva versión de una obra de teatro de William Shakespeare siempre tiene dos caras. Por un lado, es muy difícil no lograr una película más que correcta, con todos los ingredientes que se esperan de un drama atemporal como los que escribió el dramaturgo inglés. Pero por otro, es igual de difícil conseguir que esa adaptación destaque por encima del resto, precisamente por la cantidad de veces que se han llevado al cine. Por eso esta segunda película de Justin Kurzel (Snowtown) tiene el mérito que tiene.

Porque no solo tiene un desarrollo dramático notable, sino que la puesta en escena utilizada por el director es espléndida. Aprovechando al máximo el minimalismo de unos decorados naturales, Kurzel compone una obra arrebatadoramente bella y apasionadamente violenta, en la que la luz se combina con el color para mostrar al espectador toda una paleta de tonalidades que ayudan a la historia a ahondar más en las emociones que describe la obra. Ambición, dudas, angustia, miedo. Prácticamente todos los estados que vive el protagonista, incluyendo la batalla final, tienen un color propio. A ello se suman unos decorados asépticos y muy teatrales en los que lo que más destaca son los actores.

Y menudos actores. Tanto Michael Fassbender (Frank) como Marion Cotillard (Lazos de sangre) van más allá de la simple carga dramática para dotar a sus personajes de una entidad que ofrece, aunque sea sutilmente, varias interpretaciones en la relación entre ellos. Lo que logra Fassbender con su Macbeth es simple y llanamente la obra de un actor que no se conforma con volcar la clásica ambición sobre sus actos, dotándoles además de la soberbia, el miedo y los remordimientos en prácticamente todo el metraje. Y Cotillard no se queda atrás. Su monólogo final, en un único primer plano que permite captar hasta el más mínimo pestañeo, es impagable.

De este modo, Macbeth logra superar la simple adaptación de la obra de teatro para componer un bello y potente film acerca de la ambición, del poder y de la ruina a la que lleva el ansia de lograr por medios ilícitos aquello que nos es prometido. Una cinta visceral en la que no son solo los actores los que llevan el peso de la historia, sino en la que la puesta en escena y la narrativa del director, combinando cámara lenta y rápida, iluminación y color, dicen tanto o más que los diálogos. Se le puede achacar falta de ritmo en varias ocasiones, pero queda compensada por la belleza y dureza que desprende la película.

Nota: 7,5/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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