‘El puente de los espías’: hombre firme, hombre tranquilo


Tom Hanks y Mark Rylance protagonizan 'El puente de los espías'.Hay algo en el cine de Steven Spielberg que le diferencia del resto. Dicho así, puede sonar a obviedad, pero lo cierto es que nadie, ni siquiera los mejores directores del panorama actual, tienen la magia que tiene el director de La terminal (2014). Llámese magia, aunque me decanto más por un lenguaje tan particular como universal, capaz de aprovechar al máximo todos los elementos de la narrativa audiovisual para componer cualquier tipo de historia. Y todo ello alejado de histrionismos y montajes alocados que no solo impiden una correcta comprensión de lo que sucede, sino que son señal de poco control sobre el resultado final.

Un director firme y tranquilo, como los protagonistas de El puente de los espías, una de esas cintas que en manos de otro director podría considerarse menor, pero que el talento de Spielberg convierte en un drama humano, en un thriller con tintes sociales y morales muy marcados, en una compleja y sencilla historia, en definitiva. Porque sí, la trama es más bien simple, e incluso su desarrollo dramático es excesivamente lineal. Pero es en lo que sucede durante ese viaje donde se halla el verdadero atractivo del film, principalmente en unos diálogos que juegan en todo momento al gato y al ratón, ofreciendo una segunda lectura que, como sugieren todos los profesores de guión cinematográfico, es lo que debe tener toda conversación.

En este sentido, la mano de los hermanos Coen (Un tipo serio) también se aprecia a lo largo de la trama. Su humor negro y su humanización de los personajes hace de esta historia de la Guerra Fría, de espías y de líderes de la inteligencia norteamericana y soviética, un compendio de ironías a cada cual más notable. Precisamente esto es uno de los valores más interesantes del film, pues permite apreciar el estoico aguante del rol de Tom Hanks (Al encuentro de Mr. Banks), espléndido como siempre, ante los engaños y envites de personajes que se consideran por encima del bien y del mal. La postura de este abogado de seguros ante el suceso, no solo el canje de prisioneros sino, en general, ante la justicia norteamericana, es todo un alarde de sinceridad moral. Y posiblemente esa defensa de los valores norteamericanos, con unos discursos algo patrióticos, es lo que más chirríe en la película.

Y es que, en el fondo, El puente de los espías no es un alegato a favor o en contra de un estilo de vida. Es, simple y llanamente, la defensa de una forma de ser, de la integridad moral del individuo ante los ataques y las tentaciones de la sociedad por dar gusto a los instintos más básicos y primarios, desde el miedo hasta la dominación del otro. Es aquí donde logra los mejores momentos, aunque sin perder de vista el contexto en el que se mueve (la construcción del Muro de Berlín y lo que ocurre en dicho lugar es aterrador). Spielberg vuelve a demostrar, si es que alguien necesita que se lo demuestren, que está lejos, muy lejos, de los grandes directores del momento. No digamos ya de los realizadores encargados de productos precocinados.

Nota: 8/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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