‘Show me a hero’, la espiral autodestructiva de la adicción al poder


Oscar Isaac protagoniza la miniserie 'Show me a hero'.Es muy difícil ver entre las series actuales un producto como Show me a hero, miniserie basada en el libro de Lisa Belkin que han escrito David Simon y William F. Zorzi, cerebros detrás de The aire, y que ha dirigido Paul Haggis (Crash). Esa dificultad no radica en su temática, ni siquiera en su estructura, sino en el enfoque que sus responsables aportan a un tema tan actual como antiguo: la tolerancia, la lucha de clases y, sobre todo, la adicción. Porque sí, a lo largo de sus seis episodios la trama trata sobre muchas, muchísimas cosas (uno de sus mayores atractivos), pero lo que subyace en el fondo es una historia de adicción. Curiosamente, las drogas son lo de menos.

Aquellos que no conozcan la historia de Nick Wasicsko (interpretado maravillosamente por Oscar Isaac –Las dos caras de enero-) posiblemente se sorprendan de que los problemas de integración que pueden verse hoy en día en muchas ciudades y barrios del mundo ya se daban en los años 80. La lucha de algunos concejales y alcaldes por lograr una mejor calidad de vida para todos sus ciudadanos se encontró no solo con la oposición de políticos, sino con el rechazo social, hasta el punto de pagar las decisiones sociales y morales con toda una carrera política. Sin desvelar el final de este personaje, protagonista de un particular infierno, sí es importante dejar claro que el título de la serie es un claro homenaje a lo que logró y, como ya he dicho, al precio que tuvo que pagar para ello.

Pero volviendo a la idea de la adicción, auténtico meollo de Show me a hero, cabe destacar la labor realizada por Simon y Zorzi en calidad de guionistas. Su forma de impregnar el desarrollo dramático de esa pátina autodestructiva que supone cualquier adicción hace que la trama se mueva en todo momento por senderos previsibles aunque no por ello menos interesantes. En realidad, lo que se consigue con la sutileza aportada por ambos guionistas es una sensación de estar ante un inevitable precipicio que, sin embargo, solo empieza a atisbarse a partir del cuarto episodio, cuando la espiral en la que entra el protagonista se torna evidente. Casualidad o no (me inclino a pensar que no), los acontecimientos a los que se enfrentan muchos de los personajes secundarios terminan por disimular la verdadera adicción que explica la serie, y que en algún que otro momento se llega a explicar.

Una adicción al poder, a ser reconocido, a tener esa posición social y política que genere toda una serie de corrientes de comunicación y de actuación que permitan, en una palabra, sentir utilidad y notoriedad. Da igual si la adicción se trae de casa o si se adquiere una vez se prueban las mieles del éxito. Lo interesante, y en esto la serie acierta de lleno, es asistir al proceso de descubrimiento, comprender que lejos del drama social que narra, esta miniserie adquiere un mayor significado al desarrollar una complejidad sin igual en su protagonista. La inocencia con la que inicia el camino, ya sea real o ficticia, desaparece en los compases finales de la producción, revelando un rol ambicioso, capaz de lo que sea por catar de nuevo las mieles del poder. Esa desesperación, esa pérdida de control de nuestra propia conciencia y moral, es lo que termina definiendo esa adicción.

Reparto de campanillas

Y eso, más allá de aspectos formales y narrativos, es el gran acierto de Show me a hero, que escapa del drama social al uso para exponer un arco dramático apasionante, fascinante y, por último, compasivo. No cabe duda de que el triángulo formado por Haggis, Simon y Zorzi, e Isaac es el alma de esta serie. La apuesta narrativa de Haggis, director habituado y aficionado a las historias corales con tramas interconectadas, es tan sobria como sugerente. De la estructura creada por Simon y Zorzi poco más se puede decir, salvo que adentra al espectador en un drama para terminar mostrándole otro relativamente diferente. E Isaac… bueno, simplemente se convierte en su personaje.

Pero en la serie brillan con luz propia muchos otros elementos. Comenzando por un reparto de campanillas en estado de gracia (en el que destacan nombres como Alfred Molina, James Belushi o Catherine Keener), y terminando por un diseño de producción, vestuario y maquillaje imprescindible (las imágenes finales de la época así lo confirman), este biopic trata en todo momento de acercarse a la realidad de una época convulsa en sus ideales y dramática en su día a día. Posiblemente esto sea, al mismo tiempo, una ventaja y un inconveniente, pues en este caso la realidad tiene muchos momentos de tedio, de estática, lo que juega en contra de un desarrollo fluido.

Un análisis posterior, sin embargo, permite apreciar que incluso en los momentos en los que parece que la historia se estanca lo que existen en realidad es un desarrollo de, precisamente, dichas adicciones. Por supuesto, existen las consecuencias directas de las drogas y del poder, pero hay muchas adicciones más, entre ellas al amor (lo que lleva a una joven a perder su casa). Evidentemente, esto queda algo diluido en el desarrollo, que también se ve lastrado por la necesidad de narrar muchas historias personales, tal vez demasiadas, en un periodo de tiempo muy largo. Esto exige del espectador algo más que sentarse delante de una pantalla, y en cierto modo eso también enlaza con la idea inicial de que esta serie no es algo habitual en las parrillas.

El resumen de este análisis podría ser que Show me a hero es una miniserie notable, con un interés que va más allá de lo dramático. Un biopic que permite al espectador ahondar en la figura de un político que terminó siendo adicto al poder (que lo fuera antes es algo que queda a discreción de cada uno). Pero también es una producción difícil que no tolera un primer acercamiento ligero. Exige mucho, pero también aporta mucho. Socialmente hablando ofrece interesantes conclusiones sobre la sociedad en la que vivimos, incluso cuando la historia se retrotrae más de 20 años. Psicológicamente hablando creo que no hace falta decir más. Una serie recomendable para paladares exigentes.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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