‘Everest’: competir contra la montaña sale caro


Jake Gyllenhaal y Jason Clarke son dos de los protagonistas de 'Everest'.Puede parecer que el género del alpinismo cinematográfico es algo nuevo, pero en realidad es tan antiguo como el propio séptimo arte. Digo esto porque, después de cintas que han desvirtuado en cierto modo el espíritu de superación y de sufrimiento de este tipo de historias, la nueva película de Baltasar Kormákur (Las marismas) recupera en cierto modo ese espíritu con una historia real que, incluso con algunas debilidades, es capaz de clavar en el asiento hasta al más pintado.

Y lo hace con una herramienta de lo más sencilla: la humildad del relato. Viendo el reparto y la espectacularidad de su fotografía podría llegar a pensarse que estamos ante una superproducción del hombre contra la montaña en la que, con el héroe de turno, los buenos alcanzan su objetivo y los malos son castigados por justicia divina. Y sí, hay imágenes sobrecogedoras. Y desde luego, del reparto poco se puede decir salvo para halagar su labor. Pero todo ello funciona gracias a una visión sincera, próxima a los personajes y alejada de heroicidades de andar por casa o de dualidades entre bondad y maldad. En realidad, el relato se vértebra a través de la humanidad de unos hombres con un deseo, y de cómo dicha humanidad debe dejarse a un lado en un entorno tan hostil si se quiere sobrevivir.

Me imagino que no seré el único que, tras sufrir con los minutos finales del film, reflexione acerca de por qué ocurre lo que ocurre. Pero como todo en la vida, son varias las causas, y muchas, muchísimas, las variables que juegan un papel determinante. Ese es uno de los atractivos de este drama que en ningún momento trata de juzgar a sus personajes, sino que los refleja tal y como son en una circunstancia extraordinaria. Esa claridad de ideas, esa sensación de luchar contra algo que está más allá del alcance del hombre, es lo que dota de fuerza al film, y que permite a la historia sobreponerse a sus huecos narrativos, la mayoría relacionados con el trasfondo de los personajes.

Hay muchos detalles que captan la atención del espectador en Everest. Pero al final es la historia, la sencillez de unos hombres que se ayudan entre ellos sin convertirse en héroes, y sobre todo la falta de dramatismo lacrimógeno o de heroísmo innecesario, lo que convierte a la película en un relato tenso, capaz de angustiar ante un destino inexorable y que sabe manejar los tiempos con soltura, centrando el grueso de su tiempo en lo realmente importante. Puede que esto vaya en detrimento de un mayor estudio de los personajes, pero lo cierto es que tampoco es demasiado necesario. Al final, son hombres luchando contra una montaña. Y esa competición no entiende de pasados, solo del precio a pagar en el presente.

Nota: 7,5/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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