‘1864’ desgrana la locura de la política que sustenta la guerra


'1864' es un fiel reflejo de la locura que hay detrás de la guerra.Es fácil encontrar producciones bélicas en las que los héroes, incluso cuando terminan siendo una suerte de mártires, pertenecen al bando ganador. E incluso son comunes los relatos en los que el héroe pertenece a los villanos (normalmente los nazis en la II Guerra Mundial). Pero que un país produzca una serie crítica y dura sobre la locura de una guerra en la que, además, terminó siendo derrotado, eso es algo que no se ve todos los días. Por eso 1864 es tan especial, más allá de sus logros técnicos e interpretativos (y sus errores, que también existen).

Desde luego, el trabajo del autor de la trama, Ole Bornedal (El vigilante nocturno) es sumamente interesante. Con saltos temporales entre el presente y la época en la que Dinamarca decidió enfrentarse a Prusia y el Imperio Austríaco en la llamada Guerra de los Ducados, esta miniserie de 8 episodios recoge magistralmente los diferentes sentimientos que convulsionaron a la sociedad danesa en aquellos años. Desde el sentimiento patriótico y mesiánico de sus dirigentes hasta el triángulo amoroso de los protagonistas, pasando por el odio, el racismo, la intolerancia e, incluso, el comunismo de Marx, la ficción compone un cuadro que, como si de la pintura que acompaña a los títulos de crédito se tratara, parece tan real como aterrador.

Curiosamente, lo más interesante de 1864 no es el desarrollo de los movimientos bélicos, sino el modo en que la sociedad, sobre todo la alta sociedad, vive la guerra. Ajenos al horror de las trincheras y de los nuevos armamentos, conciben el choque de ejércitos más como un divertimento que como una sangrante locura. La forma en que los dirigentes hablan de los soldados, como si fueran meros peleles sin alma (se habla de miles de muertos con la misma calma con la que se atiende a un espectáculo), es casi más aterradora que los violentos momentos que deja la serie. El modo en que Bornedal desarrolla poco a poco la locura que se apodera de la sociedad danesa es tan inteligente como sutil, entendiéndolo como un aspecto más de la trama cuando, en realidad, su fuerza es tal que termina por ser lo más atractivo.

Y esto posiblemente sea un defecto, o al menos podría serlo desde el punto de vista de los protagonistas. Los dos hermanos interpretados por Jens Sætter-Lassen (ID:A) y Jakob Oftebro (Cuando despierta la bestia), aunque con una trama común bien desarrollada y con interesantes puntos de giro (algunos un poco previsibles), terminan por ser peones en ese juego de las altas esferas. Es por eso que la obra resultan tan atractiva: permite al espectador tener una visión amplia de lo que es la política en tiempos de guerra, aunque sin dejar a esta de lado, convirtiéndola más en un contexto que en la protagonista de la historia.

Un relato de personajes

Aunque si algo destaca por encima de cualquier otro aspecto de 1864 son los personajes. Sencillos, naturales, enigmáticos. No existe ningún aspecto de los roles principales y secundarios que debilite la trama. Más bien al contrario, es gracias a ellos que la serie, en muchos momentos, adquiere un interés mayor que el que podría parecer en un principio. Y de nuevo, no es el triángulo amoroso el más interesante. De hecho, y esto es una percepción puramente personal, la labor de Marie Tourell Søderberg (Spies & Glistrup), el amor de los dos hermanos, resulta excesivamente teatral. Pero independientemente de esto, Bornedal elabora de forma más detallada los personajes secundarios, convirtiéndolos en los auténticos protagonistas.

Entre ellos destaca sobremanera el de Søren Malling (serie Borgen), tan misterioso como hipnótico. Sus conocimientos, su cautela, su experiencia, sus visiones y su forma de afrontar la muerte le convierten en un líder, en una especie de enviado que trata de cambiar un futuro que conoce de antemano. La labor de Malling aporta un grado mayor de misterio, lo que eleva su rol por encima del resto. Es, sin duda, el más interesante, sobre todo porque una vez finalizada la trama muchas de las preguntas quedan sin respuesta, manteniendo el halo de misterio a su alrededor.

Pero es solo una muestra. En realidad, la producción acoge bajo su seno una serie de personajes que, aunque en cierto modo son arquetípicos (el capitán cobarde y borracho, los soldados y su relación fraternal, etc.), conquistan al espectador gracias a la naturalidad con la que son definidos. Incluso aquellos más indeseados, como podría ser la cúpula política (definida literalmente como locos mentales), terminan por satisfacer las demandas de una trama que, por lo demás, sigue un desarrollo dramático relativamente clásico, y en el que apenas existen giros argumentales que realmente puedan sorprender.

Aunque la realidad es que 1864 tampoco pretende ser un relato sobrecogedor en su descripción de la guerra. Consciente de que eso ya existe en cine, televisión, literatura y hasta música, Ole Bornedal opta por centrar el interés en lo que siempre ha existido detrás de toda guerra, en lo que ha llevado a los jóvenes a morir por unos ideales que consideraban suyos pero que, en realidad, les habían sido impuestos: la locura de los poderosos. Una locura que, con el caldo de cultivo adecuado, puede llevar innecesariamente a un país hasta las puertas del infierno.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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