2ª T de ‘True detective’, historia más compleja en formato más clásico


Colin Farrell, Taylor Kitsch y Rachel McAdams protagonizan la segunda temporada de 'True Detective'.Más tradicional en su forma pero más compleja en su contenido. Ése es, a grandes rasgos, el resumen más aproximado que se me ocurre de la segunda temporada de True detective, la serie creada por Nic Pizzolatto (cuya experiencia previa eran un par de episodios de The killing) que aborda un nuevo caso con nuevos personajes en estos segundos 8 episodios. Habrá quien quiera compararla con esa joya del cine (y digo cine, no televisión) que es la primera parte, pero lo cierto es que sería como querer comparar El silencio de los corderos (1991) y Seven (1995). La verdad es que las comparaciones siempre son odiosas, y en el caso que nos ocupa muy, muy injustas.

Porque esta nueva trama, tan contemplativa, preciosista y fatalista como la primera, es en sí misma una auténtica obra de arte. Partiendo de la base de que es una historia sobre perdedores, sobre hombres y mujeres abocados a un futuro inexistente en el que el dolor, la muerte y la traición marcan un destino inevitable, esta temporada presenta unos engranajes extremadamente elaborados, con sutilezas que exigen del espectador algo más que sentarse delante de una pantalla y con una complejidad dramática notablemente alta. Basten como ejemplos los roles de Colin Farrell (La señorita Julia), quien vuelve a demostrar la amplia variedad de recursos que tiene, o Rachel McAdams (El hombre más buscado), sin duda uno de los grandes aciertos de la serie. Ambos representan, cada uno a su modo, el alto nivel psicológico y emocional que alcanzan los personajes.

Y hablando de personajes, la segunda temporada de True detective es, ante todo, una historia de personajes. Si la primera etapa utilizaba los saltos temporales para narrar una historia a lo largo de décadas, esta recurre a los atormentados protagonistas para hilvanar una trama que termina por unir el pasado, el presente y el futuro de absolutamente todos los personajes, incluso cuando no parecen tener relación ninguna. Y posiblemente lo más atractivo del conjunto es que no recurre a innovaciones formales, sino que se limita a construir una compleja historia a través de los impactos que tienen las decisiones en la vida del individuo, y cómo éstas definen lo que terminamos siendo. Una brillantez dramática que hipnotiza por sí sola y que engancha gracias a los giros dramáticos que se producen a lo largo del desarrollo.

Ahora bien, y dado que estamos hablando de los personajes, no es oro todo lo que reluce. Uno de los talones de Aquiles de estos 8 capítulos es Vince Vaughn (Los becarios), cuyo rol de mafioso traicionado y con un sentido de la moral muy concreto no colma las expectativas oportunas. No quiere esto decir que sea un mal personaje, ni siquiera que esté mal interpretado, pero desde luego no logra las cotas de complejidad que sí tiene, por ejemplo, el trío protagonista. Posiblemente se deba a las limitaciones del propio Vaughn, quien de este modo buscaba un vehículo para demostrar que sabe hacer algo más que comedia. Con todo, el final de su arco dramático lima muchas de las asperezas, ofreciendo una conclusión bella, simbólica y tremendamente emotiva.

Entre acción y reflexión

Si alguien quiere buscar un nexo de unión entre las dos temporadas de True detective, desde luego no lo encontrará en la historia o en la narrativa. Más bien, lo que une historias tan diferentes es la capacidad de Pizzolatto para combinar acción y psicología, dinamismo y reflexión. La segunda temporada, desde luego, hace gala de un contenido profundo, notablemente elaborado y con una exigencia cultural muy alta. El carácter trágico de los protagonistas aporta al conjunto una sensación casi derrotista, como la de un hombre obligado a destrozar una pared con los puños antes de perder las manos para siempre. Hombres y mujeres buenos marcados por un pasado equivocado, en el que los errores no perdonan y en el que los tormentos del rechazo de uno mismo termina por convertir en tragedia lo que podría haber sido un porvenir dichoso.

Pero al mismo tiempo, estos episodios dejan momentos de auténtica tensión, sobre todo el tiroteo en plena calle que termina con más muertos que vivos en todos los frentes, incluyendo varios inocentes. Es posiblemente el gran punto de inflexión de la trama, y desde luego uno de los mejores momentos de la temporada. Pero no es la única. El final de varios personajes es un auténtico tour de forcé en el que se ven abocados a una guerra personal contra fuerzas que tardan demasiado en comprender, lo que aporta a las secuencias de acción un carácter aún más dramático del que tienen de por sí. Posiblemente el único que no encaje demasiado, entre otras cosas porque está un poco forzado dentro de la trama, es el de Taylor Kitsch (El único superviviente), aunque entra dentro de las necesidades dramáticas del guión.

Es cierto, por tanto, que la trama es compleja, tal vez demasiado. Tiene muchas ramificaciones, muchas líneas secundarias de desarrollo que pueden generar algo de confusión. Pero al igual que ocurría con la primera temporada, lo importante no es tanto el viaje (que personalmente es sobresaliente) como las conclusiones que deja. Y en este sentido, con un repaso de todos los detalles de la historia, de cómo lo que ocurre en una trama influye en otra de forma incuestionable para terminar por unirse años después, la conclusión a la que se llega es que estamos ante uno de los productos más interesantes que existen en la televisión. Se ha acusado a Pizzolatto de diálogos que no llevan a ninguna parte, de trama excesivamente compleja y de verborrea incesante. Bueno, eso existió desde el principio y nadie criticó a Matthew McConaughey (Interstellar).

El problema que arrastra la segunda temporada de True detective, y que no es suyo por suerte o por desgracia, es la constante comparación con la primera historia. Lo que supusieron aquella narrativa y el personaje de McConaughey (no nos engañemos, es una obra maestra) hace sombra a cualquier cosa, incluso a una genialidad como estos 8 episodios. ¿Historia más compleja? Por supuesto, pero ahí está su gran atractivo. La forma en que su creador es capaz de aunar a todos los personajes en un caso policial que supone una revisión de sus pecados es simplemente brillante. Que guste más o menos es una cosa, pero siempre y cuando no salga a colación lo magnífica que fue la primera. Repito, querer compararlas es un trabajo fútil. Lo cierto es que la serie es una de las obras más interesantes, complejas y estimulantes de la televisión actual.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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