‘Revenge’ ofrece un final lógico en una 4ª temporada absurda


La cuarta temporada de 'Revenge' no ha estado a la altura.Cuatro temporadas. Eso es lo que ha llegado a durar la serie Revenge, drama creado por Mike Kelley (serie O.C.) acerca de la venganza que una joven lleva a cabo contra aquellos que incriminaron a su padre en un atentado terrorista. Cuatro temporadas que perfectamente podrían haberse quedado en tres, e incluso menos si tenemos en cuenta que algunos pasajes de las anteriores etapas no son, digamos, memorables. A modo de epílogo, los 23 episodios finales son un perfecto resumen de todo aquello que ha caracterizado a la trama, tanto lo bueno como lo malo. Sobre todo esto último.

En pocas palabras, esta última etapa no ha estado a la altura. Soy consciente de las limitaciones de la serie, de su carácter novelesco y de su constante tendencia al dramatismo exagerado a través de situaciones límite. Es por eso que su conclusión se antoja poco coherente, por no decir deliberadamente absurda. Partiendo de la base de que muchos acontecimientos se heredan del final de la tercera temporada, lo más sorprendente es la decisión de no utilizarlos de forma completa, limitándolos a una simple etapa dentro de un desarrollo más largo. Esto genera que muchos personajes entren y salgan, que muchos otros deambulen sin rumbo fijo, y que los protagonistas, en definitiva, vean condensadas las tramas de varias temporadas en poco más de 20 capítulos. Y esto ya debería de indicar algo.

Más allá de la conclusión, previsible, lógica y hasta cierto punto gratificante (si la serie hubiera terminado de otro modo habría sido bastante ridículo), lo que más destaca en la cuarta temporada de Revenge son sus personajes secundarios, sobre todo los nuevos. Elena Satine (serie Magic city) y Brian Hallisay (El francotirador) podrían haber sido dos roles interesantes, marcados por su pasado y su integridad, y con unos trasfondos relativamente atractivos. El problema, como el del resto de la trama, es el tiempo para desarrollarlos. La precipitación de concluir la producción en esta temporada ha provocado no solo una simplificación de sus motivaciones, sino que les ha convertido, casi literalmente, en marionetas. Y ver cómo dos personajes dan bandazos dramáticos de un lado a otro de forma reiterada sin aprender de sus errores es algo que mina la integridad dramática de la serie.

Eso por no hablar de los villanos tradicionales de la serie, que parecen dubitativos ante su futuro. Karine Vanasse (serie Pan Am) resulta poco convincente como enemiga, posiblemente porque su determinación cambia según sople el viento, y porque su poder con los medios de comunicación nunca llega a materializarse como debería. Y el caso de Madeleine Stowe (El último mohicano), bueno… simplemente decir que la actriz parece tener la cabeza en otras producciones algo más “serias”. Todo ello, unido a un desarrollo dramático intermitente, que interrumpe las líneas argumentales a medio camino y que no consolida la evolución de muchos personajes, hace que esta última temporada sea un mal homenaje de lo visto hasta ahora, siempre teniendo en mente las características propias del producto, claro está.

Medicina propia

El regreso de David Clarke sustenta los mejores momentos de la cuarta temporada de 'Revenge'.Ahora bien, la cuarta temporada de Revenge deja algunas ideas interesantes, aunque solo sea en su concepción inicial. Para empezar, la aportación de un resucitado David Clarke (James Tupper, visto en Un buen partido) resulta interesante bajo el prisma de la venganza que sustenta todo el relato (no así su destino, posiblemente el más forzado de todos). Es él, además, el que atrae los mejores momentos de esta etapa gracias a la trama propia que sustenta. Con todo, quizá lo mejor de esta conclusión sea comprobar cómo las tornas se vuelven y la línea entre héroes y villanos no queda tan clara, haciendo que el papel de Emily VanCamp (Norman), quien también parece pensar en otros proyectos, tome su propia medicina y se vea incriminada por un complot.

Esta especie de intercambio de papeles permite acceder a la serie bajo un punto de vista relativamente distinto, lo que aporta algo de originalidad a un desarrollo que, por otro lado, languidece ante la falta de originalidad. Si hubiera existido un arco dramático general más coherente posiblemente estaríamos hablando de un giro narrativo en la serie. Dado que no es así, lo que nos encontramos es con un intento de reconducir una historia que tiende a descontrolarse en todo momento. El afán por el dramatismo lleva a la serie, además, a la finalización de algunas líneas argumentales ciertamente curiosa, sobre todo porque, una vez más, fuerza a los personajes a algo que no concuerda con sus propias definiciones.

Se puede decir, a modo de resumen, que esta conclusión es la máxima expresión de los errores más habituales de toda la serie. Errores dramáticos que han dirigido la trama por unos senderos peligrosos, muchas veces forzando la coherencia de personajes y situaciones hasta el extremo, y desde luego casi siempre con resultados tan ilógicos como adictivos, que obligaban al espectador a mantener la atención en la pantalla. Esto implica que funciona, no cabe duda, pero también que la producción nunca ha sabido ofrecer algo más de lo que se esperaba de ella. No es algo necesariamente malo, pero desde luego sitúa al producto en un nivel muy alejado de la calidad de las series actuales.

El problema es que todos esos problemas se han podido distribuir uniformemente a lo largo de tres temporadas. La conclusión de Revenge, por el contrario, los condensa en 23 capítulos, y para colmo introduce nuevos personajes, nuevas líneas argumentales y nuevos villanos. La necesidad de que cada uno de ellos cuente con su espacio, unido a los constantes giros dramáticos para dar una sensación mayor de conflicto, convierten a la temporada final en una sucesión de absurdas situaciones en las que los personajes (y por extensión los actores) se ven obligados a justificar unos actos peregrinos con unos argumentos aún más peregrinos. Tal vez nunca haya sido una serie excepcional, pero ningún producto se merece un final tan deslavazado.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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