‘Érase una vez’ divide su 4ª T para recuperar fuerza dramática


Los protagonistas de 'Frozen: El reino del hielo' llegan a la cuarta temporada de 'Érase una vez'.Parece ser una tendencia cada vez más consolidada que las temporadas de las series de televisión dividan su espacio en dos partes bien diferenciadas gracias a dos arcos dramáticos independientes. La última en sumarse a esa forma de entender la narrativa es Érase una vez, cuya cuarta temporada finaliza su desarrollo inicial antes de lo previsto para regresar, no sin cierta dificultad, a su temática clásica de héroes y villanos, de buenos y de unos malos que buscan su final feliz. Y aunque en un principio puede parecer una incoherencia por parte de sus creadores, Adam Horowitz y Edward Kitsis (Tron: Legacy), lo cierto es que la impresión final es la de haber buscado un respiro que permita reasentada las bases de la serie, una especie de paréntesis que ha ayudado a introducir nuevos personajes, a cambiar la perspectiva de otros y a reinterpretar nuevos cuentos que permitan indagar el mundo creado desde un prisma nuevo en las próximas temporadas.

Los que hayan visto el final de la tercera temporada sabrán que dicho paréntesis ha sido un homenaje directo al éxito de Frozen: El reino del hielo (2013), aunque siempre bajo el particular punto de vista de esta producción. Con un relato que se sitúa algún tiempo después de los acontecimientos del film, la serie logra incorporar plenamente a los nuevos personajes, no solo por ser los protagonistas de esta especie de spin off, sino porque se integran en el pasado de la protagonista, de nuevo interpretada por Jennifer Morrison (serie House). Más allá del parecido físico de los actores con los personajes creados por Disney, lo realmente interesante es, una vez más, el modo en que los responsables de esta ficción acometen la tarea de dar una vuelta de tuerca a los aspectos y los personajes más destacados de ese cuento.

Con todo, lo más destacable de esta historia dentro de Érase una vez es ha permitido a la serie reformular algunos aspectos que parecían estar perdiendo fuerza conforme se desarrollaban. Si bien es cierto que la serie había logrado construir un complejo relato a lo largo de las tres etapas anteriores, no lo es menos que parecía haber llegado a un punto de inflexión en el que los principales villanos habían encontrado su parte de héroes. La introducción de los protagonistas de Frozen: El reino del hielo, lejos de convertirse en nuevos y peligrosos antagonistas, han generado una cadena de acontecimientos que han revelado de nuevo la auténtica naturaleza de los villanos. Esto permite, a su vez, reformular las bases de la serie, ofreciendo al espectador nuevas aventuras bajo un paraguas relativamente similar pero que distrae los suficiente para no saturar.

Lo que cabe preguntarse, por tanto, es si tanto recorrido era necesario. Para gustos los colores, pero lo cierto es que la serie ha sabido tomarse su tiempo para volver a sus inicios a mitad de temporada. Puede resultar algo infantil, incluso excesivamente empalagoso y repetitivo, pero la originalidad que imprimen sus responsables a cada uno de los personajes disminuye estos problemas de forma considerable. Por otro lado, este desarrollo ha permitido introducir nuevos personajes que, aunque secundarios al principio, adquieren más valor conforme transcurre el desarrollo dramático, integrando nuevos héroes y villanos en la historia y enriqueciendo este mundo en el que los cuentos de hadas conviven entre ellos en un mundo que cada vez fusiona más la realidad con la magia de los relatos.

Darle la vuelta a la tortilla

Pero todo ello es solo el principio de esta cuarta temporada de Érase una vez. El resto de los 23 episodios devuelven el protagonismo, con algunas novedades, a los héroes y villanos que desde el principio han poblado la trama, haciendo especial hincapié en aquellos sobre los que pivota el eje central del desarrollo dramático, esto es, Blancanieves, Rumpelstilskin y la Reina. Sin desvelar demasiado sobre los giros dramáticos, hay que aclarar que este regreso al desarrollo más tradicional tiene un único y claro objetivo insinuado durante los capítulos pero desvelado en ese último plano de la temporada que, a modo de gancho, deja preparado el terreno para la siguiente temporada.

Dicho terreno pretende, en pocas palabras, reformular por completo la estructura de la serie. No es nueva la idea de que en el mundo real ni los héroes de los cuentos son santos ni los villanos demonios, pero lo que plantea el final de esta etapa supone un cambio drástico que, si se plantea correctamente, puede convertirse en el impulso definitivo que necesita esta ficción para retomar, o al menos rememorar, el impacto de la primera temporada. Y para ello nada mejor que Merlin, cuya suma al elenco es anunciada en la propia temporada.

Ahora bien, la temporada también plantea muchas dudas acerca de la capacidad de la serie para continuar con su mundo de fantasía. Aunque es cierto que mientras haya cuentos y personajes por explorar seguirá teniendo posibilidades de desarrollo, la cuarta temporada ha dado numerosas muestras de cansancio narrativo, de reiteración de temáticas y conflictos que han ralentizado levemente el desarrollo de algunos personajes, encasillándoles en aquello que la ficción siempre ha intentado evitar con su reinterpretación de los relatos. Tal vez sea por el techo dramático que la serie ha alcanzado en su anterior temporada. Puede que esta cuarta temporada deba ser vista más como un puente hacia algo nuevo. Pero en cualquier caso los personajes no han estado a la altura de lo conseguido en anteriores etapas.

De este modo la cuarta temporada de Érase una vez se convierte en un vehículo tanto para aprovechar el tirón del fenómeno Frozen: El reino del hielo, como para buscar nuevas vías de desarrollo. Sus responsables parecen haberlas encontrado en la reformulación de muchos pilares de la serie, algo muy positivo si tenemos en cuenta que la anterior temporada parecía haber marcado un punto y aparte. Pero va a ser necesario algo más que el mero cambio de héroes o villanos. Va a ser necesario que algunos de los personajes encuentren un mejor equilibrio entre sus caras más sombrías y las más luminosas.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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