2ª T. de ‘Resurrection’, explicar lo inexplicable con la religión


'Resurrection' ha sido cancelada en su segunda temporada.Hay producciones que parecen perseguir un desarrollo inconexo, irregular y algo caótico. Muchas veces es debido a los personajes, que entran y salen de la trama casi sin justificación aparente. Otras es simplemente que la trama no logra ahondar lo suficiente en los conflictos. Y otras se produce porque el objetivo último resulta, cuanto menos, ilógico con el tratamiento dado a la historia. Esto último es lo que podría achacarse a Resurrection, serie que ha terminado en su segunda temporada y que ha dejado un sabor de boca agridulce al encontrar una explicación simplona y poco coherente con el desarrollo visto en la primera entrega.

Es cierto que los primeros episodios de esta serie creada por Aaron Zelman (serie Daños y perjuicios) a partir de una novela de Jason Mott planteaban una compleja maraña de historias, secretos, pasados y mentiras que había terminado por debilitar el sentido general de la ficción, pero estos nuevos 13 capítulos, lejos de solventarla, ha empeorado la situación. A pesar de que ha sabido centrarse en los personajes principales y ha dejado de lado las historias secundarias (una medida necesaria para encarrilar el argumento), la explicación al fenómeno de los resucitados ha resultado ser el peor remedio, eliminando por completo cualquier aspecto de suspense o thriller dramático que pudiera existir en la producción.

Y no me refiero simplemente al hecho de recurrir a la religión para explicar que los muertos vuelvan a la vida, sino a todo lo que eso conlleva. Choques religiosos, referencias bíblicas, apocalipsis, Satanás, … En fin, toda una suerte de justificaciones que rompen con lo establecido anteriormente, sobre todo porque no logra explicar algunos de los fenómenos vistos en la primera temporada, como el hecho de que haya gente que resucite cuando sus huesos ni siquiera existen ya. El hecho de que la segunda temporada de Resurrection enfoque sus esfuerzos hacia este camino impide, además, que se desarrollen plenamente algunas de las tramas secundarias que hubieran nutrido de forma interesante la historia principal. No me refiero con esto a historias de personajes secundarios, sino a las líneas argumentales propias de cada uno de los protagonistas.

De este modo, lo que esta segunda temporada logra es un desarrollo casi por inercia, sin plantear excesivos conflictos ni pretender profundizar en las ideas ya expuestas, sustituyéndolas por otras nuevas plagadas de puntos de giro aparentemente dramáticos pero que no generan el dinamismo necesario para evitar caer en la tentación de la desidia. Y eso es algo que se nota incluso en el reparto, que deambula por la serie sin rumbo fijo, sin creer en sus propios personajes y con una notable falta de frescura a la hora de afrontar los momentos más dramáticos de la ficción. Solo algunos aspectos como el conflicto familiar parecen desmarcarse del tono general de la trama, algo que se debe fundamentalmente a Michelle Fairley (serie Juego de tronos). Aunque la palabra clave es “parecen”, pues en realidad esta diferenciación se basa sobre todo en la entereza con la que afronta Fairley su personaje; en el momento en que pierde esa cualidad dicho conflicto cae por su propio peso.

Arreglar el futuro

La verdad es que la segunda temporada de Resurrection no aporta aspectos realmente interesantes a los planteamientos de sus primeros episodios. No se trata tanto del enfoque religioso que se da a la trama como la forma en la que se aborda dicho enfoque. Si durante la primera temporada los personajes luchaban contra sus propios demonios y debían hacer frente a sus debilidades, ahora se convierten en meras marionetas de un desarrollo que casi no les tiene en cuenta, salvo tal vez para convertirles en héroes o villanos en su tercio final. Se ha pasado, por tanto, de una confluencia excesiva de tramas, personajes y conflictos a una reducción religiosa de todos esos conflictos, poniendo al apocalipsis y al hijo del diablo como paraguas para soportar todo el peso de la historia.

Como puede apreciarse, el problema no reside tanto en la religión como en la forma de utilizarla. Básicamente, lo que propone no cuadra con lo desarrollado en la primera temporada, por lo que el espectador se encuentra ante una especie de Deus ex machina que todo lo puede y que elimina todo rastro de lo que pudiera existir con anterioridad. El problema es que, al ser cancelada tras esta segunda temporada, no puede saberse si estos planes eran los originales para la temporada o si se ha visto obligada por las circunstancias. Lo cierto es que de todo este caos en que se convierten los 13 episodios es justo rescatar la fortaleza de sus responsables para tratar de dar un cierre a la historia, incluso aunque este sea incongruente.

Es una forma de arreglar el futuro, o al menos de intentar dejar las principales historias lo suficientemente atadas como para plantear un desarrollo a posteriori de esta historia bajo otros parámetros. Es, más o menos, lo que se desprende de la secuencia final de la serie. Desde luego, es loable el esfuerzo, no así el resultado. Comparando con otras producciones que han sido canceladas sin previo aviso y que han dejado sus tramas a medio terminar, al menos la ficción de Zelman logra componer una idea fuerza final que puede dar una cierta coherencia al desarrollo de la segunda temporada a pesar de que ésta no tenga mucho sentido si se compara con la primera. Dicho de otro modo, se evita un mal mayor.

Resurrection es una de esas series que demuestran la teoría de que muchas producciones nacen simplemente con una premisa inicial y sin un desarrollo dramático estudiado, elaborado y planificado. Soy consciente de que se basa en una novela, pero esto no deja de ser una adaptación y, por tanto, tiene vida propia. Solo hay que mirar al fenómeno de Juego de tronos. No, el problema de la serie ha sido su falta de objetivos, su poco interés en desarrollar correctamente unos personajes que podrían haber dado algo más de sí y, sobre todo, culpar a la religión, que en este caso no es capaz de explicarlo todo.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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