‘Castle’ intenta dar un leve giro a su trama en la séptima temporada


Nathan Fillion y Stana Katic vuelven a investigar originales casos en la séptima temporada de 'Castle'.Para series tan longevas como The Big Bang TheoryAnatomía de Grey Castle llega un momento en el que es muy difícil innovar y regenerar la frescura de su trama. No me refiero tanto a los gags cómicos o a los golpes de efecto dramáticos, según sea el caso, sino al desarrollo de su trama y la capacidad de sus creadores de explorar nuevos aspectos de sus personajes. La sexta temporada de Castle demostró que a pesar de su originalidad y comicidad empieza a desprender fatiga dramática, y tal vez por eso su creador, Andrew W. Marlowe (El fin de los días), ha decidido dar un giro a la historia en esta séptima etapa. Un giro leve, pero un giro al fin y al cabo.

Dicho cambio consiste, aunque pueda parecer un sinsentido, en poner el foco sobre el personaje de Nathan Fillion (Serenity), al que el personaje de Richard Castle le va a perseguir durante varios años. La pregunta que surge ante esta idea es: ¿pero una serie titulada con el apellido del protagonista no se centra en él? Sí y no. En realidad, la presencia del escritor de novelas policíacas y de misterio es el contrapunto cómico al desarrollo de una clásica trama de serie policíaca. Y durante muchas temporadas, más allá de los casos episódicos y de situaciones al límite, la historia se ha centrado en desentrañar el pasado de su compañera Kate Beckett (Stana Katic, vista en La sombra de la traición -2011-).

Estos 23 episodios, sin embargo, han puesto el acento en el pasado, el presente y el futuro del protagonista. La conclusión de la temporada anterior ha permitido al desarrollo dramático ahondar durante varios episodios en una época del protagonista que ni siquiera recuerda, lo que ha aportado algunos de los mejores capítulos de la temporada. Pero además, la conclusión de eta tercera entrega es una confirmación de que Castle ha querido ofrecer a sus espectadores algo más de información sobre el pasado de Castle, valga la redundancia.

Aunque como decía al comienzo, este giro es leve, una mera distracción de esa sensación de estar ante un producto que poco a poco está agotando sus fuerzas y sus recursos. La presencia de los originales casos policiales a los que se enfrentan los protagonistas sigue siendo un soplo de aire fresco, sustentado además por la complicidad y la comicidad que se desprende de las relaciones entre los protagonistas. Asimismo, la posibilidad de que Castle y Beckett evolucionen en sus vidas ofrece un panorama interesante de cara al futuro. Pero independientemente de todo ello, la estructura dramática de los crímenes se repite en exceso y los puntos de giro cada vez son menos llamativos.

Futuro incierto

Bueno, en realidad el futuro de Castle es de todo menos incierto. Con una octava temporada en marcha y el beneplácito de los seguidores, habría que decir que su futuro es sólido. Y lo cierto es que, a pesar de sus cada vez más evidentes debilidades y de la reiteración de estructuras y tramas, la producción entretiene, divierte y sobre todo no aburre. Pero si el análisis se aleja del formato y se aproxima más al contenido, ese futuro tan esperanzador se torna en incógnitas y dudas. Y curiosamente no surgen por saber el futuro de los personajes o por un gancho dramático al final de esta séptima temporada, sino más bien por todo lo contrario.

En efecto, quizá la mayor debilidad de la serie (que curiosamente es también uno de sus atractivos) es que los personajes resultan demasiado conocidos, a veces incluso predecibles. No existe, por tanto, un interés añadido en descubrir nuevas facetas de su personalidad, entre otras cosas porque en pocas ocasiones son verdaderos responsables de sus decisiones. A diferencia de otras series dramáticas, el final feliz que siempre acompaña a los roles de Fillion y Katic plantea de antemano una condición que quita gravedad a los crímenes investigados y que, salvo honrosas excepciones, no suponen grandes esfuerzos durante la investigación.

Dicho de otro modo, esta temporada confirma que la producción ha entrado en una espiral de autocomplacencia que poco o nada tiene que ver con aquellos episodios en los que la protagonista recibía un disparo en el pecho o en los que uno de los por entonces personajes secundarios más importante moría por necesidades de la trama. Y eso puede tornarse en su contra, toda vez que los roles pierdan interés o dejen de resultar tan entretenidos. Lo cierto es que mientras la originalidad de los casos se mantiene, lo que a su vez ha permitido incluso introducir algo de novedad en el desarrollo de los mismos, los personajes se han estancado en un punto que podríamos denominar feel good, es decir, se han convertido en vehículos para que los espectadores se sientan bien consigo mismos.

Por suerte o por desgracia, esperemos que lo primero, el final de esta temporada plantea algunos conflictos en el horizonte que pueden dar a la serie un giro interesante. Y lo cierto es que Castle empieza a necesitarlo. Todo esto no quiere decir que la serie haya perdido calidad o que resulte aburrida, más bien al contrario. Pero lo que era interés en una trama más grande que los casos policíacos se ha convertido en un mero contexto que aporta más bien poco. De ahí el intento de situar al escritor protagonista como centro de una nueva intriga. El problema es que solo ha durado un puñado de episodios, por lo que es necesario encontrar un nuevo aliciente a los originales crímenes.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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