‘Arrow’ lleva la trama hasta sus últimas consecuencias en la 3ª T


Ra's Al Ghul es el principal villano de la tercera temporada de 'Arrow'.Ya lo comenté durante el análisis de la segunda temporada de Arrow, pero no está de más reafirmarlo. La serie sobre el enmascarado verde es a la televisión lo que la trilogía de Batman dirigida por Christopher Nolan (Interstellar) es al cine. La tercera temporada de esta producción creada por Greg Berlanti, Marc Guggenheim y Andrew Kreisberg (serie Eli Stone) ha confirmado que estamos ante una de las ficciones más completas, frescas y diferentes de la televisión actual. Y lo más importante: es capaz de reinventarse a sí misma y de servir como plataforma para todo un mundo seriéfilo cuyas consecuencias todavía estamos por ver.

Hablar de la complejidad de la trama y de la calidad de los personajes tal vez sea, a estas alturas, algo irrelevante. Estos nuevos 23 episodios logran mantener la tensión dramática de etapas anteriores gracias, sobre todo, a la absoluta falta de especulación con el género. Es una serie sobre superhéroes, sobre justicieros enmascarados, y sus creadores comprenden los límites y las posibilidades que eso conlleva. Gracias a unos roles fieles a sí mismos que logran evolucionar lo suficiente para no resultar repetitivos, la trama de esta temporada explora no solo caminos ya conocidos (el love interest del protagonista, la aparición de antiguos enemigos, etc.), sino que incorpora nuevas historias que se integran en el conjunto para modificar el mundo del protagonista de forma irremediable.

Y este es sin duda el gran acierto de Arrow. Estamos tan acostumbrados a que en estas producciones los villanos aparezcan y desaparezcan sin dar demasiadas explicaciones que cuando la trama se plantea para justificar todo este vaivén resulta sumamente interesante. En efecto, en esta tercera temporada recupera protagonismo el villano de la primera etapa, un John Barrowman (serie Torchwood) que vuelve a convertirse en uno de los mejores atractivos de la producción. Pero lejos de hacerlo con ansias de venganza su papel en la trama resulta refrescante en tanto en cuanto se dota al personaje de entidad propia, de motivaciones y objetivos que van más allá del simple enfrentamiento con el héroe de turno. Evidentemente, la forma de presentarlo tiene también una notable importancia, pues el espectador no descubre la esencia hasta el desenlace final, pero más allá de todo eso ofrece al desarrollo dramático de la serie en su conjunto una complejidad admirable.

La incorporación de un villano tradicional del Universo DC como es Ra’s Al Ghul, al que da vida estupendamente Matt Nable (Riddick), aporta la novedad a la historia y, sobre todo, un “más difícil todavía” que parecía imposible a tenor del final que tuvo la segunda temporada. Y lo hace, como casi todo en la serie, sin miedo a las consecuencias dramáticas que pueda tener su evolución. Lejos de pirotecnias, efectos especiales o espectaculares secuencias de acción (que las hay, y muy conseguidas), Berlanti, Guggenheim y Kreisberg optan más por las consecuencias de las acciones y decisiones de los personajes. Esto ofrece al espectador una sucesión de puntos de giro dramáticos que no dejan lugar para el aburrimiento en ningún momento. Sin desvelar demasiado a aquellos que todavía no hayan podido verla, esta temporada depara importantes sorpresas que sitúan la trama en un panorama incomparable para la cuarta entrega episódica ya confirmada.

El origen de todo

A lo largo de esta tercera temporada de Arrow no son pocas las ocasiones en que, ya sea a través de diálogos o de nuevos personajes, se deja patente que el personaje interpretado por Stephen Amell (Cerrando el círculo), quien por cierto tendrá un papel relevante en la próxima secuela de Las Tortugas Ninja, ha sido el origen de todo un universo en el que los héroes y superhéroes enmascarados tienen un papel protagonista. Es, de hecho, una de las líneas argumentales que sostienen la trama principal, ahondando en el debate personal y colectivo que se abre entre los protagonistas acerca de la responsabilidad para salvar la ciudad del héroe. Esto ha permitido, además, la aparición de nuevos héroes en la historia, alguno con serie propia (The Flash) y otros a punto de protagonizar la suya (Legends of Tomorrow). Coincidencia o no, el origen de ambos se produce en esta magnífica serie de la mano de sendas explosiones.

Pero más allá de estos detalles y de la unión de tramas entre las series de DC que actualmente están en curso, lo más interesante es el trasfondo dramático que esa idea de “el origen de todo” deja en la historia y sus personajes. Curiosamente, en esta ocasión el pasado de Oliver Queen no resulta tan relevante para esta idea, lo que no quiere decir que no tenga su repercusión en el desarrollo de los acontecimientos. En cierto modo, el componente dramático camina de la mano del componente puramente físico, nutriéndose uno de otro de forma mutua pero ofreciendo al espectador dos niveles diferentes de relato. Esto, en definitiva, no hace sino aportar un mayor grado de interés.

La temporada ha servido también para hacer un poco de limpieza entre los personajes. Quizá uno de los talones de Aquiles más peligrosos de la producción era que algunos secundarios tendían a quedarse estancados ante la falta de tiempo para desarrollarlos, generando un inevitable lastre respecto al resto. Era el caso, por ejemplo, de los roles de Willa Holland (Perros de paja) y de Katie Cassidy (Pesadilla en Elm Street), que parecían destinados a ser simples espectadores cuyo conocimiento de la realidad se antojaba casi incoherente. A lo largo de estos episodios ambos personajes evolucionan (alguno mejor que otro) para convertirse en verdaderos activos de la trama, dotándoles de una identidad secreta que les permita integrarse en el grupo de forma natural. Claro que para eso ha sido necesario el sacrificio de otros dos personajes. La idoneidad del cambio queda a gusto del consumidor.

Lo que está claro es que con este cambio y con la resolución final de esta tercera temporada de Arrow la serie ha dado un giro notable respecto al inicio de la primera etapa. Un cambio natural, obligado por el desarrollo dramático de los personajes y por el camino que ha tomado la propia serie, siempre dispuesta a explorar nuevos caminos que lleven a los personajes a tomar decisiones comprometidas. Tal y como queda el tablero de juego la cuarta temporada se antoja apasionante, sobre todo por poder comprobar cómo encajarán todos los cambios en la nueva trama y en los propios personajes. Si los creadores mantienen el criterio, la serie seguirá siendo uno de los productos más atractivos de la televisión.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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