‘The Big Bang Theory’ se da un respiro en la octava temporada


'The Big Bang Theory' aborda temas más dramáticos en su octava temporada.Hace menos de 20 días terminó la octava temporada de The Big Bang Theory en Estados Unidos, que más allá de confirmar el tono algo más “serio” que está adoptando esta serie creada por Chuck Lorre (serie Dos hombres y medio) y Bill Prady (serie Las chicas Gilmore), lo que ha permitido es apreciar una madurez imparable de todos sus personajes, evidenciando una doble faceta adulto-niño de la que ninguno puede escapar. Pero estos 24 episodios también han servido para comprender que una de las mejores comedias de la parrilla televisiva actual también es capaz de ofrecer algo más que risas.

De ahí, precisamente, el titular de este texto. A diferencia de la séptima temporada, que sirvió para confirmar la madurez y los cambios que viven estos cuatro amigos y sus respectivas parejas, esta última temporada ha sido capaz de abandonar la carcajada para abordar algunos conflictos que han llevado a la trama por territorios pocas veces explorados. Algunos de ellos han provocado todo un arco dramático secundario de lo más hilarante, como el protagonizado por el personaje de Kevin Sussman (Killers) y la tienda de cómics; otros se han ido construyendo poco a poco, como la relación entre Sheldon Cooper y Amy Farrah Fowler. Y otros, trágicamente, por fallecimientos inesperados.

Todos ellos provocan la sensación de que esta octava temporada de The Big Bang Theory tiene, en líneas generales, menos risas, menos chistes hilarantes. Sensación real, es cierto, pero que no impide que algunos episodios sean una auténtica sucesión de estallidos cómicos. Y ese extraño equilibrio entre comedia y un drama cada vez más consistente viene determinado por el carácter otorgado a las tramas principales y secundarias. Mientras que, a grandes rasgos, la trama general sigue siendo de una comicidad incuestionable (las relaciones entre los cuatro amigos, las relaciones de pareja, las referencias a superhéroes, etc.), las diferentes tramas secundarias han tomado senderos más dramáticos. El mejor ejemplo de ello es, desde luego, el desenlace de la temporada, posiblemente uno de los mejores de toda la serie y que plantea un futuro harto interesante.

Algunas cosas nunca cambian

Por tanto, en cierto modo se puede decir que esta nueva entrega supone un paréntesis en la hilaridad que siempre ha caracterizado a la producción. Aunque repito: no se trata de convertir la trama en un drama, sino de restar algo de comicidad en favor de una mayor dramatización, lo cual da un resultado más que positivo. Dicho esto, evidentemente la serie no sería lo que es si no existiesen diversos elementos que mantienen el espíritu de esta comedia.

Para empezar, el carácter del rol de Jim Parsons (Ojalá estuviera aquí), quien a pesar de los intentos sigue manteniendo un carácter único. Desde luego, no es el mismo que comenzó allá por la primera temporada, pero si algo queda claro después de ver el final de esta temporada de The Big Bang Theory es que le queda todo un mundo (o mejor dicho un universo) por cambiar, algo que se presupone logrará a lo largo de las próximas temporadas. Pero no es el único. Las relaciones de las parejas son quizá el caso más significativo.

Y es que aunque pueda parecer que han evolucionado, lo cierto es que solo han logrado exponer de forma más evidente sus claves más definitorias. La relación entre los roles de Johnny Galecki (In time) y Kaley Cuoco-Sweeting (El gurú de las bodas) sigue adoleciendo del conflicto entre la inteligencia de él y la belleza de ella. La relación de los personajes de Simon Helberg (I am I) y Melissa Rauch (Are you here) confirma que él sigue siendo el mismo niño que necesita de una autoridad femenina. Y el personaje de Kunal Nayyar (Dr. Cabbie)… bueno, sigue demostrando que tiene un problema serio con las mujeres.

En este marco, por supuesto, todas las historias han sabido evolucionar lo suficiente para no estancarse. Sin ir más lejos, los roles de Helberg y Rauch parecen haber dado un paso más en su relación y encontrar en el papel de Sussman a una pseudomascota/hijo. Pero más allá de cambios o de consolidaciones, lo que deja en la retina The Big Bang Theory en su octava temporada es, sobre todo, su desenlace, un giro argumental bastante inesperado que se convierte en el mejor gancho posible para una producción que se ha tomado un cierto respiro de la comedia más gamberra. Ahora queda averiguar si tiene pensado regresar por sus fueros o explorar lo que se ha insinuado en esta entrega.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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