4ª T de ‘House of lies’, o la comedia como contrapunto al drama


Kristen Bell, Josh Lawson, Don Cheadle y Ben Schwartz vuelven en la cuarta temporada de 'House of Lies'.No es extraño que el espectador, cuando se enfrenta a una comedia dramática, termine preguntándose qué tiene de cómico o de dramático la historia en cuestión. Lograr el equilibrio entre ambos géneros sin que ninguno de ellos llegue a dominar es muy complejo, pero lograr que ambos funcionen adecuadamente dentro del conjunto es más difícil todavía. Matthew Carnahan (serie Dirt) se ha acercado bastante a dicho equilibrio en la cuarta temporada de House of lies, y lo ha hecho gracias a la separación de géneros a través de los personajes, lo que ha ayudado a la serie a encontrar diferentes vías narrativas que sitúan a esta producción entre lo mejor de la pequeña pantalla… otra vez.

En realidad, el cambio de comedia a drama que dio la serie en su segunda temporada se acentúa aún más con los acontecimientos narrados en estos 12 episodios, cuya emisión finalizó hace unos 15 días en Estados Unidos. La forma de abordar la trama principal que implica al personaje de Don Cheadle (Iron Man 3) ha evolucionado significativamente hasta situarse más próxima al drama humano que a la comedia gamberra. Eso no implica que se pierda el tono irónico que siempre ha caracterizado a la serie, pero sí que no todo tiene un “final feliz”. Las temporadas, articuladas como la presentación de un reto que el protagonista tiene que superar, tienden cada vez más a dejar al personaje en una situación comprometida que le lleva a arrastrar conflictos de una temporada a otra sin ofrecer una solución clara.

Quizá la mejor decisión que ha adoptado House of lies es apoyar el grueso del drama sobre los hombros de las tramas secundarias personales, que poco a poco están convirtiéndose en tramas principales. Mientras que los problemas en el trabajo, las empresas a las que asesoran o los proyectos que avalan mantienen la frescura narrativa de las primeras etapas, gracias sobre todo a esas imágenes congeladas, el mundo que rodea a los personajes adquiere cada vez más un tono serio, en muchas ocasiones incluso sombrío, que permite a la serie abordar problemas de cierto calado social como puede ser la discriminación por raza o sexo, o las relaciones familiares. El contraste entre ambas líneas argumentales es lo que aporta el tono tragicómico al conjunto, pero es la forma en que encajan lo que realmente convierte a la serie en lo que es.

Aunque si hay algo que merece la pena destacar es la dinámica creada entre los personajes de Ben Schwartz (Ahí os quedáis) y Josh Lawson (Los amos de la noticia), dos secundarios que en muchas ocasiones adquieren más protagonismo en pantalla incluso que el propio Cheadle. Los conflictos entre ellos, que en esta temporada adquieren una dimensión cuanto menos extravagante, soportan muchas veces el tono más serio del resto de secuencias, aportando la frescura que puede perderse en otras situaciones. La definición de los personajes, tan diferentes entre ellos pero al mismo tiempo con varios puntos en común, queda engrandecida por la labor de los actores, cada vez más cómodos entre ellos y cada vez más conscientes de su relevancia en el plano general. Prueba de ello es que en estos 12 episodios han podido contar con su propia trama y han aprobado con nota el reto.

La importancia del protagonista

Es evidente que el alma de House of lies es Cheadle. No solo porque es el protagonista, sino porque el actor ha sabido aportar a su personaje el toque canalla y descarado que necesita. Empero, en esta cuarta temporada ha habido algo más. O al menos ha sido cuando más se ha notado. Gracias a la complicidad con el espectador, que aportó la transgresión suficiente en la primera temporada para poder desmarcarse del resto de series, esta nueva etapa ha podido pasar a un nuevo nivel narrativo y dramático al aprovecharla en su propio beneficio, no tanto para generar un contrapunto cómico como para abrir las puertas del alma del protagonista.

Y es aquí donde Cheadle demuestra el talento que tiene. El último plano de la temporada es prueba suficiente para demostrar que con una simple mirada es capaz no solo de resumir los altibajos que el personaje ha sufrido a lo largo de los capítulos, sino de expresar las incertidumbres y los problemas a los que sabe que va a tener que hacer frente en un futuro próximo, que por cierto llegará a Estados Unidos el próximo año. Pero esto es solo un ejemplo. Toda la temporada ha estado repleta de miradas similares que convertían al espectador en confidente, en el único capaz de comprender la mente de un personaje que parece moverse siempre en la cuerda floja, pero que es consciente de su situación, de quiénes son sus enemigos y de cómo lograr salir a flote. Y eso, aunque sobre el papel exista una buena definición del personaje, es labor del actor.

Un actor que, además, ha encontrado en esta última entrega de House of lies un nuevo conflicto que más o menos venía gestándose desde la temporada anterior, y que está muy relacionado con su hijo, al que da vida un cada vez más sólido Donis Leonard Jr. (Holiday Plans). Por supuesto, los contrastes entre padre e hijo han sido una constante en la serie, pero en esta ocasión adquieren una significación mayor al introducir de lleno el tema del racismo, aunque no entendido de la forma que suele entenderse. Las consecuencias de lo que se desarrolla en el tramo final de la temporada, que no desvelaré, cambia por completo el panorama de estos dos personajes y del resto de la familia, ofreciendo una interesante vía narrativa para la próxima temporada.

La verdad es que House of lies se adentra cada vez más en el drama. Es cierto que tras una primera temporada cómica y una segunda mucho más trágica, la serie ha logrado encontrar un equilibrio entre ambas. Ya ocurrió en la tercera entrega, pero en esta ha evolucionado para equilibrar todos los elementos desarrollados en las temporadas en un producto brillante. Habrá que esperar un año para ver cuál es el camino a seguir para estos personajes, pero si nos atenemos a la trayectoria solo nos queda suponer que será mejor. Va a ser difícil superar esta cuarta temporada, pero parece que no hay nada que Marty Kaan & Asociados no puedan conseguir.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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