‘Puro vicio’: cine negro entre las brumas de la drogadicción


Joaquin Phoenix y Benicio del Toro protagonizan 'Puro vicio'.Paul Thomas Anderson (Magnolia) es siempre un buen motivo para acudir a una sala de cine. Eso sí, que nadie espere una película al uso. Su narrativa es abrupta, casi inconexa. Sus personajes son radicales en muchos sentidos. Y su puesta en escena se podría calificar de preciosista, obsesiva por la perfección en la fotografía, la escenografía o el vestuario. Y todo eso, evidentemente, se halla en su última película, un thriller al más puro estilo del cine negro pero con buenas dosis de humor satírico y el elemento psicodélico de las drogas de por medio. El resultado no es para todos los paladares, pero entre tanta confusión se atisba una buena película.

El problema es poder comprenderlo todo. Las películas de Anderson siempre han requerido del espectador algo más que un visionado estático, es cierto, pero en esta ocasión dicha premisa se escapa del control del director. A pesar de tener un comienzo relativamente coherente, el estado constante de ensoñación en el que parece vivir el personaje de Joaquin Phoenix (En la cuerda floja) termina por adueñarse del conjunto hasta el punto de que el espectador corre el riesgo de perderse entre un maremagnum de secuencias que cada vez parecen tener menos relación entre ellas. Esto, unido a una duración excesiva, hacen que poco a poco esa narrativa abrupta genere desconexión con la trama, convirtiendo al film en una sucesión de escenas sin una resolución clara.

Con todo, el film se antoja espléndido. Hay algo en él que resulta atractivo, casi hipnótico. Como suele ocurrirle a Anderson, la impresión inicial de este crimen envuelto en las brumas de la drogadicción es la de una historia sin demasiado sentido. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo el nexo de unión entre las secuencias se hace más claro, permitiendo no solo una interpretación de los hechos, sino del sentido general de una historia que se mueve siempre por el delicado equilibrio entre la seriedad, el surrealismo y la parodia más sombría posible del investigador privado, la mujer fatal y las conspiraciones de grupos subversivos. Es ahí donde la trama adquiere verdadero significado, y donde la película recupera buena parte de su fortaleza.

Pero no nos engañemos. Puro vicio es una película difícil, posiblemente de las más complejas de Paul Thomas Anderson. El desarrollo de la trama principal no solo es abrupto, sino que avanza por diferentes investigaciones criminales que no tienen un nexo común demasiado claro, lo que provoca que el espectador se pierda entre decenas de personajes. Pero a pesar de sus problemas, a pesar de lo que exige y a pesar del surrealismo que desprende, estamos ante una obra sumamente interesante, un viaje (en todos los sentidos) que no deja indiferente. Habrá quien la considere una genialidad más de su director. Otros, un exceso sin sentido en un afán por desmarcarse de la narrativa tradicional. En el centro, como suele decirse, suele estar la realidad.

Nota: 6,5/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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