La 1ª T de ‘Borgen’ crece a base de política, periodismo y moralidad


Sidse Babett Knudsen da vida a la presidenta de Dinamarca en la primera temporada de 'Borgen'.Están llegando con algo de retraso, al menos en lo que se refiere a la televisión en España, pero poco a poco las series del norte de Europa están logrando hacerse un hueco. Y lo logran gracias a la calidad no solo de sus guiones, sino de todos sus elementos en líneas generales. Contrariamente a lo que pueda pensarse, series como Borgen han adoptado un cierto estilo narrativo y visual europeo basado en el dinamismo, alejándose de interpretaciones más conceptuales. Si a esto añadimos temáticas tan interesantes como el thriller policíaco o la política, se obtienen productos que crecen en interés a medida que se suceden los episodios.

Es lo que ocurre con la primera temporada de esta ficción creada por Adam Price (serie Anna Pihl) que sigue el ascenso al poder de la líder del partido moderado y sus esfuerzos por mantener un gobierno de coalición durante el primer año de mandato al tiempo que lidia con sus propios problemas personales. La relación con los medios, los principios morales y políticos, y los efectos de la política en la vida familiar son los tres pilares fundamentales sobre los que se sustentan sus primeros 10 episodios, emitidos en Dinamarca, país de origen, en 2010. Tal vez lo más interesante es comprobar cómo esas tres patas del trípode que sustenta la trama no solo afectan a la protagonista, muy bien interpretada por Sidse Babbett Knudsen (Después de la boda), sino a la totalidad de los personajes principales.

Desde luego, el aspecto más destacado de Borgen es la visión de la política que plantea. A pesar de que la trama se desarrolla a lo largo de toda la temporada, cada capítulo se centra en uno de los aspectos del gobierno de Birgitte Nyborg, desde escándalos de corrupción hasta conflictos con los otros partidos de gobierno, pasando por rumores, filtraciones, etc. Aunque algunos de los planteamientos pueden parecer un poco idealistas, lo cierto es que el tratamiento de los conflictos en el seno del gobierno permiten apreciar no solo la forma en que se aborda la política en un país como Dinamarca, sino la tolerancia con los delitos, los escándalos y la corrupción… y lo diferente que resulta la forma de encarar esos mismos problemas en los países del sur de Europa. En este sentido, y retomando un poco la idea de la trama de temporada, cada historia episódica posee notables influencias en el desarrollo posterior de los personajes y de la propia trama, lo que termina por convertir al espectador en cómplice de las decisiones, sabiendo que nada de lo que ocurre terminará olvidándose por necesidades del guión.

Del mismo modo, y muy relacionado con los principios morales, el modo en que la vida familiar de la protagonista se derrumba progresivamente desprende una inteligencia y una sutileza notables. A pesar de que en su comienzo dicha relación no termina de mostrarse en todo su esplendor, Price aprovecha los resquicios que le otorgan el resto de tramas principales para minar poco a poco la confianza entre la presidenta y su marido, utilizando para ello la propia política como arma. Así, a medida que la política se inmiscuye en su relación ellos van separándose, alcanzando el clímax cuando es la política la que obliga a uno a supeditarse al otro. Este último momento, sin duda el más dramático de esta línea argumental, adquiere especial significación por lo vivido anteriormente, algo que refuerza la idea de que la serie se construye con las decisiones de los personajes, y no con golpes de efecto al final de cada episodio.

Tramas orgánicas

Aunque sin duda el aspecto más característico de Borgen es el modo en que aborda la relación entre política y periodismo. Es un concepto que pocas veces se ve en pantalla tal y como lo muestra Adam Price. En cierto modo, mientras que la política y las relaciones familiares tienden a situarse del lado de la protagonista (no mucho, pero sí lo suficiente como para empalizar con ella), este aspecto dramático se inclina más bien por la vertiente deontológica y moral de la profesión periodística, planteando de forma sucesiva diversos dilemas profesionales que ayudan a ofrecer una visión bastante realista del día a día de unos informativos de televisión.

Al comienzo afirmaba que estos tres pilares sobre los que se sustenta la serie afectan a todos los personajes. Puede parecer exagerado o excesivamente complicado de desarrollar, pero es así. Esta idea hay que entenderla desde el punto de vista de cada personaje, claro está. Así, el jefe de prensa de la presidenta, al que da vida Pilou Asbæk (Lucy) debe enfrentarse a una vida solitaria marcada por su entrega a la política mientras oculta un pasado que le avergüenza. Por su parte, la periodista interpretada por Birgitte Hjort Sørensen (Autómata) solo entiende las relaciones en las que la política y la actualidad son protagonistas, todo ello mientras lucha por unos valores que parecen haberse perdido. Y así sucesivamente.

Todo ello permite al desarrollo dramático construir de forma orgánica un mundo en el que cada personaje, si bien es cierto que resulta un poco arquetípico, debe hacer frente a sus propias decisiones, a su pasado y a su futuro. Durante el año que transcurre en la primera temporada el espectador es capaz no solo de asimilar las diferentes posturas políticas, morales y profesionales de cada personaje, sino que obtiene una visión en conjunto de una mecánica que no ensalza ni demoniza a ningún personaje, sino simple y llanamente les define por su naturaleza. Claro está que unas naturalezas son más agradables que otras. Dicho de otro modo, no existen buenos o malos, héroes o villanos. Es, simple y llanamente, una radiografía del sistema político danés. Y en esa sencillez nutrida con personajes bien construidos y tramas inteligentes es donde reside lo mejor de la serie.

Está claro que Borgen es un drama político para los amantes de este género. Posiblemente aquellos que busquen acción ni siquiera sean capaces de superar el episodio piloto. Puede que ni los amantes de este tipo de historias tengan demasiada fe a tenor de ese primer episodio, que puede resultar algo flojo si se compara con el resto de la temporada. Pero un voto de confianza a esta primera entrega revela una serie sumamente interesante, con personajes a la altura de la trama y con unas líneas argumentales capaces de nutrirse entre ellas y de crecer de forma conjunta. Una producción muy recomendable que confirma el buen momento de las series del norte de Europa.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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