La 5ª T de ‘Glee’ no se sobrepone a la pérdida de Cory Monteith


La quinta temporada de 'Glee' ha sufrido muchos altibajos.La quinta temporada de Glee ha sido fiel reflejo de las consecuencias que tiene la improvisación. La muerte de Cory Monteith (Monte Carlo) supuso un duro golpe no solo para el equipo técnico y artístico, sino para el propio desarrollo dramático de la ficción. Sus creadores, Ian Brennan (Flourish), Brad Falchuck y Ryan Murphy (ambos responsables de la serie American Horror Story), no han sido capaces de sobreponer la trama a la ausencia de su principal protagonista masculino. Lo que es peor, los intentos por encauzar el rumbo han sido incluso más perjudiciales para el conjunto, que ha visto mermada su calidad y el interés de la audiencia de forma alarmante.

Puede parecer un poco exagerado valorar la calidad de un producto en base a la presencia o ausencia de uno de sus actores, pero en el caso que nos ocupa todo apunta a ello. No tanto por la calidad interpretativa de Monteith, sino por lo que su personaje representa dentro del mundo de la serie. Estos 20 nuevos episodios (se eliminaron dos de la parrilla por decisión de la cadena) han carecido de un auténtico nexo de unión entre el pasado y el futuro de los protagonistas, o lo que es lo mismo, entre Nueva York y el instituto. Un nexo que en teoría representaría Monteith y con cuya ausencia la ficción ha quedado deslavazada, sin un objetivo claro y con personajes que entraban y salían de escena como fantasmas por las habitaciones, sin más mérito que alguna canción bien cantada. Así, el dramatismo y un cierto toque irónico en las historias narradas quedan en esta temporada sin la fuerza que tuvieron en épocas anteriores, entre otras cosas porque también se ha perdido buena parte de la esencia de su argumento.

La principal consecuencia de todo esto es el sacrificio de todo aquello que definió Glee en sus primeras temporadas, es decir, del instituto. La introducción de nuevos personajes en la pasada temporada, que estaban llamados a tomar el relevo, no ha logrado el éxito necesario, entre otras cosas porque los personajes no poseen el bagaje cultural y dramático que sí poseían los originales. Ni sus protagonistas son marginados en el instituto ni sufren burlas constantes por parte de abusones… al menos no de forma explícita como sí ocurrió en los primeros episodios. En este sentido, poco a poco la evolución dramática de los conflictos ha ido trasladándose a Nueva York, donde los veteranos han vuelto a demostrar, incluso con guiones menos elaborados, los motivos por los que fueron elegidos en primera instancia. El final de esta quinta temporada deja patente que la serie pretende mirar hacia el futuro y no hacia el pasado.

Aunque si hay un personaje sacrificado en toda esta huída hacia delante que ha sido la penúltima temporada es el de Jane Lynch (Síndrome postdivorcio), cuya acidez ha sido notablemente suavizada. Su evolución ha sido de más a menos a lo largo de estos episodios, protagonizando algunos momentos realmente brillantes pero dejando en el recuerdo la sensación de decadencia, de pérdida de solidez y profundidad. Su pérdida, más que ninguna otra, roba a la serie la posibilidad de mantener un tono crítico y un contraste cómico que haga las veces de contrapeso a la música, las canciones y el optimismo que desprenden sus roles principales. Es, en definitiva, la representación más evidente del dicho “nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes”.

Sin plan a la vista

La quinta temporada de Glee ha dejado, además, numerosos hitos de dudosa credibilidad por el camino. No me refiero tanto a la pérdida de los personajes más jóvenes (entre los que, por cierto, muy pocos tenían la calidad para representar un auténtico relevo), sino a numerosos roles secundarios que no han podido, o no han sabido, encontrar su sitio en la trama. Sobre todo en la línea argumental de Nueva York, la aparición de algunos personajes parecía responder a la necesidad de ofrecer al espectador nuevas alternativas en un mundo musical más rico en matices. Eso por no hablar de que abrían la puerta a varias tramas secundarias que podían ayudar a dar un giro algo más adulto y dramático al carácter general de la ficción.

El resultado, sin embargo, ha sido el contrario. Aquellos que sigan la serie posiblemente no hayan notado nada a primera vista, pero un leve repaso mental a la evolución de los personajes secundarios basta para preguntarse qué ocurre con ellos, cuándo desaparecen de la historia y por qué sucede. Esta sucesión de vanos intentos por nutrir el desarrollo de la temporada ha jugado en su contra, pues en ningún momento han supuesto un auténtico giro argumental, ni siquiera un conflicto dramático real que genere impacto sobre el futuro de la trama. Su entrada y salida de escena queda supeditada, por tanto, a las meras necesidades de sus creadores, y no tanto de la historia. En otras palabras, aparecen cuando se necesita un apoyo argumental, y desaparecen cuando los huecos son completados con otros personajes, otras historias y otros números musicales.

Antes mencionaba que estos episodios representan una “huída hacia delante” por parte de la serie. Y en efecto, así sucede. El problema es que en ese proceso no hay una planificación estratégica sólida. Da la sensación de que lo único importante es terminar por resolver el futuro de su protagonista, una Lea Michele (Noche de fin de año) a la que la serie cada vez se le queda más pequeña. El resto de personajes, incluso aquellos con una cierta relevancia, giran a su alrededor esperando resolver sus tramas personales de la mejor forma posible, algunos con éxito y otros no sin muchos contratiempos. El último episodio de la temporada deja a los personajes principales a las puertas de un salto cualitativo en sus vidas, pero lo hace desperdigándolos por diferentes localizaciones, por lo que la duda ahora es saber si la serie será capaz de afrontar semejante abanico de posibilidades.

Desde luego, visto lo ocurrido con la quinta temporada, no parece probable que Glee sea capaz de enderezar su historia, al menos no de una forma equilibrada y sólida. Se puede decir que estos episodios han sido caóticos desde un punto de vista argumental, con personajes que entraban y salían, con historias resueltas de forma abrupta y con poca coherencia, y con números musicales menos impactantes que en etapas anteriores. Eso no quiere decir que no deje momentos para el recuerdo, como el episodio dedicado a Monteith, cuya presencia se ha dejado sentir durante todo el desarrollo. Pero en líneas generales lo cierto es que la pérdida de su personaje ha generado un vacío tan inesperado y trágico que la serie no ha podido sobreponerse.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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