‘Whiplash’: latigazo de genialidad interpretativa


Miles Teller y J.K. Simmons protagonizan 'Whiplash', de Damien Chazelle.La respuesta a si es necesario un gran villano para obtener una gran película la da el nuevo trabajo de Damien Chazelle como director y guionista (Guy and Madeline on a park bench). Sin los dos grandes actores que protagonizan uno de los mejores duelos interpretativos del año la cinta no sería lo que es. Pero eso sería simplificar en exceso lo que el espectador se encontrará una vez se apaguen las luces. La música lo baña todo, es cierto, pero bajo ella se esconde algo mucho más interesante: un thriller dramático que toma la música como pretexto, no como necesidad.

Y es que más allá de una banda sonora magistral, de unos actores simplemente excepcionales o de una fotografía que saca el máximo provecho a los claroscuros de los que se nutre dramáticamente Whiplash (latigazo en español), lo que genera auténtica electricidad en pantalla es la narrativa empleada por Chazelle, un joven director que a través de una planificación asfixiante transmite no solo la ansiedad del joven protagonista por convertirse en el mejor batería de jazz del mundo, sino la claustrofobia y la angustia de tener que enfrentarse a un profesor dispuesto a sobrepasar todos los límites para lograr la perfección. Gracias a su puesta en escena el director sitúa al espectador literalmente en las sangrantes manos que sujetan las baquetas. El resultado es un esfuerzo físico y mental que une ficción y realidad, personajes y público.

Por cierto, unos personajes emblemáticos. Es cierto que Miles Teller (Noche de marcha) adopta como suyo un rol que evoluciona maravillosamente hacia la obsesión, dejando atrás a familia y amigos para entregarse por completo a la música, incluso a costa de su salud. En este sentido, el magistral final es un claro ejemplo de lo que ocurre cuando uno no tiene nada que perder. Ahora bien, J.K. Simmons (El buen doctor) alcanza la perfección. Su rol sobre el papel ofrece muchas posibilidades, pero el actor logra dotarlo de una falsa candidez que hace aún más agresivo su carácter violento y dictatorial. Impacta desde su primera aparición en pantalla, aunque es de nuevo la secuencia final la que permite definir en un único plano su auténtico carácter. Es sin duda uno de los personajes del año.

Genialidad, electrificante, intensa, angustiosa, impactante, … todo esto y mucho más puede aplicarse a Whiplash, e incluso así corremos el riesgo de quedarnos cortos en la definición. La película es redonda, ni más ni menos, una obra que lleva al límite la razón y la pasión para revelarse como un desafío para la mente y el cuerpo. Los actores son geniales; el guión posee los giros necesarios para enganchar al espectador; la música es maravillosa. Pero todos esos elementos por separados no harían un gran film. Es la armoniosa conjunción de todos ellos a través de la puesta en escena y la planificación lo que crea el espectáculo que es esta pequeña joya.

Nota: 9/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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