‘La teoría del todo’: mientras hay vida, hay esperanza


Felicity Jones y Eddie Redmayne en 'La teoría del todo'.Hacer un biopic sobre un personaje vivo o cuya muerte ha sobrevenido recientemente siempre es un peligro, sobre todo porque la sociedad tiene en su memoria la visión particular sobre los logros, el carácter y la vida de dicho personaje. La mejor forma de evitar dicho riesgo es, simple y llanamente, apostar por la veracidad, por la sinceridad emocional y la honestidad formal y narrativa. Y James Marsh, autor del documental Man on Wire con el que ganó un Oscar en 2008, consigue esto y mucho más. La película sobre Stephen Hawking es, en realidad, una historia de superación, de un amor construido sobre la adversidad y de una relación que evoluciona con sus propios personajes.

Y menudos personajes. Hay que reconocer que el reparto de La teoría del todo en su conjunto logra un alto nivel dramático, permitiendo al espectador ser partícipe de secretos, de miradas robadas y de diálogos casi sin palabras. Es algo que hay que agradecer. Ahora bien, lo que logra Eddie Redmayne (serie Los Pilares de la Tierra) es indescriptible, y no es una frase hecha. Literalmente no encuentro palabras para describir lo que consigue este actor. Más allá de maquillajes y de caracterizaciones varias, las identidades de personaje e intérprete se funden en uno gracias al lenguaje corporal, a los pequeños gestos y a los leves movimientos de ojos, labios y manos. Remayne no solo se afana por rendir homenaje a Hawking, sino que se transforma en él. No puedo ni imaginarme el trabajo físico y mental que ha debido suponer una tarea de tal magnitud, pero viendo el resultado solo cabe darle las gracias.

Claro que la película no se apoya únicamente en su labor. Por fortuna, tanto el guión como la puesta en escena abogan por una elegancia y una delicadeza extraordinarias. Gracias al tratamiento de la enfermedad el espectador asiste a un proceso lento y trágico cuyo mensaje final (“mientras hay vida, hay esperanza”) solo logra insuflar ánimos. Quizá lo mejor de la historia no sea la veracidad en su recreación de la enfermedad. En realidad, lo que más destaca del guión es la sinceridad con la que trata a los personajes y sus relaciones. No hay, por tanto, héroes o villanos. No hay actos correctos o incorrectos. Ver a Hawking irse de una mesa al no soportar el futuro que le espera, su frustración e ira en los primeros momentos de su enfermedad, o comprender que el amor entre la pareja es algo distinto a lo que el resto de los humanos estamos acostumbrados son pruebas suficientes para comprobar que estamos ante un film sensible, bello en todos sus aspectos y terriblemente sincero.

Así, La teoría del todo es desde luego uno de los mejores films del año. Puede resultar excesivamente lento en algunos momentos, e incluso puede considerarse que su historia no tiene grandes giros dramáticos. Bueno, eso depende del cristal con el que se mire. Tal vez lo que más juegue en su contra sea el hecho de conocer el final de antemano. Pero como suele ocurrir con estas películas, eso es lo de menos. Lo interesante es comprobar si el viaje realizado merece la pena, y desde luego que lo hace. Incluso teniendo como atractivo único a su protagonista, la cinta debe ser vista. Por fortuna, hay mucho más detrás de esa interpretación: todo un bello conjunto que homenajea a una de las mentes más brillantes de nuestro tiempo.

Nota: 8/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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