‘The Newsroom’ termina con una temporada magnífica muy a su pesar


La redacción de ACN será registrada por el FBI en la tercera temporada de 'The Newsroom'.Lo habitual a la hora de afrontar una serie de televisión es crear una Biblia que recoja la evolución de las tramas y los personajes. Esto es fundamental sobre todo si se trata de producciones cuyas historias se desarrollan por temporadas, y no de forma episódica. ¿Pero qué ocurre cuando toda esa planificación, toda esa preparación, se termina antes de lo que el guionista tenía pensado? Bueno, la respuesta puede encontrarse en un sinfín de producciones. Y suele ser una respuesta más bien negativa. Sin embargo, el caso de The Newsroom ha sido ligeramente diferente. Es cierto que su tercera temporada, la última por obligación, evidencia lo peor que puede tener una serie, pero Aaron Sorkin (La red social), su creador, es capaz de sobreponerse para crear una pequeña trama que sirva de broche al mundo periodístico que refleja.

Y es ahí donde reside la genialidad de este guionista, más allá de sus brillantes e inteligentes diálogos o su habilidad para crear drama con un par de cruces de miradas. En efecto, los seis episodios que conforman esta conclusión son, a todas luces, un ejercicio de funambulismo. Todos y cada uno de ellos representan un delicado equilibrio entre la necesidad de acelerar la historia por parte de los productores y la necesidad de narrar la historia por parte de los guionistas. A raíz de esto, el espectador asiste a un desarrollo excesivamente abrupto que contrasta no solo con lo visto en temporadas anteriores, sino con el estilo general de la serie y del propio Sorkin, uno de los mejores guionistas en lo que a manejo de tempo narrativo se refiere. Los saltos temporales, la ausencia de motivaciones claras o la indefinición en algunos planteamientos convierten a esta temporada en la peor de las tres, no cabe duda.

Ahora bien, ¿es una mala temporada? Digamos que muchas series estarían interesadas en tener una temporada tan mala como esta. The Newsroom, con su particular estilo y su visión “poco realista” del mundo del periodismo, es capaz de crear seis episodios intensos, llenos de drama y momentos irónicos que incluso se permiten el lujo de tener algunos de esos inolvidables discursos éticos a los que su creador nos tiene acostumbrados. Centrado en esta ocasión en los conflictos que surgen entre la libertad de prensa, el derecho a preservar la identidad de las fuentes y los secretos de Estado, la trama es capaz de desarrollar, incluso con el poco espacio que le dan, una serie de pinceladas notables sobre la labor periodística y sobre cómo esta se sustenta en pilares tan sólidos y poco habituales como la integridad.

De hecho, y como señala el propio Sorkin, uno de los momentos más trágicos de la temporada llega precisamente cuando se abandonan dichos pilares, lo que termina por definir el carácter general de la serie, posiblemente en respuesta a aquellos que la consideran una mala serie por no ajustarse a la realidad. Independientemente de lo absurdo de dicha afirmación, lo cierto es que esta última temporada aprovecha las armas en su contra para crear un arco narrativo interesante, inevitablemente marcado por las necesidades de los directivos de la cadena pero coherente, sólido y magnífico en el resto de aspectos. Por cierto, que quien quiera ver una cierta crítica a dichos directivos en los acontecimientos que se narran en las tramas secundarias, que lo vea, porque seguramente no andará desencaminado.

La vida sigue

Jeff Daniels, Emily Mortimer y Jane Fonda en un momento de la tercera temporada de 'The Newsroom'.Así que sí, la tercera y última temporada de The Newsroom es un broche que encaja en la historia como un guante, una especie de envoltorio a lo narrado en las dos anteriores temporadas (sobre todo con el formato que tiene el episodio final) que desde luego no era el previsto, pero que en cualquier caso sale airoso de la prueba. Nada se deja al azar, nada queda abierto a posibles interpretaciones o a suposiciones por parte del espectador. Y aunque esto provoca que el desenlace de algunas tramas secundarias no posea la originalidad o la sorpresa que cabría esperar, no impide tampoco que el resultado final emocione como lo han hecho las entregas previas.

Eso se debe, además de la sólida estructura narrativa y de un reparto que vuelve a estar a un nivel muy alto, a la forma en que finaliza la serie. En muchas ocasiones nos encontramos conque una serie, sea buena, mala o regular, narra la historia de un personaje o de un grupo de personajes. O mejor dicho, un capítulo importante en la vida de dichos personajes. Una vez finalizado ese acontecimiento, mantener la producción carece del sentido inicial. Sin embargo, Aaron Sorkin logra que esta última temporada sea, en realidad, una despedida entre amigos, un “hasta luego” representado en ese último plano de Jeff Daniels (Buenas noches, y buena suerte) comenzando un nuevo informativo. La vida sigue más allá de la serie, del mismo modo que existía antes de que las cámaras se colaran en la redacción de ACN.

Este carácter transitorio podrá emocionar a unos, enervar a otros y dejar indiferente al resto. Para gustos los colores. Lo que está claro es que gracias a ello la serie no se convierte en un producto cerrado, acotado por los planos, los episodios y las temporadas. En realidad, se revela como una reflexión sobre el periodismo que va más allá de la propia redacción protagonista, que parece seguir su lucha por mantener vivas las bases del periodismo tanto si hay cámaras delante como si no. Esta interpretación metalingüística de la narrativa y del mensaje de la serie dotan al conjunto de una imagen mucho más elaborada, interesante y atractiva de lo que pueda parecer en un primer momento. Y eso es algo que solo son capaces de lograr maestros como Sorkin, le pese a quien le pese.

The Newsroom se despide de la mejor forma posible, es decir, haciendo lo mismo que logran sus personajes en la ficción. A pesar de los escollos, a pesar de las directrices de mandamases que se guían por ratios de público y no por lo que se narra, la serie ha sido fiel a su estilo con las herramientas de que disponía. La tercera y última temporada adolece de muchas cosas que sí tuvieron las dos temporadas previas, pero el talento de Aaron Sorkin y su equipo de guionistas permite que la trama alcance un desarrollo firme y contundente. Desde luego, los seis episodios deben ser vistos como lo que son: un arco argumental que permite cerrar todas las tramas abiertas. Una especie de canto de cisne antes de abandonar las pantallas que, no obstante, implanta en la imaginación del espectador un futuro brillante para ese equipo de periodistas de ACN.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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