‘El jugador’: el lado filosófico de una adicción irrefrenable


Mark Wahlberg es 'El jugador' que tendrá que recurrir al personaje de John Goodman para saldar sus deudas.Tan importante como un buen guión es conocer las limitaciones de la historia que se cuenta. Es por eso que muchas veces nos encontramos con films cuya trama es interesante pero que no terminan de conectar con el público, bien por la simplicidad de su narrativa o por la innecesaria complejidad de sus argumentos morales o visuales. Dicho de otro modo, y como muchos maestros han definido con más acierto, toda historia debe ser contada de la forma más adecuada posible, y no como al director o al guionista se le antoje. Lo nuevo de Rupert Wyatt (The escapist) posee varias flaquezas que debilitan la propuesta, y muchas de ellas tienen que ver con la obsesión por dotar al protagonista de un complejo trasfondo moral que no se traslada a sus acciones.

En efecto, un resumen simple y directo de El jugador podría ser el de “un adicto al juego que se gasta todo lo que tiene, se endeuda con diferentes mafiosos y siempre vuelve a por más”. Es cierto que, como toda simplificación, tiende a ser injusta, pero eso no impide que no se ajuste a las impresiones que desprende el film una vez se encienden las luces de la sala. A pesar de las reflexiones sobre la naturaleza del hombre, sobre la imposibilidad de luchar contra lo que somos o sobre las decepciones y frustraciones que nos llevan a una espiral autodestructiva, lo cierto es que la película no logra trascender más allá de lo que se ve en pantalla. Y lejos de ser un problema interpretativo o visual, el mayor escollo se halla en el guión, que no logra conjuntar bien los mundos paralelos que parecen vivir en la trama.

No quiere esto decir que la historia no sea interesante, al contrario. La tensión que transmiten Rupert Wyatt y Mark Wahlberg (Los otros dos) durante los momentos de apuestas desorbitadas es notable, y la forma en que el protagonista se hunde más y más en las deudas y la violencia del juego controlado por mafiosos resulta fascinante. El problema es que dichos momentos no parecen estar conectados con las reflexiones acerca de su adicción al juego, lo que provoca cierta desconexión de la evolución dramática, produciendo cierta intermitencia en el interés por la película. A medio camino entre el thriller y el drama, el guión combina burdamente ambos géneros. Y desde luego, la labor de Wahlberg, quien sale airoso de este rol derrotista y cínico, no ayuda a dicha fusión de géneros, más que nada porque su presencia se asocia más con una historia de triste final.

Con todo, se puede decir que El jugador es un film atractivo en líneas generales, fascinante por momentos y excesivamente ambicioso en otros. El resultado se queda a medio camino entre las dos facetas que cultiva (reflexión metafísica y thriller mafioso) sin llegar nunca a ofrecer una visión conjunta de ambas. El guión salta demasiadas veces de un lugar a otro sin demasiados nexos de unión, salvo tal vez la imperiosa necesidad del protagonista de solicitar préstamos, gastarse todo el dinero en el juego y repetir la acción. Este bucle que parece infinito es lo realmente interesante de la trama, pues permite ver al espectador la decadencia de un hombre incapaz de superar sus propias adicciones. El resto es un envoltorio bonito que sirve de poco.

Nota: 6/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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