1ª T de ‘Fargo’, una joya narrativa, visual e interpretativa


Martin Freeman y Billy Bob Thornton protagonizan la primera temporada de  'Fargo'.Hay series que con apenas unos segundos de metraje se postulan como algo diferente, atractivo, personal. Si su desarrollo posterior hace justicia a las primeras impresiones, la sensación que queda en el espectador es la de estar ante una obra superior, una joya de la pequeña pantalla que ya querrían tener muchas productoras de interminables y tediosos largometrajes. Por todo, por sus actores, por su planteamiento visual, por su guión, por su música, … por todo lo que uno pueda imaginarse, la primera temporada de Fargo es uno de esos productos imprescindibles y brillantes, contundentes desde su concepción hasta el más mínimo detalle que pueda imaginarse.

Se ha vendido como la adaptación a la televisión de la famosa película de los hermanos Coen estrenada en 1996, pero eso no es del todo cierto. Apenas el nombre y algunos aspectos de la premisa inicial es lo que ambas producciones tienen en común. ¡Ah!, y el humor ácido y terriblemente negro que Noah Hawley (serie The unusuals), creador de estos primeros 10 episodios, ha sabido trasladar de forma magistral. En realidad, la serie es mucho más compleja en su desarrollo y más rica en sus matices, tanto en la definición de personajes como en el crimen que centra toda la trama, y cuya complejidad va en aumento a medida que pasan los minutos.

Es este último aspecto, la creciente complicación de la historia, uno de los pilares fundamentales de la calidad de Fargo, pues a pesar de las numerosas desviaciones, tramas secundarias, personajes y aristas que surgen durante los capítulos, la serie mantiene una claridad y una sencillez pasmosas. Y eso es gracias, sobre todo, a la estructura narrativa de este drama, que aprovecha cada inicio de episodio para narrar algo aparentemente ajeno a la historia pero incuestionablemente fundamental para su comprensión. Desde ese episodio piloto, con un hombre saliendo medio desnudo del maletero de un coche, hasta el último episodio, con el agujero en el hielo, todos los inicios aportan no solo un marco incomparable para poder desarrollar la trama, sino que generan una lírica visual y narrativa espléndida.

Lírica que, por cierto, bebe mucho del estilo visual de los Coen (y esto sí es algo que puede considerarse auténticamente común a ambas producciones). Los paisajes nevados, los largos y pausados planos con poco movimiento, e incluso diversos encuadres que dramatizan sobremanera lo que ocurre en pantalla (apoyados por una banda sonora simplemente magistral), crean un lenguaje bello, casi hipnótico, que sumerge al espectador en esta historia “basada en hechos reales” y con la que solo puede maravillarse y reírse. Maravillarse con los actores y la estructura dramática; reírse con las situaciones planteadas por la trama y con unos roles secundarios a cada cual más absurdo e incompetente. Este envoltorio para la ya de por sí impecable historia convierte a la serie en un producto de referencia del 2014 que acabamos de dejar atrás.

Del reparto y los personajes

Claro que todo esto podría no ser suficiente si los personajes fueran arquetípicos, sin profundidad dramática o carentes de evolución alguna. Normalmente un buen tratamiento de la historia conlleva unos personajes a la altura, pero eso no debe impedir su reconocimiento. En el caso de Fargo todo el reparto, sin excepción, logra una labor espléndida al dotar a sus personajes de un cierto carácter patético y un tanto simple, como si de ovejas se tratara. El símil no pretende ser, ni mucho menos, ofensivo. Más bien, lo que intento aclarar es que dichas ovejas se ven asediadas por un lobo con piel de cordero y forma humana que lleva los rasgos de Billy Bob Thornton (El juez), posiblemente el mejor villano del año.

Analizar su rol requeriría páginas y páginas, por lo que aquí daremos unas sencillas pinceladas para intentar, en la medida de lo posible, abrir el apetito por descubrir el carácter dramático de un rol atípico, capaz de intimidar con una sonrisa y un simple saludo. Parco en palabras, la presencia de Thornton dota al personaje de una entidad única. Gracias a sus miradas, a la cadencia en sus movimientos y a la sencillez con la que afronta problemas y encargos el villano se convierte en el verdadero protagonista, generando el interés que pueden no suscitar otros momentos de la serie y, lo más importante, creando expectación cada vez que aparece en pantalla. La naturalidad con la que vive su rutina, que consiste en asesinar, transforma los primeros momentos de shock en… pues eso, en rutina. Esto provoca que en los últimos episodios se esperen cosas casi imposibles. En este sentido, la capacidad de mantener al personaje ajustado a su propia naturaleza es otro de los aspectos más interesantes de la serie.

Y aunque el personaje de Thornton termina por acaparar todos los focos, es importante no menospreciar la labor de Martin Freeman (El hobbit: La batalla de los cinco ejércitos), quien coge el rol que en su día interpretara William H. Macy (serie Shameless) para dar una vuelta de tuerca a ese vendedor apocado, ridiculizado por su mujer, su familia y sus vecinos, y convertirlo en un hombre triunfador al que la muerte y el asesinato han logrado liberar de las ataduras morales y sociales que le constreñían. La evolución de su rol, que el actor logra plasmar en el lenguaje corporal y en el detalle del habla (o lo que es lo mismo, una vez liberado no para de hablar), permiten un interesante estudio de la sutileza moral que debe tener todo personaje para lograr los cambios sin apenas esfuerzo y, lo más importante, con una naturalidad pasmosa. Sin duda, esto tiene mucho que ver con el hecho de que el crimen revela su verdadera naturaleza, que por cierto es bastante más desagradable que la fachada creada en los primeros episodios.

La presencia de ambos actores eleva Fargo a un nivel que muy pocas series logran. Sería injusto no reconocer la labor de Allison Tolman, quien prácticamente debuta en esta producción, o de Colin Hanks (serie Dexter), pero lo cierto es que sus papeles quedan bastante empequeñecidos ante lo que logran Thornton y Freeman. Sea como fuere, lo cierto es que la serie no se basa realmente en los personajes, sino en una narrativa impecable, capaz de exprimir al máximo las posibilidades de un puzzle criminal en el que muchos otros autores se perderían. La capacidad de Hawley para centrar la atención en un aspecto de la trama, solucionarlo y utilizarlo para desarrollar el conjunto entero es lo que hace de esta primera temporada una verdadera joya imprescindible. La única pega que se le puede poner es que haya terminado y que muchos de sus personajes no regresen en la ya anunciada segunda temporada.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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