1ª T de ‘The Knick’, serie de médicos con nuevo modelo dramático


Clive Owen encabeza el reparto de la primera temporada de 'The Knick'.Uno de los riesgos inherentes a las series de televisión deriva de su propia condición episódica. Normalmente, cuando un aficionado se aproxima por primera vez a una producción de estas características tiende a dejarlo en los primeros compases si no cubre sus expectativas. De ahí la relevancia de un buen episodio piloto. Pero esto puede provocar abandonar una trama que, con el paso del tiempo, crezca hasta crear una producción notable. Uno de los últimos casos es el de The Knick, creación de Jack Amiel y Michael Begler (Mamá a la fuerza) que dirige íntegramente Steven Soderbergh (Efectos secundarios). 10 episodios que se han convertido en una de las etapas más adultas e interesantes de la actual programación.

Su trama se centra en la actividad diaria del hospital Knickerbocker, cuya abreviatura da nombre a la serie. Con un cirujano adicto a la cocaína como principal protagonista, la producción ofrece una amplia visión de las necesidades médicas durante los primeros años del siglo XX, época en la que la electricidad todavía era un lujo al alcance de pocos, el racismo imperaba en la mayor parte de los estratos sociales y la medicina estaba, en muchos sentidos, todavía en pañales. Desde luego, la ficción tiene los elementos necesarios para alcanzar un peso dramático único, pero el desarrollo de su episodio piloto no fue todo lo que cabría esperar, posiblemente porque necesitaba plantear las numerosas tramas que se entrelazan en los pasillos de este hospital situado en la zona menos adinerada de la ciudad de Nueva York.

Pero lo cierto es que esa primera impresión es sin duda errónea. El desarrollo dramático de The Knick durante su temporada de estreno ha sido, en líneas generales, sobresaliente. Los personajes protagonistas, aunque sin deparar grandes sorpresas, sí ofrecen la consistencia suficiente como para dotar a las situaciones de la fuerza necesaria. La situación que vive, por ejemplo, el médico interpretado por André Holland (42), un hombre negro, se termina convirtiendo en uno de los mejores aspectos de la serie. Sus continuas luchas en un entorno que le discrimina y su fortaleza moral y física para salir adelante se combinan con una ironía que dota al conjunto de un humor ácido que ayuda, en cierto modo, a lidiar con las notables secuencias que pueden llegar a herir la sensibilidad de más de uno.

Este es, por cierto, el otro aspecto más comentado de estos primeros episodios. La crudeza con la que Soderbergh muestra las operaciones que el equipo de cirujanos lleva a cabo es indescriptible. Desde el primer episodio, en el que un parto termina convirtiéndose en una carnicería, hasta la recomposición de una nariz, toda secuencia que transcurre en la mesa de operaciones (por cierto, abierta al público y a los gérmenes) es garantía de una dureza visual que contrasta, y de qué modo, con la elegancia que caracteriza al resto del relato. En este sentido, la labor del director dota a la serie de una coherencia formal que aprovecha al máximo no solo el diseño del hospital, sino las características propias de esos años como los vehículos a caballo o el vestuario.

Una época al detalle

Todos estos elementos convierten a The Knick en un reflejo intenso, frío y, en cierto modo, objetivo, de la vida y el mundo de la medicina a comienzos del pasado siglo. No hay cabida, por tanto, para melodramas románticos, aunque existe un love interest muy bien tratado; no existe tampoco la profusión de casos médicos de otras producciones, aunque los que tratan lo hacen con el aliciente de ver en acción a unos hombres que podrían considerarse pioneros en muchos sentidos. Lo que define a la serie en estos primeros episodios es, precisamente, su capacidad para diferenciarse de la típica serie sobre médicos. Su ausencia de tramas episódicas (las más cortas duran entre dos y tres episodios) permite a los personajes implicarse de un modo u otro en el desarrollo de las diferentes historias, incluso aunque a priori nada tengan que ver.

Y hablando de personajes, no puede obviarse la labor de Clive Owen (Duplicity) como principal protagonista. En líneas generales el reparto es simplemente brillante, pero el caso de Owen deja patente la calidad interpretativa del actor. Su personaje, complejo desde su definición, adquiere un cierto aire de grandeza gracias a su trabajo, lo que a la larga redunda en un beneficio dramático al asistir a la caída en desgracia del protagonista por su incontrolable adicción. Una adicción, por cierto, cuya cura le llevará casi con toda seguridad a otra muy distinta y posiblemente más peligrosa, como deja entrever el último plano de la temporada.

Al final, la sensación que deja este hospital neoyorquino es la de una historia que bebe de su época, que sabe aprovechar todo el contexto social, político y económico para dotar a sus tramas de una fuerza distintiva. Los conflictos raciales afectan a la forma de entender las relaciones entre el médico negro y sus pacientes, muchos de ellos reticentes; los problemas comerciales provocan una crisis que deriva en una espiral autodestructiva para el protagonista; los problemas económicos se traducen en deudas con personajes de dudosa moral. Y así sucesivamente. Se establece así un vínculo entre ficción y realidad que nutre a los personajes, ya de por sí sólidos, y a las tramas, cuyo carácter de temporada favorece, sin lugar a dudas, el dramatismo de la serie.

Por tanto, y a pesar de que el primer episodio puede generar sensaciones encontradas, The Knick es una de esas series que gana adeptos con el trabajo dramático y la seriedad de sus propuestas. Su primera temporada es un ejemplo de que no siempre es necesario tener un piloto brillante para ser una brillante producción. Aquellos aficionados a las ficciones médicas encontrarán en esta historia algo diferente, fresco y atractivo. Los que no se hayan acercado a las temporadas de Anatomía de GreyHouseUrgencias no deberían dejarse llevar por las primeras impresiones. Estamos hablando de una obra cuyas ramificaciones, directas e indirectas, crean un mundo fascinante. Y la dirige Soderbergh, por si alguien necesita más alicientes.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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