La 2ª T de ‘Ray Donovan’ pierde fuerza mientras desarrolla su pasado


Liev Schreiber vuelve a ser 'Ray Donovan' en la segunda temporada.Parece bastante evidente que sin un héroe con carisma y una moral muy bien definida, toda historia se vuelve menos interesante. Y lo mismo ocurre con los villanos, aunque a este elemento dramático los guionistas y realizadores actuales parecen darle menos importancia. Pero tan fundamental como esto es situar a los personajes en una historia con cierta relevancia. La primera temporada de Ray Donovan fue un soplo de aire fresco por la elegante combinación de todos estos elementos, sobre todo gracias a la aportación de Liev Schreiber (El mayordomo) al protagonista creado por Ann Biderman (Enemigos públicos). Esta segunda parte, sin embargo, pierde algunos de sus atractivos debido en buena medida a la ausencia de una trama tan sólida como la primera.

Y todo ello pasa, aunque no lo parezca, por el auténtico villano de la función: Jon Voight (Cuestión de honor). Su personaje, verdadero quebradero de cabeza de Donovan y articulación de muchas de las tramas en los primeros episodios, pierde algo de peso en estos nuevos 12 episodios, lo que a la larga crea un cisma dramático en el desarrollo. No quiere esto decir que no tenga interés o que sus apariciones sean más esporádicas. En realidad, su presencia en la serie sigue siendo la misma, incluso mayor. El problema reside en que el personaje adquiere una independencia perjudicial para el conjunto. Su propia trama secundaria camina por derroteros que poco o nada tienen que ver con el aluvión de problemas que le caen encima al protagonista, lo que divide la historia en dos.

De hecho, cuando Ray Donovan adquiere mayor relevancia en esta segunda temporada es en aquellos momentos en que las historias de ambos personajes se cruzan: el comienzo de la temporada, la fiesta de cumpleaños, el robo final, … Es en estos momentos, que no por casualidad coinciden con un tratamiento más en profundidad de las complicadas relaciones familiares de los Donovan, cuando la ficción adquiere gravedad dramática y profundidad emocional, recuperando las magníficas sensaciones que dejó la primera entrega. En concreto, todo aquello relacionado con la relación entre las tres generaciones que integran la familia (abuelo, hijo y nieto), algo que es heredado de la anterior etapa y que encuentra ahora una cierta resolución.

Pero al igual que arrastra muchas cosas positivas de la primera temporada, la serie también ahonda en algunos problemas que presentaba en su debut. Tal vez mejor que problemas haya que hablar de irregularidades. La más clara es la que representa el personaje de Paula Malcomson (Los Juegos del Hambre: En llamas), que en estos episodios adquiere un histrionismo desmedido. El exceso emocional de este rol sobre el papel choca frontalmente con el carácter introvertido de Donovan, algo muy interesante, pero muchas de sus reacciones resultan algo incongruentes, llevando a esta mujer que parece vivir en la ignorancia más absoluta a situaciones un tanto extremas. Es cierto que ello permite abrir una serie de vías dramáticas interesantes y con futuro, sobre todo aquellas relacionadas con sus infidelidades, pero el riesgo adquirido es muy alto. Tensar tanto la cuerda con un personaje tan relevante puede provocar dos situaciones: eliminarlo de la ecuación o caer en la repetición de patrones.

Heredando problemas

Entre esas cosas positivas que Ray Donovan hereda de su anterior temporada destacan sobre todo los problemas derivados de sus propias decisiones, sobre todo aquellos relacionados con el personaje que encarnó James Woods (Asalto al poder). Las numerosas ramificaciones que esto tiene, y que en cierto modo influyen en algunas tramas secundarias aunque sea de manera tangencial, genera un trasfondo dramático para el protagonista que Schreiber aprovecha espléndidamente para dotar de mayor gravedad a un personaje ya de por sí atormentado. La presencia de la periodista interpretada por Vinessa Shaw (Efectos secundarios) supone todo un revulsivo para la trama, que se renueva con un trasfondo romántico tan interesante como bien elaborado. La relación de amor-odio entre ésta y el protagonista deriva en una serie de decisiones que abren la puerta a una tercera temporada prometedora.

Claro que este no es el único problema que hereda. Quizá la trama más interesante sea la que involucra a la hija, interpretada por Kerris Dorsey (Alexander y el día terrible, horrible, espantoso, horroroso), y el mundo del rap y la violencia en el que poco a poco se ve envuelta. La forma de afrontar la protección familiar por parte de Donovan recupera al personaje que impactó al comienzo de la primera temporada, capaz de hacer lo que sea por lo que considera correcto y necesario. Frío, calculador y totalmente inexorable, la resolución de la temporada por parte del protagonista deja un buen sabor de boca en este sentido, aunque igualmente deja algunos flecos abiertos que podrían ser abordados en los próximos episodios.

Empero, en este intento por mantener diversas tramas Biderman no logra compaginar con éxito algunas historias secundarias, sobre todo la relacionada con el personaje de Ambyr Childers (2 Guns), cuya historia trata de dotar al protagonista de una especie de conciencia simbólica cuyo desarrollo es algo irregular. Del mismo modo, los respectivos conflictos de los hermanos Donovan encuentran una evolución un tanto intermitente, aunque en este caso es debido sobre todo a la necesidad de abordar tramas más importantes. En cualquier caso, estos últimos ofrecen interesantes cambios que sin duda marcarán las pautas para las próximas apariciones, sobre todo en lo que respecta al rol de Eddie Marsan (Sherlock Holmes), al que determinadas revelaciones le afectan de forma directa en todos los sentidos.

Tal vez puede dar la sensación de que Ray Donovan ha empeorado en esta segunda temporada. Eso no es del todo cierto, aunque sí hay que reconocer una cierta pérdida de interés en algunas etapas de la temporada. El tono general de la serie se mantiene, sobre todo cuando el protagonista decide actuar como debe, y desde luego es de lo mejor que puede encontrarse en la televisión. Pero hay varios elementos que lastran el buen desarrollo de la trama. La separación de los roles de Schreiber y Voight es, sin duda, lo que más perjudica al resultado final, aunque no es lo único. Sin estas irregularidades la temporada habría sido, sin duda, espectacular. En cualquier caso, muchos de estos aspectos allanan el camino y abren interesantes vías dramáticas para la tercera temporada.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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