‘Bates Motel’ ahonda en Norman pero se olvida del resto en su 2ª T


Freddie Highmore y Vera Famiga vuelven al 'Bates Motel' en la segunda temporada.Abordar un personaje tan icónico como Norman Bates siempre es una tarea complicada. Pero si se hace de forma tan solvente como la que llevó a cabo Anthony Cipriano (El fin de la inocencia) en la primera temporada de Bates Motel, la complicación se duplica. Los responsables corrían el riesgo de estancar su desarrollo en una fórmula repetitiva que narrase unos orígenes en los que el joven psicópata se iniciaba en sus crímenes mientras su sobreprotectora madre los ocultaba. Y aunque en cierto modo la segunda temporada mantiene esta idea, su progreso, y sobre todo su conclusión, llevan la mente de este asesino a un nivel diferente.

Desde luego, lo mejor de estos nuevos 10 episodios es la capacidad que tienen los personajes de afrontar sus propios secretos y naturalezas. El trasfondo dramático de Norman y Norma Bates (de nuevo unos espléndidos Freddie Highmore –Descubriendo nunca jamás– y Vera Farmiga –Expediente Warren: The conjuring-) adquiere una tensión magistral gracias a la acumulación de mentiras que se produce no solo a lo largo de la temporada, sino que cuenta con las que ya cargaban antes de iniciarse la serie. Dos personajes íntimamente relacionados que tratan de independizarse pero que están condenados a depender uno del otro. Esta relación que roza lo enfermizo adquiere, sin embargo, una nueva dimensión a medida que avanza esta segunda entrega, encontrando un clímax idóneo en la conclusión del último episodio.

En líneas generales, el argumento de Bates Motel en esta nueva etapa bebe mucho de lo ocurrido en su anterior entrega. No podía ser de otro modo. Con todo, lo que se consigue en estos episodios es una mayor elaboración de los conflictos, pues estos encuentran muchas más fuentes de las que nutrirse. De este modo, ya no se trata únicamente de un pueblo en el que la droga y el cultivo de marihuana sean el negocio principal, sino que se existe un delicado equilibrio de fuerzas que se rompe en buena medida a raíz de los actos del protagonista, desencadenando un desenlace un tanto excesivo en lo visual pero profundamente necesario en lo psicológico (el secuestro de Norman Bates da lugar a una serie de revelaciones muy interesantes).

Todo ello, además, acompañado como digo del trasfondo dramático que persigue a la familia Bates. Si en la primera temporada asistíamos a la idealización de la madre de Norman a través de la psicopatía del protagonista, en esta segunda parte el espectador puede ver, por primera vez, cómo el joven asume la identidad de su madre en una de esas lagunas que sufre cada vez que se estresa o es sometido a mucha presión. Un momento que no tiene desperdicio y que, además, tiene una mejor y más sólida explicación en ese final con el polígrafo de por medio. No se trata, por tanto, de que Norman dependa mucho de su madre; tampoco que una imagen idealizada de la mujer le induzca a actuar de una determinada manera. Simple y llanamente, las personalidades del hombre y la mujer conviven en su cuerpo, siendo la segunda la que toma el control cuando el primero se acobarda.

El sacrificio de los secundarios

Se puede decir, en resumidas cuentas, que Bates Motel crece notablemente en intensidad dramática durante su segunda temporada. Cipriano ahonda más en la personalidad del rol de Highmore, dotando al personaje de una mayor complejidad y asumiendo que no es un joven inconsciente de lo que hace. Sin embargo, la serie peca de un problema que ya tuvo en la primera temporada, pero que pudo ser ignorado por el interés que despertaba ver la adolescencia del protagonista de Psicosis (1960): sus secundarios son, realmente, secundarios. Es decir, que muchos de los personajes ajenos a la historia de la pareja protagonista (y algunos muy ligados a ella) entran y salen de la trama con el simple pretexto de sacar a relucir un aspecto nuevo de dicha relación.

Esto provoca, en última instancia, una sensación de abandono, de ausencia total de tramas secundarias que puedan nutrir el conjunto. Si la primera temporada tuvo unas cuantas historias que daban color a la relación principal, en esta ocasión apenas existe una única historia, muy ligada al desarrollo principal y con un enfoque cuanto menos limitado. Personalmente, creo que es positivo haber eliminado de la ecuación el personaje de Nicola Peltz (Transformers: La era de la extinción), al menos durante esta temporada, pues su presencia para la siguiente ya está confirmada. Pero a partir de su ausencia, se suceden una serie de roles cuya relevancia en la historia es muy cuestionable. Personajes como el de Paloma Kwiatkowski (Percy Jackson y el mar de los monstruos), el de Kathleen Robertson (serie Boss) o el de Kenny Johnson (serie Hijos de la anarquía) solo encuentran utilidad en un desarrollo de los roles principales, y no en su propia historia.

Y eso que muchos de ellos tienen una historia más que determinante, como es el caso del personaje de Johnson, el hermano de Norma Bates en la ficción. La falta de presencia de todos ellos, sobre todo de este último, debilitan el desarrollo dramático del conjunto, principalmente porque se genera la sensación de estar ante una mera excusa argumental, siendo su presencia puramente testimonial. Lejos de provocar un mayor conflicto y una necesidad de resolución, su salida de la trama se produce casi como si de un deus ex machina se tratara, impidiendo a la serie (y en última instancia al espectador) disfrutar de una complejidad mayor que, dado el tono general de la ficción, habría sido muy positivo.

Pero no debería ser esto un impedimento para disfrutar de Bates Motel y del proceso que sufre el protagonista. Su cada vez mayor conciencia de sus propios actos, su necesidad de encontrar sentido a lo que ocurre a su alrededor y, sobre todo, su relación con su madre, es suficiente motivo para adentrarse en los recovecos de esta serie. Al menos de momento. La última secuencia de la temporada, con esa conversación imaginaria tan inquietante como reveladora, es el resumen perfecto que puede tener esta temporada. Y por si alguien todavía tiene dudas de que Freddie Highmore ha hecho algo más que coger el testigo de Anthony Perkins y su papel más importante, solo hay que ver la mirada a cámara y ese atisbo de sonrisa con los que se cierra la temporada.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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