‘Caminando entre las tumbas’: thriller moderno de espíritu clásico


Liam Neeson deberá encarar la locura en 'Caminando entre las tumbas'.Es interesante comprobar cómo algunos actores han entrado en su madurez personal y profesional con una apuesta decidida por un tipo de personajes muy concreto. Si hace unas semanas era Denzel Washington el que reafirmaba su imagen de justiciero con The equalizer (El protector), ahora le toca el turno a Liam Neeson (Venganza) con sus agentes de la ley rudos, con un punto violento y capaces de saltarse las normas si la situación lo requiere. En esta ocasión, sin embargo, lo hace con un personaje y un tratamiento algo diferente, motivado por la base literaria de la historia y por la alternativa del director de recurrir, en cierto modo, a los clásicos detectives del cine negro.

Y digo “en cierto modo” porque, aunque Caminando entre las tumbas desprende el aroma de las historias de Sam Spade y compañía (a los que, no por casualidad, se hace referencia), su estructura narrativa es algo diferente, ofreciendo una visión algo distinta del clásico thriller. Esto tiene tantos puntos positivos como negativos. Lo mejor es que Scott Frank (The lookout) mantiene en todo momento un equilibrio entre la tensión de la infructuosa búsqueda de la persona desaparecida y la locura de los secuestradores/asesinos, lo que dota al conjunto de un cierto aire malsano que potencia, además, la imagen decadente y atormentada del personaje de Neeson. Un equilibrio que encuentra su máxima expresión, como no podía ser de otro modo, en su clímax dividido en dos partes bien diferenciadas: el cementerio y el sótano de la casa en la que los acontecimientos se precipitan en uno de los mejores momentos del film.

Sin embargo, todo ello resta suspense e intriga a la investigación que lleva a cabo este ex policía reconvertido en investigador privado sin licencia. El hecho de que se conozca a los criminales casi desde el primer momento impide al espectador establecer un juego de suspicacia que tan bien funciona en el cine negro. Ese componente, esa ignorancia, completaría un puzzle que sin ello se antoja demasiado sencillo, limitando sus posibilidades al desenlace previsible del secuestro. No hay nada en la película, por tanto, que pueda crear sorpresa, salvo tal vez algún detalle explicativo de las motivaciones, convirtiendo el desarrollo dramático en un simple y somero drama con dosis de violencia y tensión cuyo mayor interés reside en ver cómo el protagonista se enfrenta a sus demonios mientras trata de poner en orden una vida marcada por la tragedia, todo ello localizado en un chico al que convierte en una especie de ayudante.

Se puede decir que Caminando entre las tumbas es un thriller moderno con espíritu clásico. La estética de su puesta en escena, el planteamiento de su trama y el carácter del protagonista evocan los mejores momentos de los detectives más representativos de la novela negra, pero su desarrollo posterior es muy distinto. Desde el momento en que el director opta por mostrar a los antagonistas la cinta pierde buena parte de su misterio, limitando su interés al desarrollo de unos acontecimientos que, en mayor o menor medida, se pueden conocer de antemano. Un entretenimiento correcto que en ningún momento busca despertar la curiosidad del espectador, sino simplemente mostrarle el camino de redención de un hombre definido por sus errores.

Nota: 6/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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