‘Boardwalk Empire’ llega a su fin en una quinta temporada ejemplar


Steve Buscemi dice adiós a 'Boardwalk Empire' en su quinta temporada.Una serie de televisión, por su propia naturaleza, tiende a pasar por diversas etapas. Cada temporada, planteada como una unidad, posee una intensidad dramática distinta, normalmente determinada por la trama que centra sus episodios, por los nuevos personajes o por la forma en que sus responsables abordan el desarrollo de las diversas líneas argumentales. De ahí que consideremos algunas temporadas mejores que otras. Y de ahí también que sean muy extraños los casos en que una serie logra mantener un nivel similar en todas y cada una de ellas. Pero algunos existen, y el último título en sumarse a este exclusivo club es Boardwalk Empire, cuyo final de serie se produjo hace apenas tres días en Estados Unidos. Tras cinco temporadas, la única conclusión que se puede sacar es que estamos ante una obra maestra.

Su última temporada, de 8 episodios, ha sido el mejor colofón que podía esperarse. A pesar de que su trama puede resultar un tanto confusa al principio, el desarrollo planteado por su creador, Terence Winter (El lobo de Wall Street) no solo se convierte en la consecuencia evidente de lo que la serie plantea a lo largo de todas sus temporadas, sino que es una explicación sólida e inteligente de las motivaciones, el pasado y el futuro del principal protagonista, un Steve Buscemi (Fargo) que se deleita en su personaje para aportar una de las mejores interpretaciones de la televisión actual. A caballo entre la infancia y la juventud de ‘Nucky’ Thompson (en la que, por cierto, hace una labor extraordinaria Marc Pickering –Los miserables– emulando a Buscemi), y sus últimos años como capo de la mafia en Atlantic City, esta quinta entrega de la serie transcurre unos años después de los acontecimientos de la cuarta temporada, sirviendo además como conclusión de las tramas secundarias que afectan a los personajes reales que nutren el panorama criminal.

El hecho de que el planteamiento narrativo salte constantemente del pasado al futuro, y que tenga como principal intención cerrar todas las líneas argumentales abiertas hasta ese momento, puede llevar a pensar en un precipitado final, en una estrategia para terminar cuanto antes con Boardwalk Empire por una falta de interés o de motivación por parte de sus responsables. Nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que la serie, en su quinta temporada, no solo mantiene el tono general de lo contado con anterioridad, sino que engrandece a prácticamente todos sus personajes gracias a los finales que les tiene reservados. En este sentido, estos capítulos dejan en la retina algunos de los mejores momentos de la serie, a la altura de lo que, por ejemplo, pudo verse al final de la segunda temporada o durante toda la tercera etapa.

Y aquí es donde mejor puede apreciarse la calidad de la serie. Más allá de su factura técnica y artística, que ha recreado con seriedad los convulsos años de la Ley Seca y el estilo de la época, la producción siempre ha tenido una máxima tan sencilla como difícil de encontrar: dejar a los personajes que evolucionen por sí solos. O lo que es lo mismo, no poner límites al futuro de los protagonistas, lo que les puede llevar a situaciones complicadas y, por extensión, a la muerte. Y lo cierto es que a pesar de haber eliminado de la ecuación a muchos roles destacados, la ficción ha sabido reinventarse siempre gracias a la fidelidad que ha tenido a esa idea. La única transgresión a este respecto ha provocado que un personaje tan interesante como el de Michael Shannon (El hombre de acero) haya caído en desgracia durante las dos últimas temporadas, teniendo un papel un tanto incoherente que, eso sí, ha tenido un final impactante y, en cierto modo, útil.

Una serie histórica

Al Capone y Lucky Luciano son algunos de los personajes históricos de 'Boardwalk Empire'.El final de Boardwalk Empire, que aquí no revelaremos por lo que tiene de emotivo e impactante, deja en el aire la idea de que, a pesar de ser una serie de ficción sobre la mafia de los años 20, en realidad es un retrato de la época. Prueba de ello es que los personajes históricos adquieren en esta última temporada un mayor peso específico, entre otras cosas porque los episodios son utilizados para resolver sus respectivas tramas. Y lo hace de forma impecable, sobre todo con el personaje de Vincent Piazza (Jersey boys), es decir, con Lucky Luciano. Si durante todos estos años ha sido un secundario llamando a la puerta de los personajes con importancia, en estos 8 capítulos su presencia es otra muy distinta, tanto física como dramáticamente. Un cambio que resulta impactante por el lapsus temporal entre temporadas pero que justifica, y de qué modo, los acontecimientos que se producen. Algo similar ocurre con el rol de Stephen Graham (This is England), Al Capone en la ficción. Su histrionismo contrasta notablemente con el dramatismo de su última conversación con su hijo sordomudo, uno de los mejores momentos de la temporada que demuestra, una vez más, la profundidad del personaje y la calidad interpretativa del actor.

Pero como decía antes, esta quinta temporada ha dejado muchos momentos imborrables. En cierto modo, puede ser considerada como una combinación del estilo violento y dinámico de la tercera entrega, y la calma y reflexión que dominaron la cuarta tanda de episodios. Pero por encima de todo, es la inteligencia de sus diálogos lo que, a pesar de los años que han pasado, sigue sorprendiendo. Personalmente, lo mejor que ha dado este broche de oro ha sido la conversación entre Chalke White y Narcisse, Michael Kenneth Williams (serie The wire) y Jeffrey Wright (Los Juegos del Hambre: En llamas) respectivamente. La sutileza de las ideas que subyacen en medio de la tensión dramática que domina la escena requiere más de un visionado, y desde luego merece un estudio en profundidad por parte de cualquier guionista, sea aspirante o profesional. La capacidad para explicar todo sin ni siquiera mencionarlo es hipnótica, sobre todo porque aunque el espectador puede no comprender exactamente lo que ocurre, una vez finalizada sabe lo que va a pasar a continuación.

Esto es, precisamente, lo que ha definido a la serie durante toda su emisión. Poco importa que los acontecimientos, aislados del resto, no tengan mucho sentido; poco importa que una conversación no necesite de más sustento que un par de palabras y unas reveladoras miradas. Lo que los personajes saben y el espectador ignora puede provocar algo de vértigo durante el desarrollo, pero a su conclusión el futuro parece tan brillante que las palabras omitidas y el subtexto incomprendido adquieren presencia y comprensión como si hubiesen sido expresados de forma nítida por los actores. Esto, unido a un estilo formal a medio camino entre el clasicismo y las innovaciones (hay un capítulo en esta última temporada que comienza y termina brillantemente con el mismo plano) hacen que la serie se diferencie de otras producciones televisivas.

Aunque como todo lo bueno, Boardwalk Empire ha llegado a su fin. Un final emotivo, en cierto modo trágico y a todas luces espléndido, digno del carácter que ha tenido esta última y quinta temporada y, por extensión, toda la serie. Puede que muchos encuentren estos últimos episodios algo ajenos al resto de la historia, tanto por la apuesta de explicar los orígenes del protagonista como por el salto temporal con el que comienza, pero su conclusión es el broche idóneo para dar sentido a la serie y al propio personaje de Bucemi, que ha pasado a engrosar la lista de roles inmortales de la televisión. La época de la Ley Seca, las mafias de Chicago y Nueva York y la violencia que rodeaba el mundo del contrabando nunca han sido representados con semejante elegancia formal y dramática. Y al igual que Luciano, Al Capone, Rothstein, Lansky o Torrio forman parte de la Historia de Estados Unidos, esta serie amparada por Martin Scorsese (Sutter Island) ya forma parte de la Historia de la televisión.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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