‘El juez’: típico delito de difícil defensa


Robert Downey Jr. debe defender a su padre, 'El juez' del lugar en el que creció.Una película es la suma de muchos factores. Esa podría ser la parte técnica. La parte artística radica en que combinar todos ellos para que el resultado sea óptimo no siempre es el mismo proceso, por lo que no siempre sale bien. Es evidente que una buena base (léase, un buen guión) adelanta trabajo y esfuerzos, pero sin buenos actores o un buen director queda deslucido. Esta reflexión tiene mucho que ver con la nueva película de David Dobkin, artífice de comedias como El cambiazo (2011) o Los rebeldes de Shangai (2003), pues se apoya demasiado en un único elemento y se olvida de tratar con la misma seriedad el resto de pilares dramáticos.

O lo que es lo mismo, es demasiado reparto para tan poco guión. Comenzando por esto último, El juez peca de demasiada tolerancia a los clichés, tanto narrativos como interpretativos. Nada en esta historia de redención y reencuentro es original. Es más, cualquier espectador que esté familiarizado con este tipo de dramas judiciales será capaz de adivinar el tono general del metraje con tan solo escuchar los primeros compases de la banda sonora, que al igual que el desarrollo dramático se inspira en mil y una historias contadas con anterioridad. A esto se une una planificación sobria, con poca personalidad (hay algunos planos interesantes, pero poco más) e incapaz de sacar todo el partido a las claves que sustentan la trama principal.

Dichas claves pasan por la relación padre-hijo que cargan sobre sus hombros Robert Downey Jr. (El solista) y Robert Duvall (Open range), dos ejemplos de un reparto simplemente brillante que es capaz de aprovechar el poco jugo que ofrecen sus tópicos personajes. Sobre todo Duvall, pues hay que decir que Downey Jr., aunque solventa bien los matices de su rol, sigue siendo Downey Jr. En realidad, la película se aguanta más o menos bien gracias a unos actores que aportan pequeños matices en sus miradas que remiten a un pasado que ellos conocen y que el espectador descubre poco a poco, lo que enriquece el plano emocional y la evolución que sufren los protagonistas. El problema es que esto no es suficiente para que el metraje se alargue hasta las dos horas y media aproximadamente, por lo que el film termina siendo algo tedioso, repetitivo y alargado en su resolución.

Así, El juez se convierte en un quiero y no puedo, en una especie de telefilm con buenos actores que oculta sus carencias con una única virtud. Y como ocurre con los delitos en los que las evidencias señalan hacia el verdadero culpable, ni siquiera el abogado defensor es capaz de ganarse al jurado. Vamos, que ni siquiera un espectacular plantel de actores es capaz de borrar la sensación de tedio que provoca el film hacia su tercio final, curiosamente cuando la película debería tener mayor carga dramática. Esto es debido, fundamentalmente, a que la película gira en todo momento alrededor de los remordimientos y la mala relación entre los dos protagonistas, lo que unido a una excesiva duración obliga a la historia a enrocarse sobre sí misma en un frustrado intento de crear mayor carga dramática. Correcta, es cierto, pero no aguantaría las pesquisas de un agresivo abogado.

Nota: 5,5/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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