‘Relatos salvajes’: la violencia de la cotidianidad


Ricardo Darín protagoniza uno de los 'Relatos salvajes' de Damián Szifrón.No recuerdo ahora mismo ninguna película compuesta por varias historias cortas independientes que no haya tenido un notable éxito, sobre todo en sus países de origen. La última en sumarse a esta lista es el nuevo film de Damián Szifrón (Tiempo de valientes), y lo cierto es que no es de extrañar. Si algo tienen de bueno estos relatos es que gracias a su duración el espectador nunca llega a aburrirse de ninguna de las tramas, y además ofrecen una visión panorámica de la sociedad en la que se basan. El director y guionista, con esta idea en la cabeza, compone un fresco social ácido y divertido que no rehuye el tono trágico de lo que cuenta.

Y lo hace, además, con inteligencia. Cada una de las tramas de Relatos salvajes expone la evolución de sus personajes principales, sus frustraciones, sus dudas, sus miedos y sus iras, y lo hace de forma sutil e incluso aparentemente descuidada. Gente de a pie cuyas situaciones cotidianas se tornan en auténticos infiernos irónicos en los que tan solo el espectador es capaz de encontrar la ironía. Un avión cargado con las personas que nos han hecho daño a lo largo de nuestra vida; un pique verbal en la carretera; un hombre frustrado por el sistema. Y así sucesivamente. Es gracias a Szifrón que la película adquiere su tono cómico dentro de las tragedias (algunas de ellas con poco humor, todo hay que decirlo) que narra el film.

Empero, todo esto tiene un problema, normalmente derivado también de su propia estructura. La naturaleza de historia corta de sus relatos impide ahondar más en algunos personajes realmente notables, dando el mismo espacio a historias tal vez algo menos interesantes. Sí, es cierto que todas ellas aportan su grano de arena a este amplio vistazo de la sociedad frustrada y harta de humillaciones y abusos que narra el film, pero incluso dentro de ello el ritmo es irregular al existir historias más dinámicas que otras. O si se prefiere, algunas más ácidas e incisivas que otras, que se limitan simplemente a exponer unos acontecimientos cuyo desarrollo y desenlace quedan lejos del histrionismo y del exceso que marca el tono general de la película en su conjunto.

Aunque al final la impresión que deja Relatos salvajes es la de un film completo, con un humor negro a disfrutar en cada una de sus historias y con una visión de las consecuencias que tendrían muchos de los deseos que todo individuo ha tenido alguna vez al enfrentarse a los abusos de la sociedad, ya sean por parte de un organismo público o por parte de un ser querido. Es cierto que podría haber incidido más en algunas de las tramas. Y no es menos cierto que personajes como el de Ricardo Darín (Un tipo corriente) piden a gritos un mayor desarrollo. Pero en estos pequeños desequilibrios el director encuentra un equilibrio salvaje y desatado que entretiene durante las dos horas de metraje. Y eso no se consigue tan fácilmente hoy en día.

Nota: 7,5/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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